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En marcha un parque solar que multiplicará los ingresos en Cañada Vellida, con solo 22 vecinos

Las renovables disparan el presupuesto municipal de este pequeño pueblo de Teruel afectado por la despoblación y necesitado de servicios 

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Un grupo de vecinos de Cañada Vellida conversa en la calle pese al intenso frío.
Antonio García/Bykofoto

Esta vez el progreso se ha detenido en Cañada Vellida, no como ocurrió en los años 30 del siglo pasado, cuando la línea férrea que iba a cruzar el pueblo quedó inconclusa reduciendo la llegada del tren a un mero espejismo. Las empresas de energías renovables se han fijado en este municipio de solo 22 habitantes que linda con las áridas tierras de la cuenca minera turolense y las arcas del Ayuntamiento, así como los bolsillos de algunos vecinos, están empezando a percibir los frutos de este desarrollo.

Allí ha empezado a funcionar en los últimos días uno de los mayores parques fotovoltaicos de la provincia, Montesol, de la empresa Opdenergy, con más de 100 hectáreas de extensión y una potencia de 50 megavatios. La actividad de estas instalaciones reportará al Ayuntamiento cada año, vía impuestos y alquiler de terrenos, alrededor de 125.000 euros, lo que unido a una cuantía similar que dejan los aerogeneradores recién instalados en el municipio, supondrá triplicar el presupuesto que venía gestionando el Ayuntamiento de forma habitual.

El mayor salto económico, si bien de carácter puntual, se ha producido este 2020, pues el pago de licencias por obras tanto del parque solar como de los aerogeneradores, han elevado a un millón de euros el presupuesto municipal. A ello se añade que la práctica totalidad de los vecinos han cedido terrenos en alquiler a Opdenergy al precio de 1.000 euros por hectárea al año. "Hay quien ha arrendado media hectárea y otros, 7 u 8, y son terrenos de labor muy poco productivos", puntualiza el alcalde, Miguel Morte, ilusionado con la nueva etapa que se vive en la localidad.

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Tres vecinos en el Teleclub, que se abre cuando el alguacil puede atenderlo.
Antonio García/Bykofoto

El Ayuntamiento ha suprimido las tasas e impuestos a sus vecinos salvo el Impuesto de Bienes Inmuebles y el de Circulación, si bien estos dos últimos los ha reducido al mínimo. En cuanto a proyectos, ya ha sacado a concurso por 476.000 euros la construcción de 4 apartamentos para veraneantes o turistas con un punto de recarga eléctrica para vehículos. En la mente del alcalde está también señalizar senderos para ciclistas o caminantes, pues, como el resto de los vecinos, cree que el turismo podría ser un buen punto de partida para cambiar el rumbo del pueblo.

A sus 70 años, a Mercedes, vecina de Cañada Vellida, le gustaría que el dinero del parque solar permitiera contratar a personas que ayudaran a los mayores del pueblo en su día a día. "A veces, a los jubilados nos cuesta hacernos entender y nos resulta complicado ir a un hospital, por eso sería útil contar con apoyo de alguien", explica. Su marido, Federico Valero, también lo tiene muy claro: "Los beneficios han de servir para que venga gente joven al pueblo; esa es la única solución", subraya.

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Imagen del parque solar Montesol, de más de 100 hectáreas de extensión.
Heraldo

Y es que en Cañada Vellida no hay niños; el colegio está cerrado desde hace más de 30 años. Entre los 22 vecinos solo hay dos jóvenes –estudian en Teruel– y siete personas en edad activa con edades de entre 40 y 50 años, mientras que el resto son jubilados. No hay tienda ni bar, tan solo un teleclub que abre cuando el alguacil puede atenderlo. La falta de servicios es, a juicio del alcalde, el motivo por el que ninguno de los nuevos empleados en el mantenimiento del parque solar –seis personas– ha ido a vivir a Cañada Vellida. "La vida aquí es dura. Si no fuera por estos ingresos que nos vienen, no tendríamos ni para pagar al secretario", lamenta Morte.

Dos vecinos, Sebastián Morte y Manuel Mateo, le dan la razón. "Es difícil que vengan nuevos pobladores –dice el primero–, pero los beneficios nos irán muy bien y ¿quién sabe? a lo mejor en unos años esto ha cambiado". "Hay que ser optimistas –precisa el segundo–, Cañada Vellida está cerca de Teruel y del Bajo Aragón y también de Galve, donde muchos acuden a ver dinosaurios".

Violeta y Laia, dos hermanas jóvenes que pasan la Navidad en este municipio, admiten que el parque solar ha afectado al paisaje, pero también estiman que los pueblos deben tener ingresos. "Hay que encontrar el equilibrio. Yo, si aquí hubiese más vida, vendría para quedarme", dice una de ellas.

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