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Teruel: fiesta medieval entre paraguas, latidos de amor y pucheros

El aguacero no ha podido con las ganas de recuperar una celebración que envuelve al visitante en una leyenda

ambiente en la calle durante la fiesta de las Bodas de Isabel de Segura en Teruel. Foto Antonio garcia/Bykofoto. 26/03/22[[[FOTOGRAFOS]]]
Varios grupos de turolenses han levantado jaimas en la ciudad en las que conviven estos días.
Antonio García/Bykofoto

Empapados por la lluvia, pero con el espíritu medieval intacto. Así han vivido este sábado turolenses y visitantes el día cumbre de la recreación de la leyenda de los Amantes. Miles de personas han llenado las calles para no perderse ni una sola de las 26 representaciones teatrales que ha habido en la ciudad y disfrutar de una fiesta que resurge tras la pandemia.

El aguacero no ha frenado las ganas de vestirse a la usanza del siglo XIII. Capas, sayas, briales, hábitos de fraile, harapos de pordiosero y armaduras de caballero inundaron desde primera hora el Centro Histórico hasta convertir en un personaje extraño al ataviado con ropa contemporánea. Cobijado bajo el paraguas, el público ha acudido a los actos y se ha emocionado con la historia de Isabel y Diego. 

"Esta fiesta es muy bonita, muy sentida; es para repetir", decía Pilar Gascón, de Zaragoza, mientras aplaudía la exhibición de danzas medievales en la plaza del Torico, con la que, de acuerdo al guion, la ciudad celebraba los esponsales de Isabel de Segura y Don Pedro de Azagra horas antes de que volviera a Teruel Diego de Marcilla haciendo saltar por los aires este casamiento pactado.

Algo quejosas por la lluvia se mostraban Margarita Polaina y Noemí Cañamón, dos valencianas que llevan más de 10 años cocinando crepes y gofres junto al Viaducto Viejo. "Hay menos ambiente y era mejor cuando se celebraban en febrero, el frío anima a la gente a comer en la calle, un chaparrón, no", lamentaron. Sin embargo, en el puesto del artesano Vladimir Arejula, lleno de escudos medievales, espadas de madera, arcos, flechas y coronas de princesa de cuento, el mal tiempo no parecía tener cabida, a juzgar por la fila de padres con niños que aguardaban su turno para comprar.

En un día de perros como el de este sábado, los viandantes miraban con pelusa a los grupos de turolenses que en sus jaimas asaban sin parar chorizos y longanizas en las brasas de la hoguera. "Somos 30 entre adultos y niños y aunque nos planteamos si montar la tienda o no por lo reciente que está la pandemia, decidimos que hay que tirar hacia delante", explicó Marimar Lario, portavoz del gremio de los Escribanos.

En la Casa de los Hospitales de la Merced –atendían a enfermos en el siglo XIII–, también apelaban al ‘carpe díem’. "Hay que vivir el momento, mañana no sabemos lo que nos espera: pandemia o algo peor", dijo Juan Nácher mientras preparaba un tremendo chuletón de ternera y verduras a la plancha para los 16 hospitalarios.

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