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Teruel

Un deportado de Calaceite, la clave olvidada de 'El fotógrafo de Mauthausen'

El filme, centrado en Francisco Boix, ignora el papel que jugó su amigo Jesús Grau en la ocultación de los negativos que sirvieron para condenar a jefes nazis en Nuremberg.

Grupo Poschacher de deportados españoles en Mauthausen.
Grupo Poschacher de deportados españoles en Mauthausen posa tras la liberación. El primero por la izquierda, abajo, Jesús Grau.
Heraldo.es

La reciente película ‘El fotógrafo de Mauthausen’, protagonizada por el actor Mario Casas, repasa la peripecia del fotógrafo español Francisco Boix para sacar del campo de concentración los negativos de las fotos que servirían para condenar a jerarcas nazis al terminar la II Guerra Mundial. El filme ignora, sin embargo, el papel jugado por el principal colaborador de Boix para ocultar los clichés fuera de las alambradas, Jesús Grau, nacido en Calaceite. Su hija, Antonia Grau, reconoce que comprobar que su progenitor no aparece por ningún lado en la película le «disgustó un poco». Considera que un relato sobre la preservación de las pruebas que ayudaron a sentar en el banquillo de Nuremberg a dirigentes de la Alemania nazi «debería haber contado» con uno de sus principales protagonistas, su padre.

La película, dirigida por Mar Targarona, dedica todo el protagonismo a Francisco Boix, pero no incluye ninguna referencia al grupo de deportados republicanos españoles que sacaron a escondidas los negativos de imágenes que mostraban las crueldades del campo de concentración. Sí figuran personajes nazis que jugaron un papel en Mauthausen (Austria), como Frank Zierais y Paul Riken. Según una fuente de la productora del filme, ‘Rodar y Rodar’, hay otros papeles que se «inspiran» en «diferentes deportados», pero no encarnan a ninguno de ellos en concreto.

Antonia Grau se muestra decepcionada porque su padre vuelva a quedar marginado de un relato sobre Francisco Boix y su papel como acusador de los responsables del campo de Mauthausen, donde trabajó como fotógrafo del servicio de identificación. Antonia atribuye la penumbra que oculta la figura Jesús Grau a que «nunca quiso protagonismo». Aclara también que ningún medio de comunicación se dirigió a él para saber cómo sacaba del campo de concentración los negativos junto con otros republicanos presos, como Jacinto Cortés y José Alcubierre. Formaban parte del grupo conocido como ‘Poschacher’ por el nombre de la cantera privada en la que trabajaban al otro lado de las alambradas.

«No hablaba mucho de todo aquello», relata Antonia, residente en Niza, la ciudad francesa en la que también murió Jesús Grau. Conoció la tarea desempeñada por su padre en la ocultación de los clichés escuchando las conversaciones que Grau mantenía con sus excompañeros de cautiverio en las reuniones que celebraban anualmente en el presidio nazi.

José Alcubierre, fallecido en 2017, recalcaba en una de sus últimas entrevistas que el primer deportado español con quien contactó Boix para sacar del campo de concentración sus comprometedoras fotos fue Jesús Grau, y precisa: «Era un chico al que le faltaba un ojo –lo había perdido a raíz de un accidente previo a la II Guerra Mundial–». Posteriormente, se sumaron a la operación otros presos españoles –entre ellos el propio Alcubierre–, que aprovechaban sus salidas diarias para trabajar en una cantera exterior para entregar los negativos a Ana Poitner, una austriaca contraria al nazismo que los ocultó en su casa. La mujer, conmovida por el lamentable estado de los presos republicanos, les hacia llegar comida por el mismo conducto por el que recibía los clichés. Jesús Grau definía a la mujer como su «segunda madre», como recuerda Antonia.

La hija del deportado español señala que una circunstancia clave para la supervivencia de los españoles y también para que jugaran un rol decisivo en la acusación contra los dirigentes nazis fue «lo unidos que estaban entre ellos». Los primeros republicanos llegaron al campo de concentración en 1940, entre ellos Jesús Grau y su padre, Ricardo –que pereció en cautividad–. Viajaron a bordo de un tren que partió de Angulema (Francia). Antonia señala que los ‘Poschacher’ eran un grupo «muy politizado» y cree que por eso Boix, militante del PSUC, confió en ellos para la delicada misión de salvar los clichés.

Fotos escalofriantes

Uno de los más «activos» en la tarea de preservar los negativos fue el discreto Jesús Grau. Su sobrina Isabel Sanmartín, residente en Zaragoza, recuerda que su tío «hablaba poco» de aquella etapa de su vida, pero ella «le sonsacaba» y logró que le mostrará un libro con las fotos obtenidas a partir de los negativos evadidos. A Isabel, las imágenes le parecieron «escalofriantes». Recuerda que su tío se las enseñó «con humildad, sin darle un tono trágico», aunque de hecho, con su misión, él y sus compañeros españoles «se jugaba la vida». Grau arrastró hasta la muerte, en 1990, las consecuencias de la tuberculosis contraída en el tristemente célebre campo de concentración.

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