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Utah vuelve la mirada hacia Jabaloyas

La web oficial del estado del oeste de EE. UU. recuerda la llegada de decenas de emigrados de la localidad turolense y su «empobrecida región» en el primer tercio del siglo XX.

Mariano Jarque, un emigrado de Jabaloyas en Utah.
Mariano Jarque, un emigrado de Jabaloyas en Utah.
Familia Pradas Jarque.

El estado de Utah, en el oeste de los Estados Unidos (EE. UU.), vuelve su mirada hacia Jabaloyas con motivo de la emigración que recibió desde esta pequeña localidad de la sierra de Albarracín a principios del siglo XX. La web oficial del Gobierno estatal publica un reportaje titulado ‘De las montañas de España a las montañas de Utah’ que recuerda cómo «una gran parte» de los vecinos de Jabaloyas llegó hace un siglo para trabajar y mejorar sus condiciones de vida.

El reportaje de www.utah.gov cuenta cómo el investigador Raúl Ibáñez, oriundo de la sierra de Albarracín y estudioso de la emigración turolense a EE. UU., contactó hace tres años con instituciones de Salt Lake City, la capital estatal, en busca de información sobre la ola migratoria del primer tercio del siglo XX desde las tierras altas turolenses a las minas y granjas de Utah.

La historiadora Holly George, autora del texto, relata el primer contacto con Ibáñez y su investigación a través de «un intrigante mail» que le abrió las puertas a una historia desconocida para ella. «Un siglo atrás –escribe–, una gran parte de los vecinos de Jabaloyas partió de sus montañas y su empobrecida región hacia Nueva York para trabajar como mineros y pastores».

La propia George se implicó personalmente en la búsqueda de información en los archivos de la universidad estatal. «La historia de las relaciones entre la provincia de Teruel y el estado de Utah estaba en marcha», recuerda. Añade que Ibáñez «ha recreado» la historia del asentamiento turolense «en el oeste de América».

Un emigrado de La Puebla de Valverde, con su esposa en Exeter (California).
Mínguez, un emigrado de La Puebla de Valverde, con su esposa en Exeter (California).
Fernando Novella

La historiadora añade que la voluntad de Jabaloyas de hermanarse con un municipio de Utah en recuerdo del antiguo vínculo migratorio «no ha dado todavía resultado, en parte porque la ciudad de Bingham Canyon –principal destino de los turolenses– quedó despoblada a principios de los años setenta del siglo XX».

En total, Raúl Ibáñez, ha constatado la salida de 132 vecinos de Jabaloyas –el censo actual es de 63 vecinos– hacia Utah e Idaho, principalmente. Corrieron suertes desiguales y la gran mayoría regresó a su pueblo natal tras hacer algunos ahorros. Trabajaron en las minas de cobre de Bingham Canyon y en la ganadería. Algunos hasta hicieron fortuna, como el caso de un emigrado que estuvo empleado de minero inicialmente, para pasarse después al pastoreo y terminar como un boyante empresario hostelero al calor de la Ley Seca.

El Ayuntamiento de Jabaloyas mantiene, no obstante, su voluntad de hermanarse con Copperton, una población cercana a la desaparecida Bingham. Raúl Ibáñez explica que, una vez superada la interinidad del Gobierno central, se retomarán los contactos por vía diplomática. En breve, además, la revista de historia del estado, ‘Utah Historical Quarterly’, publicará un trabajo sobre los lazos migratorios con Teruel.

La oleada cumple cien años

El reportaje aparece en el portal del Gobierno de Utah cuando se cumple el primer siglo del punto álgido de las salidas de turolenses en dirección a los Estados Unidos. El municipio que más salidas registró –por delante de Jabaloyas– fue La Puebla de Valverde, con 165 emigrados, 27 de ellos se embarcaron el 20 de agosto de 1920 en el buque México en busca del sueño americano. La expedición partió del puerto de Le Havre, en la costa atlántica de Francia, y llegó a Nueva York el 9 de septiembre. Entre los emigrantes había cinco niños con edades comprendidas entre uno y siete años, lo que apunta a la salida de familias enteras. Uno de los expedicionarios fue Eleuterio García Guillén, que tenía 32 años y un gran afán de mejorar sus condiciones de vida y «vivir aventuras», como explica su bisnieto, que ha investigado la peripecia de su bisabuelo en los EE. UU.

La nutrida representación de La Puebla de Valverde en el México refleja el atractivo que los EE. UU. tenían en esta localidad y en otras del entorno de la capital y de la Sierra de Albarracín como destino migratorio. Raúl Ibáñez, que ha documentado la salida de 1.005 turolenses hacía el Nuevo Continente en el primer tercio del siglo XX, señala que 1920 fue el año punta de las salidas, con prácticamente la mitad del total.

Eleuterio, que aparece en el manifiesto del México como Elenterio, se asentó en el municipio de Monaville, en el estado de Virginia Occidental, para trabajar en la minería. Viajó hasta allí con un hermano, Ramón, de 27 años, y a ambos les sirvió de persona de contacto a la llegada, Basilia García, también de La Puebla de Valverde y residente en Detroit.

Bingham Canyon, la localidad minera a la que llegaron los emigrados de Jabaloyas y que ya no existe.
Bingham Canyon, la localidad minera a la que llegaron los emigrados de Jabaloyas y que ya no existe.
Utah State Historical Society

Eleuterio desembarcó en Nueva York con 45 dólares en el bolsillo. En el control aduanero, dijo que era granjero, que estaba casado y quería quedarse en el país «indefinidamente». Declaró que «no era polígamo ni anarquista».

El bisnieto recuerda que su abuelo le decía que su padre, Eleuterio, había trabajado en minas de California, pero tras hacer algunas «indagaciones» descubrió que el destino había sido Virginia Occidental. Carpintero de profesión, se dedicó a construir alojamientos para los mineros.

Después de pasar 15 años en los Estados Unidos, Eleuterio «regresó con lo puesto». Otros emigrados de La Puebla hicieron fortuna y algunos de ellos regresaban en verano a su pueblo natal para demostrar que habían hecho realidad el sueño americano.

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