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Teruel

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"Pensé que ahí acababa mi vida"

Una enfermera y una médico denuncian que un paciente les apuntó con una pistola en una visita domiciliaria en Burbáguena. El arma resultó ser falsa

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Pilar Gonzalvo y Gemma Redolar, en el centro de salud de Báguena, en una foto tomada días antes de que sufrieran la agresión.
Heraldo

Una médico y una enfermera del centro de salud de la localidad turolense de Báguena, Pilar Gonzalvo y Gemma Redolar, denuncian haber sido víctimas de una agresión por parte de un paciente mientras lo atendían en su domicilio de Burbáguena la tarde del pasado 2 de mayo.

Según relatan las dos sanitarias, el enfermo, de 63 años de edad y aquejado de dolor, estaba siendo asistido cuando se dirigió a una habitación de su casa y salió con una pistola con la que apuntó a la cabeza de la médico a una distancia de un metro o metro y medio. Ante esta situación, la enfermera reaccionó dando un golpe con su mano al brazo del paciente y desviando el arma hacia el techo, momento en que el hombre accionó el gatillo oyéndose un "click", refieren las dos profesionales. A continuación, el enfermo dirigió el arma hacia la enfermera, volviendo a apretar el gatillo otras dos veces, sin que saliera ningún proyectil, explican.

Aunque el arma resultó ser "de juguete", según informa la Guardia Civil, el suceso ha provocado un gran trauma en las dos profesionales sanitarias, que se encuentran de baja recuperándose del impacto psicológico tras lo sucedido.

"Si hubiese habido balas, no falla, estaríamos muertas", explica Gemma Redolar, muy afectada por el incidente. "Pensé que ahí acababa mi vida, pasaron por mi cabeza las imágenes de mi marido y mis dos hijos", recuerda aún sobrecogida. 

"Pasé miedo, mucho miedo. Cada día va siendo peor... mi cabeza no deja de darle vueltas, no te puedes quitar la imagen y no dejo de pensar en mis hijos y mi familia", rememora Pilar Gonzalvo.

Ambas sanitarias no se explican la razón de lo sucedido. Según cuentan, el paciente no había ido a la farmacia a por la medicación que necesitaba para calmar el dolor, por lo que requirió asistencia médica domiciliaria por teléfono. Cuando Pilar y Gemma llegaron a la casa para inyectarle el calmante, el paciente y su hermana estaban ya muy enojados y enseguida empezaron a amenazarles, relatan. La médico y la enfermera explican que soportaron insultos y que, tras el simulacro de los disparos, fueron arrojadas de la casa a empujones y bajaron las escaleras trastabillándose. 

Añaden que se han sentido "desamparadas" por la Administración sanitaria, pues salvo sus jefes más directos, nadie se ha interesado por ellas. 

Desde el Gobierno aragonés indican que, en cuanto supieron lo ocurrido, pusieron los hechos en conocimiento del Juzgado de Calamocha e informaron al personal del centro de salud de Báguena acerca de cómo proceder si alguno de los empleados debía volver a la casa de este mismo paciente, que en dicho caso sería acompañados de agentes de la Guardia Civil. 

El Juzgado de Calamocha ha abierto diligencias previas por un posible delito de trato degradante y atentado contra la autoridad sanitaria, sin que se haya detenido a nadie.  

Un familiar del presunto agresor ha atribuido a los terribles dolores que este soportaba y a la prolongada situación de confinamiento el estado de alteración que presentaba el paciente, si bien ha rechazado realizar declaraciones sobre lo ocurrido. 

La Central Sindical Independiente y de Funcionarios Csif ha pedido explicaciones sobre los hechos al Departamento de Sanidad del Gobierno aragonés. "Queremos saber qué pasó y qué medidas se han tomado para proteger a los trabajadores. Siempre hemos denunciado las agresiones que sufren los profesionales sanitarios, y este hecho es especialmente grave en una situación de crisis como la actual", señala en un comunicado.

 

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