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Teruel

El cementerio de Teruel, una puerta a 200 años de historia de la ciudad

El historiador Serafín Aldecoa ofrece cada año una ruta guiada por el camposanto.

Elisa Alegre. Teruel Actualizada 05/11/2016 a las 13:32
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La Guerra Civil "marcó" el cementerio de Teruel "totalmente", "hubo momentos en que las tropas republicanas estaban por un lado y las nacionales por otro", explica el historiador Serafín Aldecoa, quien, cada año, el sábado siguiente al Día de los Santos ofrece una ruta guiada por el camposanto.

A pesar de la amenaza de lluvia, la visita al cementerio de Teruel, guiada de forma altruista por Aldecoa, se ha convertido un año más en un paseo por los últimos 200 años de la historia de la ciudad, en el que se ha recordado a personajes ilustres y se han buscado las huellas de la Guerra Civil que todavía se aprecian hoy.

El recorrido permite descubrir por ejemplo la batalla que se libró por controlar el cerro en el que se asienta el cementerio durante la Guerra Civil.
Recuerda que tras la contienda, como buena parte de la ciudad, el camposanto quedó destrozado, desde las tumbas y cruces hasta las dependencias municipales.


De hecho, Regiones Devastadas, un organismo creado por la dictadura del General Franco, tuvo que acometer un plan específico para recuperarlo y, de acuerdo con ello, por ejemplo, Aldecoa sabe que el origen de este cementerio se remonta apenas a 1832.

Los dirigentes de la ciudad eligieron entonces esta nueva ubicación para enterrar a sus muertos después de que el anterior cementerio se quedara pequeño, y ello a pesar de que algún médico insigne de entonces, Miguel Ibáñez, desaconsejara la ubicación porque los vientos devolvían los olores a la ciudad, apunta el historiador.

Este cementerio es especialmente un descubrimiento de los nombres más relevantes del Modernismo de Teruel.

De hecho, el discípulo de Gaudí, Pablo Monguió, firmó como arquitecto municipal el depósito de cadáveres y algunos pabellones de eclesiásticos los planificó él también.

Además, Aldecoa encontró en el camposanto la tumba de Matías Abad, el herrero de las más importantes forjas de este movimiento artístico en Teruel.
Otros artistas destacados de la provincia más recientes, como José Gonzalvo, son los responsables de distintas obras de arte funerario que pueden verse en este pequeño cementerio.

Los pabellones de las grandes familias de la ciudad, explica Aldecoa, como los Ferrán o Garzarán, fueron encargados en los años veinte del siglo pasado a los mejores artistas de la época.

Con la excusa del arte funerario, Aldecoa da a conocer la vida y obra de artistas y arquitectos y en general, de la sociedad de los siglos XIX y XX.
Habla de los grandes acontecimientos históricos, como la Guerra Civil y el Modernismo con el que se retrata la burguesía de Teruel, pero también de pequeñas historias como la de Vicente Fabregat.

Aldecoa reivindica la figura del que fuera primer director de la banda de música de Teruel desde 1912, "un hombre espartano, que trabajaba con niños que no sabían solfeo y con instrumentos precarios", y en unas condiciones, recuerda, de las que da buena cuenta el hecho de que en un pleno el Ayuntamiento de Teruel recordara que llevaba dos años sin pagarle.
De hecho, a su muerte el propio Ayuntamiento financió el entierro y los alumnos la lápida que ahora Aldecoa reclama restaurar, ilustrada con una lira.

También fueron sus antiguos alumnos quienes un año antes de su muerte recolectaron dinero para hacerle un homenaje y regalarle una batuta de oro.
Aldecoa descubre además la historia que hay detrás de otra lápida actualmente muy deteriorada, la de Pedro Andrés Catalán, catedrático y director del Instituto de Teruel durante décadas en el siglo XIX.

Un ejemplo de los hombres que intentaron sacar a Teruel del retraso en el que vivía esta pequeña ciudad del interior de España para abrirla al mundo a través del conocimiento. Él fue el responsable de que el Herbario de Loscos se trajera al Instituto de Teruel.

Renunció a su sueldo en esta institución para que con ese dinero se comprara material científico, e incluso puso de su bolsillo cuando fue necesario, además de pelear contra quien se terciara para defender la continuidad del Instituto que continúa hoy siendo la referencia y el apoyo para los investigadores de temas de la provincia.




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