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Cueva del Agua: explorar y explorarse en Fuentespalda

No solo de tirolina vive el visitante en esta bonita localidad del Matarraña; en la caverna del fresco eterno
concluyen una serie de líneas de ley o telúricas que la convierten en un 'lugar de poder' de primer orden
la cueva del agua en Fuentespalda.

Luis Miguel Serrat es de Fuentespalda y lleva con pulso firme (aunque relajado en la expresión, cosas del carácter) Turismo Matarraña, empresa de turismo activo que también ejerce como agencia de viajes y de guías. Lleva en operación desde 2004; junto al jefe hay cinco empleados.

Luismi convoca a los visitantes al pie de la colina en la umbría de Fuentespalda, cerca del Mas de la Pau. "Subiremos a la Cueva del Agua desde aquí, un monte de titularidad privada que compró el Ayuntamiento, como ocurre con el 75% de Aragón, desgajando el Mas de la Pau, donde una pareja ha puesto un pequeño enclave habitacional en el que abundan artistas; solo es arriesgado curiosear por aquí –bromea– en época de setas o si hay trufas, estáis avisados, pueden aparecer lugareños furiosos. La primera cuesta es dura, pero se llega rápido, y pararemos a descansar a mitad. Os reparto bastones desinfectados, serán útiles en la subida y sobre todo en la bajada. Aquí al lado tenemos una vía ferrata, la única revisada y homologada que hay en la zona; subiremos a la altura de esa torre medieval, y cerquita veréis pasar a los usuarios de la tirolina, la más larga de Europa entre las dobles".

La subida tiene una ventaja; se nota en la temperatura de la cueva, que se mantiene fresca todo el año, a 10-11 grados. "A nivel geológico tenemos todos los espeleotemas, y la superficie del interior está totalmente negra; es hollín, y creemos que se debe a un incendio del siglo XII que afectó a todos los Puertos de Beceite, lo que colaboró a la formación del Delta del Ebro por los sedimentos derivados del arrastre de los fuegos. La gente entraba aquí a buscar agua, sobre todo leñadores y pescadores. No hay quórum acerca de la fecha de descubrimiento de esta cueva, pero sí sabemos cuando se cerró al acceso público; fue en 1982, y la causa estuvo en los expolios y la destrucción generada para venta o colección".

Además del valor geológico e histórico, la también llamada Coveta del Aigua es conocida en el mundo del esoterismo y las fuerzas místicas como un lugar de poder. "Viene mucha gente a hacer diversas actividades en este sentido. Una de ellas es el fosfenismo, consistente en una meditación que se nutre de la energía de la luz desprendida por una lámpara de fosfeno; también se hace yoga y llegan grupos que vienen a encerrarse en ella, por pura desconexión; no hay cobertura de móvil. A los visitantes les invitamos a llegar al fondo de la cueva y permanecer un rato a oscuras, escuchando el silencio», apunta el guía.

Esta eclosión espiritual de la cueva tiene su origen en La Fresneda, entre la ermita abandonada de Santa Bárbara y la iglesia de Santa María la Mayor; entre ambas se yergue la roca sagrada del Matarraña. "De allá nacen una serie de líneas de ley o telúricas que se expanden por toda la zona; algunas pasan por aquí. En la cueva se está tranquilo, a gusto".

Luismi aprovecha para reivindicar el papel de los murciélagos en los entornos cavernarios. «Son animales protegidos que comen 1.200 insectos por hora; de hecho, el murciélago engulle tanto como lo que pesa cada día, lo mismo que hacemos nosotros en vacaciones. Se están aplicando al control de plagas originadas por insectos».

La entrada en la cueva impone. Luismi avisa acerca del peligro de merodear sin cuidado, ya que hay sifones y masas de agua que comunican galerías. "Hay estalactitas impresionantes; son filtraciones de agua con sedimento que crece un centímetro cada 100 años; aquí veréis algunas del tipo excéntrico, que no sigue la ley de la gravedad porque las ha movido alguna corriente de aire; cuanto más bajita es la sala, más estalactitas excéntricas hay. Hay estalagmitas que hacen el camino inverso, de abajo arriba, acaban haciendo columnas y está claro que el propósito final es cerrar la cueva a los merodeadores. También hay banderolas, que normalmente tienen un color distinto al del resto de espeleotemas, y más adentro, coladas. Si volviésemos en un millón de años, nos encontraríamos esto cerrado a cal y canto".

