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Aguilar de Alfambra: queso curado a la sombra del chopo cabecero

Las singulares arboledas que crecen en torno a ríos y barrancos constituyen una seña de identidad para Aguilar del Alfambra, que lucha contra la despoblación fabricando queso de calidad.

El chopo cabecero se ha convertido en el principal referente identitario de Aguilar del Alfambra, especialmente tras la declaración en 2018 del Parque Cultural dedicado a este árbol singular que domina el paisaje de los valles y barrancos de gran parte de las tierras altas de la provincia de Teruel. Paralelamente, se ha desarrollado en la localidad una potente industria quesera promovida por un grupo de inversores locales empeñados en crear empleo explotando una tradición y unos recursos autóctonos.

Los chopos cabeceros constituyen una antigua fórmula de explotación forestal compatible con el pastoreo. Los árboles se trasmochan –se eliminan todas las ramas cada 15 años para aprovecharlas como vigas y leña– por encima de una altura suficiente para que los nuevos brotes queden fuera del alcance del ganado. La plataforma Aguilar Natural se empeñó en utilizar esta práctica forestal y el singular arbolado que genera como punto de partida de un parque natural que se extiende por la cuenca alta del Alfambra, incluida Aguilar, cuyo alcalde –Enrique Galindo, en la actualidad– ostenta, además, la presidencia del patronato gestor.

Uno de los impulsores, Ivo Aragón, explica que los vecinos comprendieron que con el chopo cabecero tenían “un patrimonio de primer orden” y retomaron un antiguo proyecto para crear un parque cultural en torno a este árbol, “un elemento diferenciador” dentro de la oferta turística aragonesa. Los ayuntamientos implicados, primero, y la DGA, después, se sumaron a la iniciativa hasta hacerla realidad.

Vicente San Francisco aúna las condiciones de promotor del parque cultural y de la quesería Hontanar. Explica que en 2002 con otros 37 socios –vecinos del pueblo o naturales de Aguilar pero emigrados– decidieron poner en marcha la fábrica de quesos porque “el pueblo venía abajo” por la despoblación. Apostaron por un producto “de calidad” que genera empleo y actividad económica. Desde entonces, acumulan una inversión de dos millones de euros y han creado 11 puestos de trabajo, demasiados para la escasa mano de obra local –el pueblo tiene 35 residentes fijos, aunque el censo se eleva a 63–. La explotación ocupa 3.500 metros cuadrados, 500 de ellos para la quesería y el resto para el ganado.

La producción anual asciende a 80.000 kilos, que se reparten entre 70.000 de queso de oveja y 10.000 de cabra. La leche de ovino la produce su propio rebaño de 1.000 ejemplares de la raza Assaf, de origen israelí y excelente productora de leche, mientras que la leche de cabra la compran en Villastar. Los principales mercados para un queso que se presenta en una docena de variantes –además de la cuajada– son la Comunidad Valenciana, Barcelona y Aragón.

Los cada vez más frecuentes visitantes que llegan atraídos por los bosques de ribera del chopo cabecero se pueden llevar, de paso, un producto autóctono como el queso, que hasta que apareció Hontanar solo se elaboraba para el autoconsumo. Vicente San Francisco explica que la declaración del Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra –que se extiende por diez municipios– por la DGA el 3 de mayo de 2018 ha tenido ya impacto en el turismo. “Se nota que hay más visitas de particulares y de grupos de escolares de distintos puntos de Aragón”, cuenta San Francisco.

Manoli Miravet, la gestora del Multiservicio de la localidad, lleva al frente de este establecimiento, que aglutina bar, tienda y hostal, desde julio de 2017. Afirma que ahora llega “mucha gente” de Valencia, Zaragoza y Barcelona para ver las choperas y también otros atractivos de la localidad, como sus yacimientos de icnitas. Miravet añade que “hay curiosidad” por ver de cerca los monumentales chopos cabeceros que crecen junto al Alfambra y en todos los riachuelos y barrancos.

