Teruel

El Instituto de Medicina Legal alerta del repunte de casos de ancianos que mueren solos en casa

En las áreas de Teruel y Calamocha hubo siete en 2017, por los cinco de 2016. Este año ya hay dos. Desde el Juzgado plantean a la Administración un mayor control de las personas sin apoyo familiar.

Lucía e Isidro –en el centro de la fila derecha–, en el bar de Formiche junto a otros vecinos.
Lucía e Isidro –en el centro de la fila derecha–, en el bar de Formiche junto a otros vecinos.
Jorge Escudero

A Primitivo Dolz lo echaron en falta sus amigos. Al fallar él, no sumaban cuatro para echar la partida de guiñote después de comer y fueron a buscarlo. Tocaron a su puerta pero no contestó. Preocupados, llamaron a la Guardia Civil, que al entrar en la vivienda halló su cadáver al pie de la escalera. Soltero y sin familia en el pueblo, vivía solo a sus 80 años y la tarde de antes, 31 de diciembre de 2017, se había caído hiriéndose mortalmente. Su fallecimiento ha sido un duro golpe para los 100 vecinos de Formiche Alto –a 15 kilómetros de Teruel–. Desconocedores del accidente de su paisano, celebraron con cava la Nochevieja en la plaza, a solo una calle de su casa, cuando él yacía en el suelo ya sin vida. No se han repuesto del disgusto.

Como él, cada vez más personas, casi siempre mayores, mueren solas en casa, por accidente o de forma natural, sin que nadie se percate de ello hasta pasado un tiempo. A veces se tarda meses en descubrir la tragedia, como ocurrió en abril del año pasado en Teruel, cuando fue hallado el cuerpo de una mujer de 79 años que llevaba muerta 90 días. La inusual presencia de moscas en el entorno de su piso fue lo que alertó a los vecinos. La relación más estrecha que existe entre habitantes del medio rural recorta el lapso hasta el hallazgo del cadáver.

Según la Subdirección del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA) en Teruel, hay un repunte de estos casos, debido, entre otros factores, al envejecimiento demográfico, la falta de apoyo familiar motivada por los cambios sociales, la despoblación y, también, la escasa adaptación social que sufren algunas personas de la tercera edad.

De acuerdo a los datos recabados por el IMLA, en 2016 se registraron en los partidos judiciales de Teruel y Calamocha cinco fallecimientos de personas que vivían solas en casa, casi todas mayores de 65 años. En 2017, la cifra subió a siete. Cuando aún no ha terminado enero de 2018, ya ha habido dos muertes de personas en soledad, la de Primitivo y la de otro hombre de 70 años de Villarquemado cuyo cuerpo no fue hallado hasta tres días después.

Como explican desde el IMLA, han podido darse aún más casos, pues los 12 de los dos últimos años son solo aquellos que han llegado al Juzgado y en los que ha intervenido un médico forense para certificar el fallecimiento y las causas. Otras veces, es el médico de familia, avisado por parientes o vecinos, quien determina estos extremos.

Desde el IMLA proponen a las Administraciones "un mayor control de las personas que viven solas, mediante la implicación de los servicios sociales o de la sociedad" y advierten de que el problema, sobre todo en el deshabitado medio rural turolense "va en aumento". "Tendríamos que pensar cómo ayudar a esas personas; la responsabilidad no debe recaer solo en las familias, que a veces no existen y otras, no guardan buena relación con el anciano", añaden.

En Formiche Alto, precisamente, son pioneros en poner en marcha medidas que mitiguen la soledad de los ancianos. La Asociación Cultural Cabezo Alto realiza actividades para la integración de los mayores en la vida social. Así lo explica su presidente, Víctor Tomás, quien relata que con cada Cabalgata de Reyes todos los vecinos de más de 60 años reciben un regalo –a Primitivo le tenían reservado un cinturón–; en el puente de la Constitución se celebra un ‘matacerdo’ "cuidando de que ningún mayor se quede en casa"mientras que en verano se organiza una exposición de manualidades en la que los jubilados participan activamente. La asociación dispone de un local en el que se dan clases de gimnasia para la tercera edad dos veces por semana.

"La muerte de un anciano es como perder un libro antes de terminar de leerlo", lamenta Tomás, quien recuerda que un año, se hizo en el pueblo una carbonera para enseñar a los niños a fabricar carbón vegetal gracias a los conocimientos que transmitieron los mayores.

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