Teruel
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patrimonio

La batalla que pudo forjar un Torico de metal soviético

Ante la ausencia de la emblemática estatua durante la Guerra Civil, la Diputación de Zaragoza propuso fundir una replica con "bronce" de armas rusas.

Militares y autoridades franquistas posan en Teruel junto al Torico recién recuperado en 1938.
Militares y autoridades franquistas posan en Teruel junto al Torico recién recuperado en 1938.
Francisco Martínez Gascón/HERALDO

Tras la estrepitosa caída de la columna del Torico de Teruel el pasado día 19 de junio y el consiguiente revuelo social, político e informativo, la noticia de que, quizá, la estatua del pequeño toro que se estampó contra un bolardo de la fuente no era la original del siglo XIX elevó un grado más la agitación. Una experta argumentaba, en un informe sobre la reparación urgente del pedestal, que el Torico dañado podría ser una réplica en hierro colado de un supuesto original de bronce y añadía que el cambiazo se pudo producir durante la batalla de Teruel, cuando la ciudad fue martiriza por los dos bandos y la estatua fue apeada de su columna. La restauradora especializada en metales del Instituto del Patrimonio Cultural Español Soledad Díaz lanzaba la hipótesis de una sustitución "tal vez vinculada a una reparación de la fuente tras los daños sufridos por esta durante los bombardeos de la ciudad en 1937".

Las investigaciones de historiadores y un meticuloso estudio del Torico realizado por el Museo Provincial en 1994 descartan, sin embargo, la posibilidad de que, durante la contienda, la pequeña estatua taurina que simboliza a toda la ciudad fuera sustraída y sustituida por una copia de hierro. El cambiazo quedaba descartado. El Torico que la restauradora del Museo Pilar Punter examinó en 1994 era "el mismo" que aparece en las primeras fotos de la estatua, de principios del siglo XX.

El Torico no fue sustituido, pero atravesó con la Guerra Civil sus momentos más difíciles... hasta el destructivo derrumbamiento del pasado junio, que partió las cuatro patas y un cuerno de la estatua. Las piezas del rompecabezas permanecen en el Museo Provincial a la espera de la reconstrucción –y reposición, porque faltan las dos pezuñas traseras–.

El historiador Alfonso Casas, experto en la batalla de Teruel –disputada entre diciembre de 1937 y febrero de 1938–, cuenta que la estatua fue retirada por el alcalde franquista, José Maicas, tras el impacto de un obús republicano contra la fuente y ocultada en una "covachuela" del Ayuntamiento, que "podría identificarse" con la carbonera de la casa consistorial. A través de las fotografías publicadas por la prensa republicana tras la efímera toma de la capital por los gubernamentales, Casas confirma que la estatua taurina no estaba en su pedestal a la llegada del ejército de la República. Lo ratifican, entre otras, las instantáneas tomadas por la fotógrafa húngara Kati Horna -que fue pareja de Robert Capa- en diciembre de 1937.

Las especulaciones se desatan cuando Teruel es recuperado por los franquistas el 22 de febrero de 1938. El HERALDO, el periódico que más información ofrece sobre los avatares de la estatua tras la reconquista de la ciudad por las tropas sublevadas, publica el 23 de febrero un artículo que da por sentado que el Torico se lo han "llevado" los republicanos en retirada para "pasearlo por las calles de Valencia". En la misma fecha, publica lo que califica como "una simpática iniciativa" para enmendar el supuesto robo. La Diputación de Zaragoza propone al Ministerio de Defensa destinar una «pequeña cantidad de bronce» procedente de material de guerra «tomado al enemigo» y «si fuese de procedencia rusa, todavía mejor» para fundir una copia de la simbólica escultura. Una propuesta difícil de hacer realidad en todo caso por la nula utilización del bronce en el armamento de la época.

No fue necesario replicar la codiciada pieza. El 25 de febrero, HERALDO publica que, el día 24, dos oficiales del Cuerpo de Ejército de Galicia localizan con la ayuda de un "paisano" el Torico que había sido retirado de la columna. Estaba en la oficina de recaudación de arbitrios «sobre una mesa inundada de papelotes».

El historiador turolense Serafín Aldecoa concluye en su reciente libro 'De la sublevación a la batalla de Teruel' que "después de bulos, rumores y propuestas curiosas" resultó que la emblemática estatua había permanecido durante toda la batalla de Teruel "al abrigo de cualquier tipo de agresión".

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