Un viaje fascinante

El avance por las salas va deparando nuevas sorpresas, incluyendo algunos ‘habitantes’ antropomorfos de la cueva que representan investigadores y aventureros. La iluminación es discreta, poco agresiva. Hay que agacharse en muchos puntos, pertrechados de casco protector. El condicionante de la distancia social se lleva a rajatabla en las circunstancias actuales, y los grupos se van turnando en estancias contiguas para no masificar los espacios más angostos. No importa; hay muchos lugares en los que mirar y asombrarse. Cuando Luis Miguel anuncia que va a apagar las luces para que se inicie el lapso de silencio absoluto en la oscuridad, un respingo generalizado da paso a la calma absoluta, al silencio ensordecedor y experiencias de ulterior naturaleza para los espíritus sensibles, como escuchar el pálpito de la cueva. Tras dejar la cueva toca descender la loma, y aunque las zonas más escarpadas cuentan con escalones o listas de madera para contener posibles resbalones, hay que ir atentos para salvar algunos desniveles de roca en el propio caminito de regreso. Nada del otro mundo; la excursión pueden hacerla todos los miembros de la familia con las piernas sanas. Además, en el camino y en el destino se aprende mucho gracias a la combinación de gracejo y ciencia del guía. Resumiendo: la cueva está a 800 metros de altura (el pueblo, a 750) y tiene una profundidad de 100 metros; durante el total de la visita se recorren unos 700 a pie. En el interior de la caverna, además de la temperatura antes comentada (conviene llevar una prenda de abrigo, calcetines y zapatos cerrados), la humedad relativa es del 90%. Para las visitas, los horarios son dos: 11.30 y 17.00. Hay que reservar en la web turismomatarraña.es o en el teléfono 630 887 559.

Tres kilómetros de regreso al casco urbano de Fuentespalda dan paso a un ratito de relax, pues no faltan los sitios… y para los de mayores arrestos, está la tirolina, claro. Después de escuchar a la madre Tierra en un lugar cercano a su corazón, ¿por qué no lanzarse en paralelo a su corteza por un cable de acero que llega a estar a una altura de 200 metros sobre el firme? ¿Quién dijo miedo? 

La Cueva del Agua 

Esta caverna también es conocida como Coveta de L’Aigua en una zona, el Matarraña, donde el bilingüismo es cotidiano. Se trata de una sabia combinación de aventura, contacto con la naturaleza, aprendizaje geológico y, de postre (aunque algunos lo toman de entrante, plato fuerte y recena, si se tercia) un tema de espiritualidad que emana de las mismas rocas.

¡A volar! La tirolina de los superhéroes, una experiencia alucinante

Cueva del Agua
La tirolina de los superhéroes, una experiencia alucinante.
Laura Uranga

Abrió hace dos años, la pandemia no la paró del todo y sigue experimentando un éxito sostenido; casi se podría calificar de nueva tradición local. Se trata de la tirolina doble más larga de Europa, la más larga de España y una verdadera aventura de algo más de dos kilómetros de recorrido. Se baja en posición tumbada, a lo superhéroe, volando en paralelo a la montaña primero y a la impresionante llanura que separa la salida del monte del casco urbano de Fuentespalda, que se sobrevuela en la vertiginosa parte final antes de que los frenos entren en acción y garanticen un cierre sólido de la actividad. Se llegan a alcanzar los 120 kilómetros por hora: la de Fiscal acelera más, en algo menos de longitud, pero para el aventurero común, la velocidad que ofrece Fuentespalda (y las vistas desde lo alto) es más que suficiente. El asunto engancha, y de qué manera; se ha convertido en uno de los grandes alicientes turísticos de la comarca, junto al Parrizal de Beceite, las rocas de Lo Masmut, el avistamiento de buitres de Mas de Bunyol, la estancia en la Torre del Visco o la visita al museo y el castillo de Valderrobres, entre otros muchos. Junto a la oficina de la tirolina en Fuentespalda se encuentra la Fonda Aparicio, con quienes los aventureros hacen alianza estratégica a la hora de vender paquetes combinados de salto y gastronomía. Las reservas se hacen en el teléfono 690 982 317 y la web tirolinafuentespalda.com

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