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Teruel

"La batalla de Teruel acabó convirtiendo la guerra civil en una guerra total"

El historiador aragonés David Alegre Lorenz publica un libro que ofrece una visión inédita sobre el episodio bélico, al que califica como ‘el Stalingrado español’.

Tras la toma de Teruel por las tropas de Franco, los militares volvieron a colocar el popular Torico en su plaza.
"La batalla de Teruel acabó convirtiendo la guerra civil en una guerra total"
Martínez Gascón/heraldo

"La historia militar convencional aborda el estudio de cualquier guerra de manera aséptica, como si todo lo que sucedió fuera parte de una maquinaria engrasada que funcionaba a la perfección. Pero, en realidad, la guerra siempre es sucia y miserable, está llena de errores humanos y retos logísticos". Con este planteamiento abordó David Alegre Lorenz el estudio de la batalla de Teruel, un episodio decisivo en la guerra civil española. Ahora acaba de publicar ‘La batalla de Teruel’. Guerra total en España’ (La Esfera de los Libros), que se presenta el viernes, 6 de abril, a las 18.30 en el Museo de Teruel. No es, pese a sus más de 500 páginas y la abundancia de datos novedosos, el libro ‘definitivo’ sobre ese episodio.

"Ninguno lo es –reconoce–. Buscaba ofrecer una visión diferente desde las perspectivas más avanzadas de la nueva historia militar, pero también he dejado puertas abiertas para otros historiadores. Quería ofrecer una visión social de esa batalla, integrar en el relato el mayor número de voces y pueblos, desde Calamocha a Villastar; de Alfambra a Gea de Albarracín". Para Alegre, lo que hace importante a la batalla de Teruel es que "en ella, la guerra civil española se convierte en guerra total. Es el momento en el que los dos bandos se plantean la rendición incondicional del enemigo como única salida y emplean para ello todos los medios a su alcance. Es un punto de inflexión en la evolución de la guerra, y un momento en el que se difumina la frontera entre soldados y civiles".

Teruel fue la única capital de provincia que fue conquistada por las tropas republicanas tras duros combates, que se recrudecieron con la contraofensiva posterior del Ejército de Franco. Entre el 15 de diciembre de 1937 y el 22 de febrero de 1938 la ciudad y sus alrededores se tiñeron de sangre en una batalla de desgaste. El camino estaba abierto desde los combates de la segunda mitad de enero, y el 22 de febrero la ciudad de Teruel volvía a manos de Franco. "Curiosamente, la batalla se convirtió en decisiva sin buscarlo, porque en realidad era una maniobra del ejército republicano para distraer a los sublevados en su carrera hacia Madrid –señala el historiador–. Tenía que ir acompañada de otra maniobra similar en Extremadura, pero esta última no llegó a realizarse, y la batalla de Teruel se convirtió en decisiva".

Durante el asedio republicano las tropas franquistas estuvieron a punto de entrar en la ciudad en auxilio de quienes se habían sublevado y resistían en un par de reductos, pero retrasaron la entrada por razones propagandísticas (querían hacerla coincidir con el día de Año Nuevo), y eso dio oportunidades al bando republicano para reorganizarse. Una nevada histórica paralizó al bando rebelde. Y las condiciones que se generaron convirtieron la situación en lo que el historiador denomina ‘el Stalingrado de la guerra civil española’. "Desde un punto de vista militar –señala–, Teruel representó lo que pudo suponer Stalingrado en el Frente Oriental en la Segunda Guerra Mundial. En ambos casos fue definitivo, no tanto por los soldados o el armamento empleado como por las consecuencias militares y la trascendencia político-mediática, ya que las dos ciudades se erigieron en el símbolo de la determinación de los contendientes por vencer a cualquier precio".

Al combate en alpargatas

A su juicio, sin la batalla no se entiende la derrota republicana. "En 1936 España era un país pobre. La guerra civil no hubiera durado tanto si no hubiera sido por la ayuda extranjera, y cuando llegó la batalla de Teruel ya estaba claro que la República no podía vencer la guerra, sólo aspiraba a ganar tiempo para esperar integrar el conflicto en una guerra europea. Pero allí se vieron las caras 100.000 combatientes por un lado y otros 100.000 por el otro, luchando en el peor invierno del siglo y muchos de ellos equipados con alpargatas. Tuvieron que combatir en condiciones miserables. Para reconquistar la ciudad, Franco, al que algunos historiadores pintan como estúpido y no lo era, puso toda la carne en el asador para defender su imagen de líder invicto y la de su ejército siempre victorioso. Y barrió al ejército republicano durante la batalla por una superioridad de medios materiales. A partir de ese momento era cuestión de tiempo que la República claudicara. Faltaban efectivos y formación militar, y la moral de sus tropas estaba hundida".

El libro aborda la batalla de Teruel desde el punto de vista militar pero, también y sobre todo, desde la perspectiva social. Por eso va más allá del final de las operaciones militares. "La sombra de la guerra civil es alargadísima en la provincia de Teruel –subraya David Alegre–. Hay que verla en el alto número de suicidios, en los niños y recogedores de chatarra que fueron víctimas de las municiones abandonadas, en las numerosas mujeres solteras embarazadas... La provincia quedó partida en dos, muchos pueblos fueron desgarrados para siempre. La estructura económica quedó devastada. Cuando la gente volvió a los pueblos se encontró con que tenía que empezar de cero, poniendo piedras en mitad de las habitaciones para poder sentarse, porque toda la madera, hasta las molduras de las puertas, había sido utilizada por las tropas para calentarse".

El libro, en definitiva, "rinde homenaje a la gente de los pueblos y su modo de vida, a esa mayoría silenciosa de voces que ya no tendrán cabida en ninguna historia y que salieron adelante con todo en contra y en medio del trauma".

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