Teruel
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Igor el Ruso no pide perdón ni se arrepiente de los tres asesinatos de Andorra, que atribuye a la casualidad

Norbert Feher confiesa de nuevo unos hechos que justifica en su "permanente estado de alarma". Las acusaciones le reprochan su desprecio por la vida ajena y la alevosía con que mató a las víctimas.

El acusado, en el interior de la cabina blindada, frente a la bancada que ocupan las acusaciones en la Audiencia de Teruel
El acusado, en el interior de la cabina blindada, frente a la bancada que ocupan las acusaciones en la Audiencia de Teruel
Efe/Antonio García

El juicio por el triple crimen de Andorra podría haber servido al serbio Norbert Feher, alias Igor el Ruso, para mostrar algún signo de arrepentimiento. Si no para aliviar el dolor de tres familias rotas -las de sus víctimas, el agricultor y ganadero José Luis Iranzo (40 años) y los agentes de la Guardia Civil Víctor Romero (30 años) y Víctor Caballero (38 años)-, al menos a modo de guiño hacia el jurado, que será quien decida finalmente si envejece y termina sus días entre rejas. Sin embargo, más de tres años después de los asesinatos, el exmilitar fue ayer incapaz de pedir perdón o reconocer al menos que, si se diera la oportunidad, hoy actuaría de otra manera. "Yo no tenía nada contra estas tres personas, fue pura casualidad", es lo máximo que llegó a verbalizar durante su comparecencia en la Audiencia de Teruel, donde toda esta semana se celebra la vista que podría costarle la prisión permanente revisable.

El incidente de la cárcel de Dueñas (Palencia), donde este domingo Feher atacó e hirió con un trozo de azulejo puntiagudo a los funcionarios que se disponían a trasladarlo al centro penitenciario de Zuera, obligó a reforzar la seguridad en torno al acusado y hacía prever una actitud hostil. Pero el procesado se mostró este lunes colaborador y respondió a todas y cuantas preguntas se le formularon durante casi cuatro horas. Lo hizo con una intérprete de italiano, aunque dio claras muestras de haber aprovechado su estancia en España para aprender castellano. "Ni lo entendía ni lo hablaba como ahora", llegó a decir a la hora de justificar por qué cuando se encontró con sus víctimas respondió entonces apretando el gatillo sin intercambiar ni una sola palabra.

Se enfrente a la prisión permanente revisable por un triple crimen en Andorra en 2017

El exmilitar confesó el triple crimen del 14 de diciembre de 2017, cuando solo unos días después declaró ante la jueza de instrucción de Alcañiz. Y volvió a hacerlo este lunes ante el tribunal popular, porque, sin llegar a presumir de forma grosera de haber dado muerte a tantas personas -sobre él pesa ya una pena de cadena perpetua por otros dos asesinatos en Italia, además de otra de 18 años de prisión por la doble tentativa de homicidio de Albalate del Arzobispo-, las formas de Feher destilan cierto aire de superioridad, el que le arroga saberse temido y peligroso.

"Los bombardeos de Serbia me traumatizaron, pero también me hicieron más fuerte. Vi morir mucha gente a mi alrededor", remarcó el acusado cuando le preguntaron por la neurosis de guerra, trastorno que alega su defensa, a cargo del abogado José Manuel Martín Calvente, para intentar evitar que sobre él recaiga la pena máxima del Código Penal. No mostrar ni un signo de flaqueza se antoja una máxima para el criminal, de ahí su contestación a la pregunta de si se vio superado por la ansiedad cuando se cruzó con Iranzo, Romero y Caballero: "No. La ansiedad es la enfermedad de los débiles", respondió categórico.

A pesar de los viajes y las muchas horas que duró la primera sesión del juicio, Igor el Ruso no dio muestras de cansancio. Se mostró atento a cada cuestión y trató de dar a todas una respuesta convincente, aunque será el jurado quien se pronuncie la semana que viene a través del veredicto sobre su credibilidad. De lo que sí hizo gala el excombatiente -sea de forma impostada o real- fue de una increíble fe en la Biblia, esa que no ha dejado de leer en su celda y por la que no le importó matar a los dos agentes de la Benemérita con los que se cruzó en el Mas de Zumino, apenas 15 minutos después de descerrajar dos tiros a José Luis Iranzo en su masico.

Según el acusado, si hubiera podido marcharse con su Biblia "estos hombres estarían hoy vivos". Pero guardaba su ‘tesoro’ en la mochila y no le importó disparar a dos manos "con una pistola en cada una, a modo de metralleta" para recuperarlo. "¿Qué tenía esa Biblia para que usted matara a dos personas por ella?", le llegaron a preguntar las acusaciones. "La salvación", respondió él. "Nuestro cuerpo es solo un contenedor, nuestra alma es lo importante. Y es inmortal. Yo no voy matando por ahí a la gente porque sí", apostilló.

Pero las convicciones y creencias de las que presume el paramilitar no le parecieron tan evidentes al abogado de la viuda y la familia del malogrado José Luis Iranzo, Enrique Trebolle. Ubicado en la sala de vistas justo en frente del serbio, el penalista le miró a los ojos y le recordó que "no había ninguna Biblia en el masico del Saso, donde segó la vida del ganadero". "Y sin embargo, también le pegó dos tiros", le dijo. El acusado llegó a decir que solo disparó "al aire", a lo que el letrado le recordó que "casualmente, los dos proyectiles impactaron en el cuerpo de José Luis".

Un rastro "de muerte y dolor"

La Fiscalía, a cargo de Carmen Continente, aprovechó su primera intervención para reprochar a Igor el Ruso el "rastro de muerte y dolor" que dejó a su paso por el Bajo Aragón turolense. "¿Qué hacía usted aquí?, ¿Por qué se quedó en esta zona?", le inquirió. Tanto a ella como a varias de las acusaciones, Feher les insistió en que "simplemente estaba de paso, esperando a una persona que tenía que traerme una documentación". Sin embargo, en ningún momento quiso concretar quién era ese individuo ni qué pensaba hacer con esos papeles.

Al hilo de estas explicaciones, el abogado Mariano Tafalla, que representa a la viuda de Víctor Caballero y a los padres de Víctor Romero, insistió en la tesis de que el Ruso llegó a la Península huyendo de la justicia italiana y apoyado por una organización criminal. De hecho, esta parte intenta atribuirle también un delito de pertenencia a grupo organizado. Sin embargo, Feher se mostró mucho más prudente y menos elocuente a la hora de hablar sobre sus contactos y se limitó a negarlo todo. Lo único que admitió es que conocía a algunas de las personas, con nombre y apellidos, que se le citaron. "Los conozco porque eran colaboradores", apuntó. "¿Colaboradores de qué?", le insistieron. "De cosas", prosiguió. "¿De cosas delictivas?", le repreguntaron. "Sí", acabó confesando.

Todo hacía prever que tras el largo interrogatorio por parte de las acusaciones, la defensa dedicaría algún tiempo a tratar de apuntalar su estrategia, con la que pretende hacer ver que su cliente actuó en legítima defensa y preso de la angustia que le produce la experiencia dramática de una guerra, la de los Balcanes. Pero el epílogo de la primera sesión del juicio fue breve y Norbert Feher se limitó a recordar que se introdujo en los grupos paramilitares poco después de cumplir los 18 años. "Yo estoy en alerta las 24 horas del día, no tengo descanso, es mi naturaleza", aseguró. Y cuando él no descansa, nadie a su alrededor se puede permitir hacerlo. Se juega la vida.

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