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Las tres palomas mensajeras que llegaron a Teruel desde Portugal al despistarse en una carrera vuelven a casa

Las aves se posaron en Santa Eulalia, Utrillas y Montalbán tras desviarse 650 km de su meta.

Aingeru Otxotorena, con las tres palomas, momentos antes de iniciar el viaje de vuelta a Portugal.
Aingeru Otxotorena, con las tres palomas, momentos antes de iniciar el viaje de vuelta a Portugal.
Heraldo

Las tres palomas mensajeras que aterrizaron en la provincia al despistarse durante una competición de colombicultura celebrada en Portugal a mediados de junio están de vuelta a casa, aunque esta vez el viaje fue a bordo de un coche que las transportó en una caja. Tras desviarse 650 kilómetros de su destino en Oporto, las palomas se posaron en un estado físico deplorable en Utrillas, Montalbán y Santa Eulalia, donde fueron recogidas por vecinos y entregadas al veterinario de Utrillas Aingeru Otxotorena, que se encargó de alimentarlas y cuidarlas para que recuperaran fuerzas a la espera del regreso a sus palomares de origen.

Como sus propietarios portugueses, a pesar de conocer el destino de las tres palomas, no pasaron a recuperarlas, Otxotorena las entregó a un voluntario que el pasado fin de semana las transportó dentro de una caja de cartón –acondicionada para el viaje con ventilación, comida y agua– hasta la frontera lusa, donde fueron traspasadas a la policía del país vecino para que, a su vez, las haga llegar a los dueños. Las palomas mensajeras son muy apreciadas en Portugal, con precios que llegan a los 4.000 euros por ejemplar, debido la extendida afición a la colombicultura.

Las palomas fueron localizadas a finales de junio cuando caminaban por las afueras de Utrillas, Montalbán y Santa Eulalia agotadas tras su extenuante viaje de 15 días desde Portugal. El ejemplar localizado junto a la planta de fertilizantes de Fertinagro en Montalbán fue el primero en caer en las manos de Aingeru Otxotorena, que posteriormente recibió los localizados en Santa Eulalia y Utrillas y que se encargó de buscar una solución para que retornen a sus propietarios. El veterinario lamentó el «desinterés» de los criadores de estos ejemplares después de protagonizar la «proeza» de atravesar los cielos de la Península Ibérica. Ninguno de los dueños se tomó la molestia de venir a recogerlas.

Otxotorena opinó que después de haber volado durante dos semanas hasta recalar en Teruel se merecían más «empatía» por parte de sus criadores en «correspondencia» al esfuerzo realizado. Las aves, que pudieron formar un pequeño grupo dentro de las 3.000 palomas que no llegaron a su destino en Oporto –de las 10.000 que partieron de la salida en el Algarbe–, volaron «hasta agotarse» para terminar su periplo en el corazón de la provincia de Teruel. Otras se desperdigaron por media España, aunque los destinos más frecuentes fueron Galicia y Asturias. Las fuertes tormentas que se cruzaron en el camino de las aves podrían ser la causa de su masivo despiste.

Los vecinos que las recogieron al borde de la extenuación en las tres localidades turolenses, se encariñaron con ellas y con su insólita peripecia. José Antonio Madrona vio andar una de las palomas cerca de su casa de Santa Eulalia porque las fuerzas no le daban ya para volar y decidió adoptarla. «Creía que estaba herida, pero no tenía ninguna lesión, solo estaba agotada», recuerda. Le dispuso un cajón con comida y agua para que durmiera por las noches y consiguió recuperarla por completo.

El ave le devolvía el favor con su fidelidad porque, aunque al reponerse volaba por los alrededores de la casa, volvía cada noche a su nuevo hogar. «Se había hecho de la familia», explica Madrona, que dejaba que sus nietos jugasen con el pájaro. Al entregarla un mes después de su llegada al veterinario de Utrillas, ya estaba recuperada por completo. Bastó con proporcionarle un lugar para pernoctar, agua y «comida de las gallinas». «Hasta se hizo amiga de mis gatos», concluyó el benefactor. 

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