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Las termitas rondan la Catedral de Albarracín

La rehabilitación de la sala capitular como almacén de objetos artísticos descubre huellas del temido insecto que destruye la madera

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Trabajadores de la Fundación Santa María de Albarracín sustituyen el suelo de madera por baldosas de barro, inmune a las termitas
Heraldo

La rehabilitación de la sala capitular de la Catedral de Albarracín como almacén para conservar de forma ordenada los más de 2.500 objetos artísticos sacros no expuestos en el Museo Diocesano de la ciudad no deja de dar sorpresas, buenas y no tan buenas.

Bajo las capas de pintura moderna con las que en los últimos decenios se han protegido las paredes de esta sala ha aparecido la decoración original que tuvo en el siglo XVIII. Grecas, guirnaldas y círculos con flores sencillas y coloristas adornaban el techo abovedado, ocultos hasta ahora a la vista del visitante. El trabajo de la Fundación Santa María de Albarracín, especializada en la restauración de bienes muebles y edificios, permitirá devolver a este espacio su aspecto primitivo.

Menos agradable es el hallazgo de túneles hechos por termitas en un rincón húmedo del antiguo suelo de madera de pino, que ha tenido que ser sustituido por baldosas de barro, inmunes a estos insectos. El descubrimiento inquieta al gerente de la Fundación Santa María de Albarracín, Antonio Jiménez, quien estima que sería conveniente realizar un tratamiento contra esta plaga en el entorno de la Catedral para evitar su expansión por el resto del templo e incluso de otros edificios de la localidad.

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Tras la pintura acrílica reciente ha aparecido la decoración original, del siglo XVIII.
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“El problema es preocupante si se tiene en cuenta que el maderamen es la estructura básica de las casas tradicionales de Albarracín”, advierte Jiménez. Explica que “no se acaba con las termitas sustituyendo una viga afectada” y destaca que la lucha contra este insecto exige un plan más metódico. “Habría que revisar el entorno de la Catedral, a ver si hay otras huellas, porque más vale prevenir que curar”, afirma.

No obstante, Jiménez aclara que en las sucesivas intervenciones realizadas en la Catedral y en el Palacio Episcopal durante los últimos años no se han visto huellas de termitas, lo que indicaría que el problema no se ha extendido a otros espacios, al menos por ahora.

La sala capitular, que antiguamente ya fue un pequeño museo catedralicio, será ahora un almacén al que investigadores y especialistas de la historia y el arte podrán acudir para ver y estudiar cientos de objetos, restaurados y sin restaurar, que forman parte del pasado de Albarracín. Allí se guardarán, entre otras piezas, arcones con libros antiguos, cantorales, objetos de orfebrería y tallas escultóricas, todos inventariados y clasificados.

“No podemos dejar bajo la alfombra todo aquello que no se ve, pero que tiene, indudablemente, su valor", explica el gerente de la Fundación Santa María de Albarracín. La rehabilitación de la sala capitular de la Catedral de Albarracín costará 30.000 euros. Posteriormente se procederá al equipamiento específico y al traslado de bienes a guardar, que previamente se habrán catalogado e inventariado.

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