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“Abrí la tienda en plena pandemia, cuando el pueblo más lo necesitaba”

Danae Bazán vive en Bello, localidad turolense de donde proviene su familia materna. Ahora sus vecinos pueden hacer la compra sin recorrer los 20 kilómetros que hay hasta Calamocha.

Danae Bazán, ante su tienda en Bello.
Danae Bazán, ante su tienda en Bello.
Heraldo

Los vecinos de la localidad turolense de Bello pueden volver a hacer la compra sin tener que coger el coche y recorrer los 20 kilómetros que separan el pueblo de Calamocha. Hasta mayo de 2020, en el municipio no había tienda y, con las restricciones de movilidad de la covid, muchos de sus habitantes, sobre todo las personas mayores, dependían de la buena voluntad de los demás para que alguien les llevara la compra a casa. Quienes habitualmente los abastecían eran familiares que, en los momentos más difíciles de la pandemia, no podían desplazarse.

Fue entonces, coincidiendo con su regreso al pueblo, cuando Danae Bazán pensó que era el momento oportuno para volver a abrir las puertas de la tienda de Bello. Aunque nació en Zaragoza, toda su familia materna es de allí y su madre ya vivía en la localidad. Tras quedarse sin empleo por el cierre por jubilación de la empresa donde trabajaba y con una niña recién nacida, ella y su marido decidieron empezar una nueva vida en el pueblo. “Estando aquí las opciones no son muchas. O trabajas a turnos en alguna fábrica de Calamocha o te montas tu propio negocio”, asegura.

Así es como se lanzó a la aventura y recuperó el antiguo horno del pueblo para convertirlo en tienda de ultramarinos. De hecho, su establecimiento se llama El Antiguo Horno de Bello porque en este local del año 1825, propiedad del Ayuntamiento, es donde los vecinos de antaño horneaban sus propias elaboraciones. “La idea de abrir la tienda ya me rondaba la cabeza y con la pandemia vi el mejor momento”. Un momento, por otra parte, complicado para montar un negocio desde cero. “Al no poder salir dependía de que me trajeran todo, incluidos los muebles, y al principio todo me costó un poco más”, recuerda.

Pero una vez acondicionado el espacio, el negocio no puede estar yendo mejor. “Desde el principio ha tenido muy buena acogida. Si ya de normal tener una tienda cerca está bien, cuando abrí todavía había más necesidad”. Así, cuando alguien en Bello se queda sin papel higiénico no tiene que coger el coche o pedirle un rollo al vecino. Lo mismo con el aceite, la sal, los productos de limpieza o un sinfín de artículos. “Intento tener un poco de todo, excepto cosas frescas, como carne al corte, fruta o verdura. Para eso ya vienen furgonetas a vender un día a la semana y es un servicio que está cubierto”, explica.

Lo que Danae siempre tiene presente es tratar de vender productos de la zona. La miel se la llevan de Báguena y el jamón, el lomo, la longaniza y otros embutidos los compra en un secadero de Caminreal. ¿Será por eso que es de lo que más vende en su tienda? “Sobre todo triunfa la longaniza de trufa y otras cosas de la zona que la gente se lleva cuando pasa por aquí”. En estos casos, recomienda hacer los encargos previamente por whatsapp o por teléfono, ya que si son grandes cantidades no siempre tiene en la tienda.

El Antiguo Horno de Bello está abierto de lunes a sábado, de 10 a 13, que es cuando abren el resto de establecimientos, como la panadería, la farmacia, el banco… Sí, a pesar de contar con poco más de 200 habitantes, la localidad todavía mantiene un buen puñado de servicios. Esto hace que Bello sea el centro neurálgico de las compras y gestiones para los vecinos de los pueblos de alrededor.

"En la clase de mi hija son cuatro niños. Aquí es casi como tener un profesor particular. Después, van por la calle con total tranquilidad, están en contacto con los animales..."

La mayor parte del año Danae se ocupa sola de la tienda pero en los meses de verano, cuando más clientela hay, también abre por las tardes. Una vecina del pueblo está contratada para ese y otros casos, como su actual situación de baja por maternidad. Su segundo hijo acaba de nacer y, como su hermana mayor, va a crecer en el pueblo. “En la clase de mi hija son cuatro niños. Aquí es casi como tener un profesor particular. Después van por la calle con total tranquilidad, están en contacto con los animales… Es una vida totalmente diferente a la de Zaragoza y no la echamos nada de menos”, asegura.

El cambio no solo fue a nivel personal sino también profesional. Danae es técnica de Laboratorio aunque apenas ha trabajado en ese sector. Su última ocupación había sido como administrativa y nunca había estado de cara al público. “Al principio pensé que lo iba a llevar peor pero en los pueblos somos como una gran familia. En poco tiempo te conoces y, si le prestas atención a la gente, enseguida te cogen cariño”.

Este trato cercano hace que, en las peores situaciones, Danae ayude en todo lo que puede, tenga o no que ver con su negocio. “Si hace falta, llevo la compra a casa a las personas mayores. Sobre todo si son cosas pesadas como garrafas de agua o packs de leche. También controlo un poco lo que compran a petición de los hijos y, si hace falta, les acerco un medicamento de la farmacia u otra cosa que necesiten aunque yo no la venda”, explica. Un servicio que, en tiempos de coronavirus, también ofrece (siempre de forma gratuita) a quienes están confinados en casa.

De su primer año con la tienda recuerda especialmente un episodio. “Nos tocó vivir Filomena en un pueblo a mil metros de altitud donde cayeron 40 centímetros de nieve. La gente casi no podía ni salir a la calle por lo que les acercábamos las cosas, tanto mías como de otros negocios”, recuerda.

Además de los meses de julio y agosto, cuando la población de Bello se triplica, el invierno también es buena época de ventas en la tienda de Danae. En este caso, los clientes son turistas que viajan a la zona motivados por las grullas de la cercana Laguna de Gallocanta. “Tener la laguna tan cerca es un privilegio. En Zaragoza íbamos mucho a los Pinares de Venecia pero esto no tiene comparación”, asegura Danae, quien junto a su marido y a sus dos hijos ha levantado su casa y su negocio en el pueblo. Un lugar del medio rural aragonés donde, dice, han llegado para quedarse. “Este es ya nuestro hogar”.

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