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La historia de la oveja que vivía en un piso de Albacete y otros animales desubicados que encontran cobijo en Teruel

El parque La Maleza de Tramacastilla acoge ejemplares salvajes y domésticos convertidos en mascotas a los que sus dueños ya no pueden alimentar.

'Rufino', el jabalí recogido en una carretera de Jaén, junto a un niño en el parque La Maleza de Tramacastilla.
'Rufino', el jabalí recogido en una carretera de Jaén, junto a un niño en el parque La Maleza de Tramacastilla.
Heraldo

Al parque faunístico La Maleza -en la localidad turolense de Tramacastilla-, donde viven en semilibertad más de 40 animales de especies autóctonas de la Sierra de Albarracín, están llegando desde hace unos meses nuevos residentes. Son animales domésticos y salvajes, algunos adquiridos por capricho y otros rescatados de su entorno, a cuyos propietarios la crisis económica les ha cambiado la vida, viéndose obligados a deshacerse de ellos. Se trata de ovejas, burros, caballos, cabras monteses, ciervos, jabalíes y hasta zorros, casi todos con una historia triste detrás.

El gerente de La Maleza, Ricardo Almazán, califica la situación de “preocupante”. Explica que casi desde que abrió sus puertas hace ahora tres años, el centro recibe llamadas de particulares de toda España que piden ayuda para poder dar un nuevo hogar a sus insólitas mascotas, pero destaca que en los últimos seis meses, “este tipo de avisos se ha hecho constante”.

Unos niños contemplan a ‘Trompi’, la cabra rescatada por un joven en los montes de Castellón.
Unos niños contemplan a ‘Trompi’, la cabra rescatada por un joven en los montes de Castellón.
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Almazán atribuye el repunte al cambio económico, que empuja a muchas personas a quitarse gastos, y advierte de que el parque “no puede decir a todos que sí”. El responsable de La Maleza explica que han optado por admitir solo los casos más extremos, mientras que ante otras situaciones menos acuciantes colaboran para dar una salida a estos animales. El centro asume los gastos de los recién llegados, si bien los antiguos dueños, a menudo, cooperan en la manutención de quienes fueron sus animales de compañía.

En dos años, una veintena de animales desubicados de su entorno han ido a parar a La Maleza, convirtiéndose en un nuevo atractivo de este parque faunístico promovido por la Comunidad de Albarracín como un revulsivo económico para los pueblos de la Sierra. El centro ocupa una finca de 23 hectáreas de pinar y rocas de rodeno y se puso en marcha con una inversión de 1,5 millones de euros a cargo del Fondo de Inversiones de Teruel, el FITE, y la Comunidad de Albarracín.

Arlo, el ciervo hallado en Bronchales, ya adulto.
Arlo, el ciervo hallado en Bronchales, ya adulto.
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‘Trompi’, la cabra huérfana

Entre los nuevos habitantes de La Maleza está ‘Trompi’, una cabra montés que quedó huérfana en los bosques de Castellón y fue encontrada por un joven que la alimentó y le dio cobijo en un gallinero. Tras siete meses en el parque de Tramacastilla, su salvador fue a verla y, al llamarla por su nombre desde lejos, acudió corriendo como si fuera un perro.

Otra inquilina es una oveja de 40 kilos que vivía en un piso de Albacete. Su dueña la compró en unas vacaciones en el medio rural al verla recién nacida sobre los hombros del pastor y compadecerse de ella por el futuro que le aguardaba, pues, como el resto del rebaño, sería sacrificada al crecer. Hay también cuatro cabras pigmeas africanas compradas para que se comieran las malas hierbas de un chalé de Zaragoza. “Se dieron cuenta de que también comían flores y las abandonaron en la calle”, recuerda Almazán.

Ha llegado, además, un grupo de zorros con el que experimentaban en Granada para domesticar la especie. “Estaban enjaulados, era un infierno para ellos; los querían vender por el gasto que suponían, pero estaban aborrecidos al no conseguirlo”, explica el gerente de La Maleza.

Una visitante disfruta de la compañía de algunas ovejas y un burro.
Una visitante disfruta de la compañía de algunas ovejas y un burro.
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‘Rufino’, un jabato encontrado en una carretera de Jaén por un conductor; ‘Arlo’, un cervatillo a punto de morir de hambre, hallado por un vecino en Bronchales, que necesitó ocho meses de biberones de leche caliente; o un burro abandonado en Vinaroz (Castellón) del que sintió lástima una vecina y por ello avisó a La Maleza, integran esta curiosa fauna que interactúa con los visitantes que llegan al parque. Se suman dos búhos reales y tres busardos ratoneros –entre otras rapaces– procedentes de un centro de recuperación estatal que no pudo devolverlos a la naturaleza porque no se encontraban en buenas condiciones para ello.

Todos ellos comparten espacio con la fauna autóctona de la Sierra de Albarracín que llena el parque desde sus inicios, como lobos, muflones, ginetas, hurones, gamos y tauros, estos últimos, descendientes de la vaca prehistórica.

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