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Teruel

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Las Hermanas Carmelitas se despiden de Teruel tras 360 años de presencia

Las religiosas, muy unidas a la ciudad, bordan el pañuelo que los peñistas ponen al Torico cada año
en la Vaquilla

La madre Maria Lusia, superiora del convento de las Carmelitas Descalzas de Teruel que abandonan el convento debido a su avanzada edad. Foto Antonio Garcia/Bykofoto. 20/11/20[[[FOTOGRAFOS]]]
La madre María Teresa, superiora del convento de las Carmelitas Descalzas de Teruel. 
Antonio García/Bykofoto

En el convento de las Carmelitas Descalzas de Teruel se respira tristeza. Las últimas 6 hermanas de esta orden religiosa que quedan en el enorme caserón levantado en el siglo XVII justo detrás de lo que hoy es la oficina de Correos, dejan la ciudad esta misma mañana. Se mudan a un monasterio del municipio valenciano de Puzol, donde estarán más acompañadas y mejor atendidas ahora que todas han cumplido los 80 años de edad.

La congregación se va de la capital turolense tras 360 años de presencia en la ciudad. La madre superiora, María Teresa, recordó este viernes los muchos avatares vividos por las más de 150 religiosas que han pasado por el convento desde que se fundara hace casi 4 siglos. La invasión napoleónica, la desamortización de Mendizábal o la Guerra Civil, cuando el edificio fue utilizado como hospital y albergó los restos de los Amantes de Teruel en el panteón monacal.

Pese a ser monjas de clausura, las hermanas carmelitas siempre han estado muy vinculadas a la sociedad turolense y han participado de la vida de la ciudad. Prueba de ello es que cada año se encargan de decorar con bordados el pañuelo rojo que las peñas vaquilleras colocan al cuello de la emblemática estatua del Torico cada Sábado de Vaquilla después de trepar por la columna entre una masa enfervorecida de turolenses y visitantes.

El grupo de hermanas que se va, todas nacidas en la provincia turolense, lleva 60 años en la capital mudéjar. "Nos duele mucho dejar el entorno y la Diócesis, pero nos hemos hecho mayores y nos obligan a tomar una decisión", afirma la madre María Teresa. "Este momento –continúa– es muy difícil para nosotras".

Admite que el convento, por su antigüedad y sus enormes dimensiones, nunca termina de calentarse en invierno, lo cual supone un considerable problema ante la crudeza del clima turolense. Al ser tan escaso el número de religiosas, es complicado cumplir, además, con todo el trabajo que genera un monasterio y que incluye desde atender el torno por el que las religiosas se comunican con el exterior, a cocinar, asistir como sacristana al sacerdote que celebra la misa o llevar la enfermería. En el trasfondo de su partida se encuentra también la "falta de vocación religiosa entre la gente joven", que habría dejado medio vacíos los conventos.

Una misa a cargo del obispo de Teruel, Antonio Gómez Cantero, sin más fieles que las religiosas debido a la pandemia, fue este viernes la despedida que la Diócesis ofreció a las carmelitas. "Seguiremos orando por todos los turolenses", manifestó la madre María Teresa, quien recomendó a la población "apoyo mutuo para superar este difícil momento histórico".

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