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Teruel
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El espíritu de los Amantes se adueña de Teruel

La representación termina hoy con el pasaje del beso de Isabel, en una ciudad abarrotada de público. La muerte de Diego, escena principal del drama, congregó a miles de personas en la plaza del Torico.

El personaje de Diego de Marcilla, en el centro, momentos antes de morir de amor tras negarle Isabel un beso.
El personaje de Diego de Marcilla, en el centro, momentos antes de morir de amor tras negarle Isabel un beso.
Antonio García/Bykofoto

La capital turolense tiene un filón con la leyenda de los Amantes y ayer quedó bien patente. La céntrica plaza del Torico, donde se representó una de las principales escenas de este drama romántico situado en el siglo XIII, la muerte de Diego de Marcilla al no conseguir un beso de Isabel, estaba completamente llena de gente dos horas antes de que comenzase el acto. Parecía que fuese la primera vez que se recreaba en la calle la trágica historia de amor, pero en realidad han pasado ya veinte años. Mucho trabajo tuvieron los organizadores, vestidos de monjes templarios, para poder abrir entre el público un estrecho pasillo por el que llegar los actores a la plaza.

Contribuyó a ello el buen tiempo, pues febrero regaló a la ciudad una tarde de primavera que hizo que el Centro Histórico estuviera a reventar de gente. Pero aunque las temperaturas no hubieran sido tan benévolas, el frío no habría tenido cabida en el Torico, pues la pasión que pusieron los actores para dar vida a los Amantes, unido al gentío, caldeó la emblemática plaza turolense.

El experimento que la Fundación Bodas de Isabel –organizadora del evento– puso en marcha para celebrar el vigésimo aniversario de esta fiesta, consistente en repartir los papeles de Diego e Isabel entre quienes dieron vida a estos dos personajes desde el inicio, resultó un éxito. Como si el espíritu de los Amantes se hubiera adueñado de los intérpretes –siete actores y cinco actrices en esta escena–, todos ellos actuaron igual que un solo Diego y una sola Isabel.

El público asumió desde el principio el constante cambio de rostros y disfrutó de una representación sumamente rica en matices y gestos. Así lo demostró prodigando aplausos y vítores en cada momento. Y es que, como destacó la directora teatral, Mariam Pueo, este trepidante relevo de actores no restó "ni un ápice de fuerza y energía" a la recreación.

Lluvia de flashes

Desde que Diego entró en la plaza del Torico, recién llegado de la guerra y llamando a voces a Isabel, una lluvia de flashes de teléfonos móviles y cámaras del público descargó sobre los actores durante todo el tiempo. La gente siguió absorta la arriesgada escalada del amante –interpretado por Ángel Loras– por una cuerda hasta el balcón donde se encuentra Isabel de Segura –Elena Abril– y la desesperada petición de este de un beso. Isabel, recién casada con Pedro de Azagra, se niega a darle el beso. Herido de amor, Diego, ahora representado por Ángel Bugeda, muere en la calle. El broche a una representación memorable fue la canción de María del Carmen Torres dedicada a los Amantes, que se escuchó en la plaza del Torico mientras otra Isabel, Ana Rueda, expresaba su dolor al sentirse atrapada por un cruel destino que la sitúa ante un amor imposible.

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