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“Estaba solico cuando me confirmaron la muerte de mi hijo, fue mi desgracia y mi desolación”

El padre del ganadero asesinado relata con desgarro los dramáticos momentos vividos en el lugar del crimen

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José Luis Iranzo Balaguer, padre del ganadero asesinado en Andorra, momentos antes de entrar en los juzgados de Teruel para declarar en el juicio contra Igor el Ruso
Javier Escriche

José Luis Iranzo Balaguer, el padre del ganadero de Andorra tiroteado mortalmente por Igor el Ruso y testigo presencial de algunos de aquellos gravísimos hechos, ha relatado esta mañana cómo vivió aquella terrible jornada. No ha visto en ningún momento el rostro del acusado porque antes de su entrada en la sala han sido bajadas las persianas de la cabina blindada desde la que sigue el juicio el paramilitar serbio Norbert Feher.

De pie, sin querer sentarse, y firme en sus declaraciones ante el jurado popular, su voz solo ha temblado al recordar el momento en que, tras salir del centro de salud al que había sido llevado por la Guardia Civil junto con los dos agentes abatidos por Feher hacía unos minutos, un sobrino le confirmó la muerte de su hijo. “Yo solico, al pie del centro de salud, sin mi mujer ni mi hija; esa fue mi desgracia y mi desolación”.

Aquel 14 de diciembre de 2017 padre e hijo habían ido a trabajar por la mañana al Mas del Saso y se percataron de que una ventana estaba rota. Llamaron a la Guardia Civil, sospechando que el autor habría sido el delincuente que desde hacía tiempo robaba por los masicos de la zona y había disparado a matar a dos vecinos de Albalate del Arzobispo. Agentes de la Benemérita registraron el lugar, fotografiaron el sitio y se fueron. Lo que no imaginaban era el terrible desenlace que tendría aquella jornada.

Iranzo padre ha recordado que ese mismo día la Benemérita requirió la colaboración de su hijo para ir a ver unas cuevas en las que el malhechor podría estar oculto, a lo que él le advirtió: “No te comprometas con la Guardia Civil, que en estos tiempos...”. Pero Iranzo hijo lo tenía muy claro. “Si me llaman tendré que ir”, respondió a su progenitor. Estas fueron las últimas palabras que oyó de su hijo teniéndolo allí presente y también la última vez que lo vio con vida.

Por la tarde, pidió por teléfono a su hijo que fuera a recogerle a Mas del Saso, pero antes de que este llegara, lo hizo Igor el Ruso, que se metió en la casa de campo, siendo este hecho advertido por Iranzo padre desde dentro de su tractor, al ver las luces de una linterna. Poco después, llegó un coche, se oyeron unos disparos y un “chillido”, que José Luis Iranzo Balaguer atribuyó al perro mastín que había en la finca, pero que en realidad perteneció a su hijo, que acababa de recibir dos tiros, uno de ellos mortal al afectarle al corazón y a otros órganos vitales.

Oyó que el coche que había llegado antes se marchaba y tras él salió corriendo pensando que era su hijo; le gritó y le tiró una piedra incluso, hasta tropezar con una valla y caer al suelo. Solo unos minutos más tarde, escondido tras unos fardos de paja, oyó a un kilómetro, en Mas de Zumino, dos ráfagas de tiros.

Presa del pánico, el hombre avisó a la Guardia Civil por segunda vez, que al poco de personarse en el lugar le comunicó que allí “había un cuerpo”. Iranzo ha dicho que ya no se quitó de la cabeza que aquel cadáver podía ser el de su hijo, pero que pese a ello tuvo que obedecer a la Benemérita y subirse al coche oficial, con el que fueron a recoger los cuerpos de los dos agentes abatidos en el cercano Mas de Zumino y, después, al centro de salud.

“He intentado ser veraz, porque allí no había nadie más”, ha dicho esta mañana al jurado. A preguntas del abogado que lo representa, Enrique Trebolle, ha recordado con pesar que su hijo volvió solo del dispositivo de búsqueda del delincuente en el que había participado con la Guardia Civil y ha lamentado que nadie hubiera delimitado con exactitud la zona en la que su hijo perdió la vida en Mas del Saso, “al menos para poder ponerle un ramo de flores”. Las cortinas de la puerta de entrada al masico tenían sangre y también el lavabo de la casa. “Solo pido justicia”, ha dicho para zanjar su declaración.

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