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Aragón extraordinario

Ferreruela de Huerva y el agua de la vida

El suelo ferroso del término, bañado por el río y otras surgencias, merece un paseo concienzudo con el premio de la paz y la serenidad que exuda toda la zona

Se suele decir que un territorio es tan fuerte como aquellas personas que lo moran. El nonagenario Julio Beltrán, poeta autodidacta, las pasó canutas en la infancia y sonríe a la vida apoyado en sus muletas, siempre presto a la charla con vecinos y visitantes en su casa de Ferreruela de Huerva, a la que llamaban Barceloneta en otros tiempos debido a su populosa actividad cotidiana. Le saludan con cariño Óscar Gracia, alcalde, y Sheila Ramo, agente de desarrollo. Julio ya no puede montear como antaño, pero hace suyas todas las alegrías del pueblo; se alegrará, por tanto, cuando se culmine el proyecto de un sendero turístico junto al Huerva, una de las ilusiones del Ayuntamiento. Se suele caminar desde el puente y la zona del lavadero hasta la cascada de la Raudera o Ruidera, a menos de un kilómetro de las últimas casas; allá hay una mesa y dos bancos para que los excursionistas más espabilados se tomen un refrigerio tras la caminata, mecidas las sienes por el murmullo del agua. Para los que siguen caminando hacia las afueras hay un aliciente extra: el yacimiento arqueológico de escoria de mineral de hierro identificado aguas abajo. "Dicen que lo de Ferreruela puede venir del suelo ferroso", comenta Óscar. También hay mucha pizarra.

El término municipal es fundamentalmente llano, y su origen orográfico se halla en los sedimentos de la Calatayud-Montalbán. El río Huerva vertebra el paisaje, junto a varios afluentes; la encina es el árbol más común en la zona, junto a los clásicos chopos en la ribera. Al sur del pueblo, el suelo se torna notablemente más calizo.

Hay que recordar igualmente varios elementos relacionados con la arquitectura del agua, como el puente de la carretera de Cucalón (el pueblo vecino está a apenas cuatro kilómetros), el molino, la fuente y el lavadero viejo. En el acceso desde la autovía Mudéjar se halla el Área 202, donde vehículos y visitantes reponen fuerzas, cada cual con su combustible. Está en la zona ocupada en su día por la Venta del Cuerno, también llamada en su día la Venta del Rojo; era igualmente un lugar de reposo para los viajeros, y de las antiguas edificaciones se conservó un hermoso aljibe.

La iglesia

La vista de Ferreruela está presidida por la torre de la parroquia de la Asunción. Se cree que tuvo origen militar; el primer cuerpo, pétreo y reforzado en las aristas con sillares, tiene planta cuadrada y forma piramidal. En el cuarto nivel hay ventanales en arco de medio punto, mientras que el remate de la torre se alteró en el XVIII con la adición del campanario de ladrillo. Sus cuerpos superiores alternan con acierto los colores blanco y rojo; la construcción se debe a Francisco Subirón, de Anento, con el apoyo del vecino de Ferreruela Carlos Polo. Otros referentes básicos de la arquitectura religiosa local son la ermita de San Roque y los peirones del Ecce Homo o Cristo de San José.

Óscar, de familia de agricultores, mira al futuro con esperanza. "Aunque la situación actual no es como para ser muy optimistas, creo que estamos dando buenos pasos. Tenemos mucho que ofrecer, y vamos a poner todo el empeño en la tarea".

En datos

Comarca. Jiloca.

Cómo llegar. Desde Teruel, su capital de provincia, hay 94 kilómetros por la Autovía Mudéjar.

Dónde comer y dormir. En el pueblo se cuenta con el bar municipal, junto a la iglesia, y el Área 202 está junto a la Autovía. Para pernocta está La Casa del Cura. Las fiestas. En verano se celebran las de la Asunción de María y San Roque, el 15 y 16 de agosto, y el baile procesional al santo patrón es su mayor aliciente, con una historia que se remonta a siglos atrás. También se celebran San Antón, San Victorián y San Isidro.

Historia. El municipio tuvo su origen en la Reconquista, apareciendo citado por primera vez en el año 1205. Formó parte de la Comunidad de Aldeas de Daroca y del Corregimiento de Daroca hasta el siglo XIX.

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