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El súper de Bronchales lleva la compra a domicilio a media Sierra de Albarracín

Lo que comenzó en marzo casi como un servicio social para abastecer a los vecinos de pueblos sin tiendas, ahora se mantiene donde resulta rentable por el volumen de pedidos.

Manolo Saez, en el supermercado de Bronchales.
Manolo Sáez regenta junto con su hermano el supermercado con charcutería y carnicería de Bronchales.
Heraldo

Manolo Sáez regenta junto a uno de sus hermanos el supermercado de Bronchales. Es el único del pueblo y casi de toda la Sierra de Albarracín por lo que su labor está siendo de vital importancia en tiempos de coronavirus. Lo fue, especialmente, durante el primer confinamiento, cuando casi como servicio social decidieron empezar a hacer repartos a domicilio en tres rutas circulares a la semana.

Entonces, los repartidores de Rijomavi tocaban el timbre de las casas de Royuela, Terriente, Moscardón, Frías de Albarracín, Calomarde, Ródenas, Pozondón y Monterde para suministrar los bienes de primera necesidad a las familias. Como no podía ser de otra forma, el papel higiénico, la levadura y el pollo también estuvieron en los primeros puestos de venta en esta zona de la provincia de Teruel.

Entonces, la clientela era de todo tipo, ya que en la mayoría de los pueblos no hay supermercado y con las restricciones de movilidad y el miedo al contagio, la gente intentaba salir de casa lo menos posible.

Ahora, con una situación menos dramática, el servicio se ha mantenido, aunque se han reducido las rutas de tres a una, por un evidente descenso de la demanda. Además, los clientes mayoritarios son actualmente personas de avanzada edad.

Un público al que Manolo y el resto del equipo le facilita el día a día, llevando una vez por semana, los jueves, la compra que les encargan por teléfono los miércoles. “Nos llaman para decirnos qué quieren, lo preparamos y el jueves a primera hora salimos para el reparto”, explica Manolo.

Una vez en destino, la furgoneta va casa por casa distribuyendo los pedidos, que se pagan en efectivo y en mano, sin coste adicional por la entrega. “Lo establecimos así al principio, porque nos pareció más una labor social que un negocio, y ahora lo hemos mantenido porque son los mismos clientes”, comenta.

De las tres rutas iniciales, se conserva solo una, fundamentalmente porque en Royuela tienen una clientela fija de unos 15 vecinos. Así, aunque de los 50 pedidos semanales que se recogían durante los primeros meses de la pandemia, ahora se reparten unos 25, el servicio sigue siendo rentable para el negocio de comestibles de Manolo.

Para ello, el día a día en su tienda se ha tenido que adaptar a la nueva situación. Los miércoles está cerrada al público para poder preparar los pedidos y los jueves, una persona está dedicada durante toda la mañana al reparto. “Serán unos 60 kilómetros de recorrido pero por las carreteras de la sierra hay que ir despacio”, explica Manolo.

Al contrario que en muchos otros negocios, la pandemia ha supuesto para su empresa más trabajo. De hecho, durante el mes de agosto, tuvieron que paralizar el servicio de entregas a domicilio porque la clientela de la tienda física creció exponencialmente. “Siempre es un mes de mucho trabajo pero este año, más todavía”, asegura. Y es que muchas personas con segunda residencia en Bronchales o en otros pueblos de la Sierra de Albarracín han pasado sus vacaciones en la zona, que también ha sido destino de muchos turistas.

Un negocio familiar que se va reinventando

Lejos de verse obligado a solicitar un ERTE, la plantilla de cuatro personas de la tienda se ha mantenido en todo este tiempo, incluso no hubiera sobrado alguna más. A este equipo, hay que sumar otros tantos trabajadores, empleados en la fábrica de embutidos La Tinaja, lanzada por Manolo y su hermano hace cinco años.

Los orígenes del negocio se remontan a principios de los 70, cuando los padres de Manolo y de sus tres hermanos abrieron una pequeña carnicería. Una década después, incorporaron el supermercado y cuando se jubilaron, hace unos 15 años, dos de sus hijos tomaron las riendas de todo. Una vez dentro del sector, dieron el salto a la venta al por mayor desde la fábrica de embutidos.

En esta línea de negocio, Manolo reconoce que sí han notado negativamente el efecto del coronavirus. “Durante los primeros meses vendimos un 80% menos de lo habitual”, asegura. Un bache que se ha suplido con mucho trabajo y, sobre todo, con la búsqueda de nuevas oportunidades dentro de la crisis, como el servicio a domicilio.

Lo que surgió como una medida extraordinaria por ayudar a personas que no tenían acceso a bienes de primera necesidad, se ha adaptado a la nueva situación. “Algunos pedidos son de 15 euros y otros, los menos, de cien. Pero la intención es mantenerlo, quizás incluyendo un coste por envío y siempre que siga saliendo rentable”, explica Manolo.

Al mismo tiempo, los planes para La Tinaja son mejorar la página web para que funcione realmente como plataforma de venta. “Ahora, enviamos pedidos sobre todo a Valencia pero el cliente, que nos conoce porque veranea en la zona, los realiza casi siempre por teléfono o por correo electrónico”, comenta.

Fomentar la venta online e incorporar a su catálogo otros productos, como el ternasco, uno de sus top ventas, son los objetivos más inminentes para la fábrica de embutidos.

Mientras tanto, los vecinos de Pozondón casi a diario, los de Royuela, Moscardón y Terriente, cada semana, y los de Frías de Albarracín y Calomarde, cada quince días, siguen realizando sus pedidos al súper. La mayoría lo hacen por teléfono aunque los más jóvenes y los más allegados también utilizan whatsapp, donde todo queda escrito y no caben las confusiones.

El servicio no se publicita de ninguna forma pero, en este caso, el boca oreja funciona mejor que cualquier otro medio de comunicación. No obstante, aunque esa cercanía de los pueblos facilite darse a conocer, lo que mantiene viento en popa el negocio es el empeño que Manolo y su equipo le ponen cuando se trata de prestar servicio a sus vecinos.

La tienda física está abierta de lunes a sábado (a excepción del miércoles, para preparar pedidos) y los repartos se realizan los jueves. También se preparan los pedidos que se envían por mensajería y se negocia con los distribuidores para vender en grandes cantidades los productos de La Tinaja. “Últimamente siempre estoy muy liado”, reconoce Manolo. Un cansancio que, en tiempos de covid es una suerte, que no cuestión de suerte. Ese factor poco tiene que ver cuando se busca la oportunidad y se tiene claro que reinventarse es la clave para no parar de trabajar.

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