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Habitaciones vacías y menús para llevar en el hotel del Matarraña La Parada del Compte

Sin turistas por las restricciones de movilidad, el establecimiento, situado en la antigua estación de tren de Torre del Compte, atraviesa sus peores momentos

Maruja y José Luis, en las antiguas vías del tren donde hoy está el Hotel la Parada del Compte.
Maruja y José Luis, en las antiguas vías del tren donde hoy está el Hotel la Parada del Compte.
Heraldo

Primero desaparecieron los trenes y ahora lo han hecho los turistas. La antigua estación de Torre del Compte, en el Matarraña, es un hotel, ahora de habitaciones vacías. Maruja Gerona y José Luis Guimerá regentan la Parada del Compte desde hace seis años. Cuando la línea ferroviaria que conecta el Bajo Aragón con Cataluña dejó de funcionar, las instalaciones de la estación fueron adquiridas por un particular y acondicionadas para funcionar como establecimiento hotelero.

Sus actuales gestores son un matrimonio de la zona, ella es del propio Torre del Compte y él de Valderrobres, que siempre se había dedicado a la restauración. En 2014 los anteriores arrendatarios del complejo, que se alquila para su explotación, lo dejaron libre y Maruja y José Luis vieron la oportunidad de tener su propio negocio en su tierra.

El espacio, donde se ha mantenido la estructura de la antigua estación, cuenta con 11 habitaciones, que se distribuyen desde lo que en origen fue el andén, acondicionado ahora como jardín. En el antiguo muelle de carga y almacén está ahora el restaurante con una amplia terraza donde no solo pueden comer los huéspedes del hotel, sino todo el que se acerque por allí.

Gracias a esto y a que también preparan menús para llevar, el negocio se va manteniendo en uno de sus peores momentos. “Sin turistas que vengan a visitar la zona a propósito estamos perdidos”, lamenta Maruja. Y es que con este segundo confinamiento y dadas las restricciones de movilidad, el Hotel la Parada del Compte está muy limitado.

Su público habitual son turistas en busca de actividades al aire libre y en contacto con la naturaleza. “Suelen venir muchos catalanes, valencianos, también desde Madrid y cada vez más personas de Zaragoza”, comenta Maruja.

Las instalaciones se han mantenido con la estructura de la antigua estación de tren.
Las instalaciones se han mantenido con la estructura de la antigua estación de tren.
Heraldo

El paso por el mismo hotel de la vía verde Val de Zafán, que conecta La Puebla de Híjar con Tortosa por donde antes pasaba el tren, es uno de los principales atractivos de las instalaciones, que sirven como parada para muchos de los ciclistas que están realizando la ruta.

Su localización en plena naturaleza, alejado incluso del núcleo urbano de Torre del Compte, que está a dos kilómetros, ha sido siempre una ventaja y un reclamo del hotel. Pero este año su condición un tanto aislada está perjudicando al establecimiento. “No es un sitio por el que se pase sin querer, hay que venir a posta”, explica Maruja. Y esto, cuando el negocio trata de sobrevivir con muchos menos ingresos, prácticamente solo los del restaurante, y los mismos gastos fijos (alquiler, impuestos, seguros, seguridad social, agua, luz…) no ayuda.

“Este verano hemos trabajado más que otros años”

Afortunadamente, el Matarraña ha sido uno de los destinos más populares de este verano en Aragón y el hotel la Parada del Compte se ha beneficiado de ello. “Hemos trabajado más que otros años”, reconoce Maruja, quien achaca este aumento de clientes a que no se ha viajado tanto al extranjero. “Ha sido una temporada muy buena tanto para nosotros como para el resto de establecimientos turísticos de la comarca”, asegura.

La bonanza de los meses estivales está haciendo posible que ahora Maruja y José Luis puedan aguantar con una ocupación prácticamente nula. “Quienes vienen a la zona por motivos laborales o están de paso se suelen alojar en poblaciones más grandes, como Valderrobres”, explica, suponiendo para su establecimiento la pérdida de los escasos usuarios potenciales mientras no haya turistas.

Para suplir este descenso de clientes, también en el restaurante, el servicio se ha adaptado a la situación actual y se preparan menús para llevar. “Nos los encargan por teléfono y, o bien los vienen a recoger o bien los llevamos a los pueblos cercanos”, explica. Una opción nada desdeñable para reuniones de amigos o familias, ya que los platos que salen de los fogones de la Parada del Compte no son cualquier cosa. “Hacemos una cocina tradicional pero con toques innovadores. Solemos utilizar productos de la zona incorporando otros más actuales”, indica Maruja. Además, la oferta es bastante personalizada, ya que tan pronto preparan un menú del día sencillo como uno de degustación o un banquete para hasta cien comensales.

Las instalaciones gozan además de una amplia terraza de cien metros cuadrados donde la distancia entre mesas está más que garantizada. Lo que no acompaña tanto son las condiciones climatológicas. “Hasta el momento hemos ido aguantando porque está haciendo muy buen tiempo pero a partir de ahora las terrazas no van a ser una opción”, vaticina José Luis. “Podría serlo para tomarse algo, pero comer y menos cenar con el abrigo puesto y con frío no es cómodo”, añade.

Acondicionar el espacio exterior con calefacción no lo contemplan ya que supondría una inversión económica cuyo retorno es dudoso. “Éste no es un sitio por el que uno pasa por casualidad y se sienta a tomar algo y no tenemos una clientela asidua que nos garantice unos ingresos mínimos todos los días”, reconocen.

"Es un dilema, porque si nos quedamos, mal; pero si nos vamos, también"

Lo que sí tienen fijo es el servicio de catering que prestan al centro de salud de Valderrobres. Todos los días llevan la comida, dos menús, al personal médico y de enfermería del centro.

Aguantar o cerrar, un dilema a corto plazo

Con un ojo puesto en los anuncios que el Gobierno va dando sobre restricciones de movilidad y a la espera de saber si este puente de la Constitución o en navidades se permitirán más desplazamientos, a Maruja y a José Luis les ha pasado de todo por la cabeza.

Actualmente ellos dos solos se hacen cargo del hotel y del restaurante. En tiempos de bonanza hacen contratos eventuales para cubrir los picos de trabajo pero ahora se plantean incluso quedarse solo uno de los dos. Otra opción, la que menos les gusta, es cerrar. “Es un dilema, porque si nos quedamos, mal, pero si nos vamos, también”, confiesa Maruja.

Por el momento, la idea es no tomar ninguna decisión al menos hasta fin de año y quizás tratar de negociar el precio del alquiler con el dueño. “El verano ha ido bien y tenemos cierto colchón económico”, añaden. “Y si no, nos iremos unos meses a la playa a descansar”, comentan, entre la risa y la resignación.

FOTO 2. Las instalaciones se han mantenido con la estructura de la antigua estación de tren. Heraldo.es

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