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El fiscal rebaja a 15 años de cárcel la pena para el joven de Alcañiz acusado de matar a su compañero sentimental

Los forenses señalan en el juicio que la forma de las cuentas del collar del procesado coincide con la de las lesiones de la víctima en el cuello

Jorge Manero, camino del Juzgado en el primer día del juicio.
Jorge Manero, camino del Juzgado en el primer día del juicio.
Antonio García/Bykofoto

El fiscal ha rebajado este miércoles de 22 a 15 años de prisión la pena que solicita para Jorge Manero, el joven de Alcañiz acusado de haber acabado con la vida de su compañero sentimental el 12 de julio de 2020 en la casa de campo que tenían sus padres en esta ciudad. El Ministerio Público estimaba inicialmente que los hechos constituían un delito de homicidio agravado por la especial vulnerabilidad de la víctima, con una minusvalía que le impedía moverse con rapidez, pero este miércoles, en la tercera y última sesión de la vista oral, ha rectificado y calificado el suceso como homicidio doloso con las agravantes de parentesco y abuso de superioridad, lo que acarrea un menor castigo.

La acusación particular, ejercida por la familia del fallecido y en manos de los abogados Amparo García Tamarit y Miguel Martorell, ha defendido que lo ocurrido fue un asesinato con alevosía, pues Manero, para quien esta parte pide 22 años y medio de cárcel, habría estrangulado con un collar a su pareja, José García Gadea, hasta dejarlo agonizante, sumergiéndolo después en el agua para asegurarse de su muerte "en absoluto desvalimiento" de la víctima, que se encontraba ya sin aire y probablemente inconsciente. El detonante del crimen habría sido una discusión entre ambos en la que José habría comunicado a Jorge que lo abandonaba.

El abogado de la defensa, Fernando del Campo, ha mantenido que se trató de un homicidio imprudente, ya que Jorge Manero habría bebido hasta no comprender lo que hacía y, en ese estado, cayó junto con José García a la piscina del chalet familiar continuando en el agua la pelea iniciada en el jardín y sumergiendo hasta tres veces a su pareja, que murió. Del Campo ha dicho al jurado popular –que este jueves recibirá el objeto del veredicto para empezar a deliberar sobre la inocencia o culpabilidad del procesado– que "hay muchas preguntas sin resolver", lo que obliga a respetar la presunción de inocencia del acusado y el principio ‘In dubio pro reo’, o lo que es lo mismo, que en caso de duda se favorezca al imputado. El letrado ha solicitado cuatro años de cárcel para su representado.

Los médicos forenses que realizaron el levantamiento del cadáver de José García Gadea han señalado que este presentaba más de 24 lesiones por todo el cuerpo y muy llamativas las del cuello, coincidentes con la morfología del collar que Jorge Manero llevó ese día, cuando ambos se desplazaron al casco urbano de Alcañiz y, según el acusado, consumieron cantidades ingentes de alcohol y marihuana.

Han indicado los forenses en su exposición que fueron tres los mecanismos que acabaron con la vida de la víctima, uno de ellos la intoxicación por cannabis y alcohol que sufría y que redujo su resistencia y capacidad de defenderse; el segundo, el estrangulamiento a lazo con el collar; y el tercero, la sumersión en el agua, que interrumpió su respiración. Agregaron que las heridas en el cuello, por su intensidad, no se pueden producir de forma involuntaria.

Los informes sobre el estado psicológico del procesado no hablan de ningún trastorno mental, pues no tiene ideas delirantes y conserva un juicio íntegro de la realidad. Añaden que el día de los hechos no pudo sufrir una intoxicación plena de alcohol y cannabis hasta el punto de no comprender la ilicitud de los hechos, pues al final de la jornada fue capaz de llamar por teléfono a su padre para que lo recogiera en la ciudad -a donde la pareja había ido a pasar el día-, acudió a la finca y pudo salir de la piscina cuando ambos estaban dentro tras producirse la muerte de José.

Abandonado en un cafetal

Dos peritos psicólogas que examinaron a Jorge Manero tras el suceso han relatado que este les contó cómo fue su vida antes de ser adoptado, cuando tenía seis años, por la familia alcañizana Manero Martínez. Según su propio testimonio, el ahora acusado nació en El Salvador y sufrió maltrato por su familia biológica, que lo abandonó en un cafetal abocándolo a un orfanato. Una familia lo acogió, pero abusó sexualmente de él, por lo que vuelve al orfanato, donde lo encuentran sus padres adoptivos, ambos fallecidos en la actualidad, si bien vivían cuando ocurrieron los hechos enjuiciados. La adaptación a su nueva vida no fue fácil, sobre todo cuando en una revisión pediátrica a los 14 años valoran que sus características corresponden a un adolescente de hasta tres años más, lo que le llevó a dejar los estudios. Consumidor de alcohol y cannabis desde los 15 años, Manero agredió a su madre en 2015, por lo que quedó apartado de su familia durante dos años.

En su último turno de palabra, el acusado, mirando hacia el lugar destinado a la familia de la víctima, ha pedido perdón. “Sé que es difícil estar aquí, pero aunque suene a mentira o a excusas, entiendo el dolor y la pérdida, porque yo mismo los estoy viviendo”. “Aún hoy -ha proseguido-, si pudiese echar marcha atrás, concretamente a aquel día, le diría a José que nos quedáramos en casa con mis padres, sin salir”. “Pero nadie puede concederme eso; además de perder a José perdí a mis padres. La mayor condena que pueda caerme no es la que me pongan aquí, sino saber que voy a tener que seguir viviendo sin ellos”, ha concluido.

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