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Teruel

El complejo turístico de la Baronía de Escriche, aparcado tras una inversión de ocho millones

La finca fue adquirida en 2001 por la DPT, que inició las obras para crear un complejo hotelero de lujo en 2008. Los contactos con siete empresas para vender el proyecto han fracasado.

A izquierda, el edificio de nueva planta que recrea la Casa Grande y, a la derecha, el bloque que ampliará la capacidad del hotel.
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Jorge Escudero

La Baronía de Escriche, un despoblado de Corbalán comprado por la Diputación Provincial (DPT) en 2001 con la intención de convertirlo en motor de desarrollo comarcal y en referente provincial de turismo de calidad, está en vía muerta tras 8 años de obras y una inversión que ronda los 8 millones de euros. Los trabajos para la adaptación al uso turístico están inacabados y hacen falta en torno a 7 millones de euros para finalizarlos, según cálculos de la propia DPT.

La finca, que incluye 498 hectáreas de prados y bosques y varias edificaciones de interés artístico e histórico, fue adquirida por la DPT por 1,3 millones de euros y las obras ejecutadas para levantar un hotel de nueva planta que integra elementos de la Casa Grande de la Baronía suman otros 6 millones de euros. Además, se han llevado a cabo trabajos de restauración y arqueológicos en edificios de valor cultural, como la ermita románica de los Reyes Magos, un torreón medieval y la iglesia barroca. La última intervención se centró en la capilla románica, con 162.000 euros de presupuesto. En 2018 está prevista una última actuación el este edificio del siglo XIII. En total, el gasto realizado ronda los 8 millones.

Pero el proyecto ha quedado aparcado con el edificio principal, la Casa Grande, con las puertas y ventanas tapiadas para evitar los robos y el vandalismo. También se han levantado las estructuras de dos edificios anejos, uno de ellos para ampliar la capacidad hotelera inicial, de 24, a 36 habitaciones.

La DPT considera inviable completar las obras y el equipamiento para abrir el proyectado «complejo hotelero de calidad», como lo describía la propia institución en 2008. El proyecto fue redactado por el prestigioso gabinete de Mangado y Asociados S. L. tras ganar un concurso de ideas –dotado con 30.000 euros– al que optaron 25 equipos. El presidente de la DPT, el aragonesista Ramón Millán, tiene muy claro que ahora no toca culminar esta iniciativa. «Hay otras prioridades, como atender a los 236 ayuntamientos o los 1.500 kilómetros de carreteras provinciales. No podemos gastar más dinero allí. Nos vamos a limitar a los gastos más imprescindibles para la conservación», sentencia.

Millán no cuestiona la adquisición, pero la enmarca «en unos años de vacas gordas donde ningún reto parecía excesivo». Pero la situación económica ha cambiado y «no se puede invertir más en la Baronía. Acabarla por nuestra cuenta sería una locura».

Para evitar que el proyecto quede inacabado indefinidamente y la obra ejecutada se deteriore por el paso del tiempo, la DPT ha contactado con siete grupos hoteleros para ofrecerles la posibilidad de adquirir la finca, terminar el hotel a su costa y explotarlo. Tres de las empresas contactadas cursaron visita a la Baronía y las otras cuatro, ni eso. Ninguna mostró interés por negociar la oferta. Ramón Millán ha señalado que, a pesar del entorno «maravilloso» y de la inversión ejecutada, «al ver lo que falta por hacer todos desisten».

Además de las obras de adecuación turística, la Diputación, con fondos propios o de otras administraciones –para llevar a cabo el proyecto se creó la sociedad mixta DPT-DGA Baronía de Escriche SL–, acondicionó un acceso rodado de siete kilómetros, abrió un pozo para abastecimiento de agua y dotó al lugar de conexión eléctrica. No se llegó a acometer una nueva conexión directa desde la autovía A-23 contemplada para facilitar la llegada de turistas.

La paralización indefinida del proyecto frustra las expectativas de desarrollo de Corbalán y su entorno. El alcalde, Rogelio Dolz, ha admitido que el pueblo está «decepcionado» con este proyecto, que calificó de «faraónico». Dolz ha añadido que el Ayuntamiento colaboró «en todo lo que pudo» para llevar adelante el complejo turístico, pero «no puede hacer más» con los recursos que proporciona un censo de 109 residentes.

Dolz ha señalado que a la dificultad de invertir los siete millones necesarios para acabar las obras se añade la complejidad de la gestión. Ha recordado que otros establecimientos turísticos emblemáticos de la DGA, como las hospederías de Allepuz o La Iglesuela del Cid, pasan por momentos difíciles. Le queda, no obstante, el consuelo de que la compra por la DPT salvó parte del patrimonio arquitectónico y cultural, que de haber seguido en manos privadas «se hubiera perdido». La Diputación extrajo y restauró las imponentes pinturas murales que decoraban las estancias del edificio principal y reparó todos los inmuebles, salvó la propia Casa Grande, que se demolió en su totalidad menos la portada –englobada en un edificio de hormigón con un diseño que imita el original–.

El diputado de Ciudadanos Ramiro Domínguez formuló una pregunta parlamentaria a la DGA para conocer sus planes respecto a la Baronía, aunque la respuesta no despejó sus dudas. A su juicio, es inaceptable que «una inversión que ha supuesto un gasto brutal se tire por la borda». Denunca que «ha faltado gestión y planificación», pero la obra ejecutada «no puede quedar expuesta al pillaje».

Domínguez propone utilizar el Fondo de Inversiones para culminar el proyecto y darle utilidad. Plantea, como alternativas, la cesión al Ejército como centro de maniobras o su uso para colonias escolares. «Lo que no puede ser es que semejante dispendio quede abandonado», concluyó.

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