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Antonio Jiménez: "En Albarracín la armonía es palpable"

Nacido en Orihuela del Tremedal hace 60 años, dirige la Fundación Santa María de Albarracín, que ha hecho de la localidad un faro cultural.

Antonio Jiménez, ante el restaurado Palacio Espiscopal de Albarracín, emblema de la fundación.
Antonio Jiménez, ante el restaurado Palacio Espiscopal de Albarracín, emblema de la fundación.
Ray Carrión

Veinticinco años al frente de la Fundación Santa María de Albarracín, que en el mismo plazo ha puesto a una ciudad de 1.000 vecinos a la vanguardia de la cultura. ¿Se veía ahí cuando se licenció en Geografía e Historia hace tres décadas?

No estaba en mis planes, evidentemente, pero ya de estudiante pensaba que había que hacer algo para lanzar Albarracín, con un patrimonio increíble. Las escuelas taller de restauración descubrieron ese nuevo mundo, siempre contando con las instituciones.

¿Cómo recuerda aquellos primeros años?

Un abismo los separa de la actualidad. El camino estaba por abrir, todo era una aventura. Ahora, la fundación tiene unos objetivos claros y cumplidos.

Al salvar edificios de la ruina, usted ha continuado la labor que el arquitecto Antonio Almagro y su familia iniciaron en los años sesenta del siglo XX.

Así es. Al final, se trata de realizar intervenciones integrales, dando al edificio un uso cultural y creando un maravilloso complejo de infraestructuras que ha permitido ese posicionamiento último de Albarracín. Ahora bien, si tras la Guerra Civil hubo dificultades para conservar ese patrimonio por falta de medios, ahora el peligro es el monocultivo del turismo.

¿Tal ha sido la transformación de Albarracín?

Por supuesto. Hoy hay 1.600 alojamientos y hace 25 años no eran ni la mitad. Este crecimiento exponencial no se sujeta solamente abriendo la puerta, requiere una autoalimentación total de creación de un prototipo y una imagen. Ha habido que promocionarlo ordenadamente a través de la cultura, que ha sido la tabla de salvación. Evidentemente, el turismo ha crecido en los últimos años al convertirse en un producto de consumo en nuestra sociedad, pero no nos engañemos, también ha venido de la mano del buen hacer de la fundación.

¿Y qué ideas tiene para frenar la amenaza del turismo?

Tenemos la obligación de intentar reglamentar hasta dónde queremos llegar. El turismo es el gran recurso, pero este agosto, superado un poquito la covid, ha evidenciado que un atracón puede poner en peligro el uso ordenado de un patrimonio excepcional.

¿Por qué cree que gusta tanto Albarracín?

Es un lugar único; el paisaje cultural de Albarracín es insólito. La armonía es palpable y eso la diferencia de otros conjuntos históricos de España y Europa.

Ha conseguido que el pintor Antonio López o el iluminador de Notre Dame, Louis Clair, entre otros muchos artistas, visiten la ciudad. ¿Qué les dice para atraerlos?

Cuando uno lleva muchos años trabajando por una misma institución, las puertas se abren solas. No es algo que se consiga de un día para otro.

Ante este redondo aniversario en su trayectoria profesional, ¿cuál es su asignatura pendiente?

Quiero afianzar el proyecto de la fundación y relanzarlo, y en ello estamos. Ya no solo trabajamos en Albarracín, también en Teruel capital, el Maestrazgo, Andorra y en la provincia de Guadalajara. Somos el único centro público de restauración en Aragón gracias a un patronato siempre dispuesto a echar una mano y con presidencias muy permanentes, como la de José Ángel Biel, que lleva 18 años al frente.

¿Cómo cree que podría extenderse el dinamismo de Albarracín hacia el interior de la sierra turolense, donde la llegada de visitantes es mucho menor?

El dinamismo económico es menor allí porque el atractivo de Albarracín es mucho. Con ese imán tan brutal, tenemos una sierra maravillosa, que enamora, pero cuyos pueblos no han sido mimados ni cuidados al mismo nivel.

¿Cómo han sobrevivido a la pandemia usted y el equipo que capitanea?

No ha sido fácil, tuvimos que recortar actividades y no nos libramos de la crisis económica, pero pasado lo peor de la pandemia, aspiramos a recuperar los más de cien seminarios, cursos y residencias artísticas que organizábamos al año. Todo ello, contando con el apoyo de instituciones como Ibercaja, las Diputaciones y ahora el grupo Térvalis.

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