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triple crimen de andorra

Igor el Ruso se enfrenta a su propio retrato: preciso y espeluznante

Los médicos y las psicólogas que examinaron al acusado coinciden en que no arrastra ninguna patología psiquiátrica. Describen al paramilitar como un psicópata primario, dueño de sus actos y plenamente imputable.

Igor el Ruso no rehúye nunca el objetivo de las cámaras. A su llegada este jueves a Teruel, tampoco lo hizo.
Igor el Ruso no rehúye nunca el objetivo de las cámaras. A su llegada este jueves a Teruel, tampoco lo hizo.
EFE/ Antonio García

¿Quién es Norbert Feher y por qué su proceder está impregnado de semejante violencia? ¿A qué obedece tanta frialdad emocional y esa ausencia absoluta de empatía hacia el prójimo? Un criminal de su calaña, ¿nace o se hace? Los médicos y las psicólogas que examinaron a Igor el Ruso, autor confeso del triple crimen de Andorra, han respondido este jueves a estas y otras muchas preguntas ante el Jurado que habrá de pronunciarse sobre su futuro. Con sus informes, los cuatro especialistas del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA), peritos imparciales cansados de lidiar con toda suerte de delincuentes y asesinos, pincelaron un retrato preciso y a la vez espeluznante.

Si a Dorian Gray le horrorizó contemplar su verdadero rostro sobre el lienzo, el serbio debió experimentar hoy un sentimiento similar al del protagonista de la célebre novela de Oscar Wilde al ver la imagen que de él proyectaba el ‘espejo’ de los forenses. Porque, por muy alta estima que tenga de sí mismo –se considera «perfecto» y «no cambiaría nada de él», dijeron las psicólogas Cristina Andreu y Victoria Mínguez–, al paramilitar le irrita sobremanera que cuestionen sus cualidades. De hecho, solo se mostró «enfadado y con ira» cuando las profesionales dudaron intencionadamente de su supuesta excelencia durante la entrevista que mantuvieron con él en la prisión de Zuera.

Como punto de partida, los doctores Gustavo Sierra y Dolores Ramón dejaron clara una cosa al tribunal popular: a Igor el Ruso nunca se le ha diagnosticado ninguna patología psiquiátrica y era «plenamente» consciente de lo que hacía y de las consecuencias cuando apuntó y disparó contra el ganadero andorrano José Luis Iranzo y la patrulla Roca de la Guardia Civil compuesta por Víctor Romero y Víctor Caballero. «No hubo ninguna desconexión con la realidad o situación delirante. No se enfrentaba a algo falso. Tenía otras opciones, como la de huir, pero debía actuar y decidió hacerlo matando», manifestaron los funcionarios del IMLA.

Nada de lo que hace o dice Norbert Feher resulta fruto del azar. Los médicos lo describen como un tipo con una inteligencia «media-alta» y de una personalidad «reflexiva y absolutamente manipuladora». Sobre la supuesta neurosis de guerra o traumas vinculados a su participación en el conflicto armado de los Balcanes que alega la defensa para intentar evitar la prisión permanente revisable, los peritos fueron también vehementes: «Ni nosotros ni el psiquiatra del centro penitenciario apreciamos ni la más mínima ansiedad. Tanto es así que hasta se descartó incluirlo en el programa de reclusos con riesgo de suicidio». De una gastritis fue de lo único que se le trató en prisión, declaró el miércoles el subdirector médico de Zuera.

En la misma línea, las psicólogas dibujaron al acusado como «un psicópata primario que no tiene ninguna sensibilidad ni miedo por el castigo, que son los más peligrosos». Solo pudieron verse con el homicida en una ocasión, en junio de 2018, ya que habían acordado una segunda entrevista pero, llegado el momento, Feher se negó a colaborar. «Estaba molesto porque había leído algo sobre él en la prensa y consideraba que se tergiversaban sus palabras», recordó Cristina Andreu. Pese a ello, pudieron concluir que estaban ante un hombre con un trastorno mixto narcisista y antisocial.

"Las tres muertes fueron inmediatas e inevitables, aunque hubieran estado cerca de un hospital no hubieran sobrevivido"

"Sabía donde disparaba"

Los forenses Sierra y Ramón fueron también quienes practicaron las autopsias, por lo que ilustraron al Jurado sobre la causa de los decesos –un shock hipovolémico en los tres casos– y la manera en que se efectuaron los disparos. «Las tres muertes fueron inmediatas e inevitables, aunque hubieran estado cerca de un hospital no hubieran sobrevivido», reconocieron. El ganadero José Luis Iranzo presentaba dos disparos, uno en el corazón, de efecto fulminante; Víctor Romero recibió cuatro tiros y su compañero, Víctor Caballero, siete. Para los especialistas del IMLA, la ubicación de las heridas de los agentes no resulta casual. Les disparó a la cintura, fracturándoles o la cadera o el fémur, para que no se mantuvieran en pie. Y los primeros disparos fueron siempre por la espalda, por sorpresa. «Él mismo nos confesó que conocía la anatomía humana y sabía donde disparaba. ‘La muerte es inevitable’, nos dijo también, sin mostrar ningún arrepentimiento», explicó Dolores Ramón.

El juicio afronta su recta final. Este viernes está previsto interrogar a los expertos de Criminalística y de Balística de la Guardia Civil. Los informes y el veredicto quedarían para la próxima semana.

"Yo ya sabía que su hijo había muerto, pero no quise decírselo"

Los primeros en presentarse en el masico de los Iranzo respondiendo a la llamada de socorro del hijo del Pastor de Andorra fueron dos agentes del cuartel de Andorra. La del 14 de diciembre de 2017 fue una tarde-noche cerrada y en medio del inhóspito Mas del Saso las únicas luces visibles eran las de su coche patrulla. Pero les bastaron para percatarse, antes incluso de apearse del vehículo, de que sobre el suelo yacía el cuerpo de una persona. «Conocía a José Luis y lo reconocí enseguida. Estaba boca arriba, con el brazo derecho estirado», recordó este jueves uno los guardias ante el Jurado. «Bajé para tomarle las constantes vitales, pero no tenía pulso ni respiraba», apuntó.

Nada podían hacer por la vida del ganadero y la sensación de peligro era «evidente», así que los agentes decidieron avisar del crimen y marcharse enseguida, no sin antes inspeccionar los alrededores para comprobar si había más heridos o si aún seguía por allí el autor de los disparos. Y fue en ese momento cuando el padre del fallecido les salió al paso. «Nos contó lo de los disparos y que creía que le habían matado al mastín. Después nos explicó que había visto marcharse el coche de su hijo a toda velocidad. Yo ya sabía que José Luis había muerto, pero no quise decírselo. No allí y de esa manera. Aunque creo que él lo intuyó», confesó el agente.

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