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Teruel
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Guías en el laberinto hospitalario

El envejecimiento poblacional hace que cada vez más gente en Teruel pida el acompañamiento de un voluntario para cumplir con la burocracia que rodea la atención sanitaria.

Una voluntaria abre la puerta del área de consultas externas del Obispo Polanco a un paciente.
Una voluntaria abre la puerta del área de consultas externas del Obispo Polanco a un paciente.
Javier Escriche

Dejan sus preocupaciones a un lado y ponen su mejor sonrisa. Los voluntarios que acompañan a pacientes a la hora de ir a consultas externas o a los distintos servicios de pruebas diagnósticas en el hospital Obispo Polanco de Teruel reciben formación para desempeñar esta tarea, menos fácil de lo que pueda parecer. Y dar calor y humanidad en medio de la maraña administrativa que rodea a la atención sanitaria es una de la primeras premisas.

"Hay gente que viene muy despistada y no encuentra el sitio al que tiene que acudir. Suelen ser personas mayores, pero también las hay jóvenes, porque no es sencillo moverse por un centro hospitalario", explica Joaquín Larramendi, presidente de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Teruel, con cuya junta provincial mantiene el Obispo Polanco un convenio de colaboración para desarrollar el Proyecto de Voluntariado de Consultas Externas.

Con solo dos años de funcionamiento –arrancó en 2014– este servicio de acompañamiento tiene cada vez más demanda, como señala Larramendi. A lo largo del año 2015, según datos proporcionados por el propio hospital, atendió a 700 personas, lo que supone una media de dos pacientes por día. La actividad fue desarrollada por cinco voluntarios que no perciben ninguna remuneración.

El elevado envejecimiento poblacional de Teruel, al que se suma el desconocimiento del idioma por muchos de los recién llegados o, simplemente, la fragilidad social o emocional que presentan algunas personas, son las causas que hacen que un buen número de gente requiera ser acompañado para poder desenvolverse en el complejo mundo de la atención sanitaria.

Así lo explica la psicóloga de la AECC en Teruel, Mercedes Castellote, quien añade una circunstancia más, como es la progresiva difusion del servicio de acompañamiento entre la sociedad. "La gente se entera de que hacemos este trabajo y acude a nosotros", dice Castellote. "No suplimos a ningún profesional ni tampoco generamos más trabajo al hospital –matiza–, nuestra labor es llevar al paciente a donde tiene que ir y, si acaso, escuchar y aliviar".

Consciente de la necesidad de acompañar a las personas con dificultades, la Junta Provincial de la AECC ha decidido extender el servicio a partir del próximo 1 de junio al hospital comarcal de Alcañiz, donde se presta atención sanitaria a unas 70.000 personas, casi la misma población que acude el Obispo Polanco.

En total, en 2015 los voluntarios del Obispo Polanco asistieron a 1.360 personas. Además de las 700 que pidieron ser guiadas por el área de consultas externas, otras 647 solicitaron acompañamiento a la hora de someterse al tratamiento de quimioterapia y otras 13, por su ingreso en una habitación hospitalaria.

"Me compensa"

Amparo Gómez forma parte del equipo de voluntarios de la AECC que presta acompañamiento a pacientes del Obispo Polanco. Afirma que su trabajo altruista le compensa "totalmente". "Me gusta ayudar y dar ánimos. Mucha gente mayor viene a nosotros con angustia porque no encuentra el lugar donde se hacen las radiografías, los análisis o donde se pide cita médica. Al saber que podemos ayudarle, se tranquilizan", explica.

La trabajadora social del Obispo Polanco, Mercedes Muñoz, destaca que el centro ha sido pionero en España en proporcionar acompañamiento a pacientes hospitalizados, una actividad que viene desarrollándose desde 2006. Añade que la labor de los voluntarios en consultas externas, con solo dos años y medio de trayectoria, "se está consolidando".

Ahora, el objetivo de la AECC en Teruel es aumentar el número de voluntarios para poder atender la creciente demanda. La falta de jóvenes que puedan comprometerse a llevar a cabo esta labor social –la mayoría estudian fuera ante la escasa oferta universitaria en la capital turolense– preocupa al presidente de la entidad, Joaquín Larramendi, que tiene previsto iniciar una campaña para captar colaboradores en el campus de la ciudad.

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