Uno de los parajes más espectaculares del municipio son las sucesivas gargantas excavadas por el río Alfambra en montañas peladas de vegetación, un lugar conocido como los Estrechos. Junto al cauce y en los afluentes los chopos forman hileras de árboles robustos y desnudos de hojas en invierno. Vicente San Francisco explica que el otoño es “el mejor momento para sacar buenas fotos del paisaje”. Con la caída de la hoja, las arboledas se tiñen de amarillo, rojo y verde, una combinación exuberante de colores que no se repite el resto del año.

En los Estrechos se puede ver también el vuelo de los numerosos buitres que anidan en las paredes calcáreas abiertas por el río entre Aguilar y Galve. 

Pero el repunte turístico propiciado por el Parque Cultural y los fósiles o el empleo derivado de las quesería no han servido para reabrir las escuela, cerrada desde hace 31 años. Los tres niños de la localidad se marchan cada día a la vecina Camarillas a estudiar.

El castillo inacabado que se reconvirtió en la ermita de la Virgen de la Peña

Uno de los monumentos más singulares de Aguilar del Alfambra son los restos del castillo del siglo XII situados junto a la ermita de la Virgen de la Peña, destino de romerías festivas. La fortificación, de un centenar de metros de largo y con un grosor de metro y medio, está construida con sólida mampostería. Se levanta en el borde de un páramo a punto de precipitarse en los estrechos que abre el río Alfambra camino de Galve.

El historiador Ivo Aragón, de Aguilar, recoge la historia del castillo en su reciente libro ‘Con son de campana por él tañida’, sobre la historia del pueblo. Señala que las catas arqueológicas indican que la fortaleza no llegó a terminarse. "El rápido avance de la conquista cristiana" hizo innecesario el baluarte, según explica. Sin embargo, el lienzo y los torreones que se construyeron se aprovecharon parcialmente al adosarles en el siglo XV la ermita de la Virgen de la Peña, que incorpora una torre a la estructura del templo. El enclave se levanta a su vez sobre un yacimiento de la Edad del Bronce datado unos 2.000 años de antes de Cristo.

Un yacimiento de huellas de dinosaurio reproducido para su fácil observación

Las huellas fósiles de dinosaurio o icnitas constituyen un reclamo turístico de primer orden en Aguilar del Alfambra, localidad limítrofe con Galve, una auténtica mina para la paleontología. Dinópolis se encargó de construir una réplica de la serie de icnitas descubierta en el Hontanar para montarlas en un panel situado en un lugar más accesible para los visitantes.

El yacimiento del Hontanar tiene la singularidad de que el hueco de las pisadas fósiles aparece en relieve, en lugar de presentar la típica depresión del suelo causada por el peso del animal que las originó. La reproducción, instalada por Dinópolis hace seis años entre las choperas que crecen junto al Alfambra, muestra los rastros dejados por ocho dinosaurios de dos especies distintas sobre un suelo fangoso.

Cerca del lugar se puede visitar también un excepcional chopo cabecero conocido como el Fénix, un viejo árbol que se desplomó y que ha alumbrado un nuevo chopo a partir das ramas que quedaron en contacto con la tierra. Los vecinos resaltan que el entorno formado por los Estrechos, las choperas, el río Alfambra y el yacimiento de icnitas configura "el paisaje más bonito del pueblo".

En datos

Comarca: Cdad. de Teruel.

Población: 63.

Distancia a Teruel, su capital de provincia: 49,5 km.

Los imprescindibles

Contra la mina de arcilla

Los vecinos de Aguilar se han movilizado repetidamente desde 2008 contra el proyecto para abrir una mina de arcilla en el municipio por entender que supone un agresión inasumible para el paisaje y el medio ambiente.

Un árbol "cultural"

El chopo cabecero es el eje del Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra y de una Arboleda Singular que se extiende Ababuj, Aguilar y Jorcas, además de estar declarado bien de interés cultural inmaterial desde 2016.

Compendio de historia

Ivo Aragón, un historiador de Aguilar del Alfambra, acaba de publicar el libro ‘Con son de campana por él tañida’, en el que repasa la trayectoria del pueblo desde el siglo XII a XIX a partir de un trabajo concienzudo pero "divulgativo".

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