Teruel
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La DGA arregla la carretera a Mirambel con el aval de 150.000 euros que dejó la constructora

A los 6 meses de inaugurarse la vía, que une la localidad con Cantavieja, ya tenía baches y grietas en 2,5 kilómetros.

Los operarios extienden una nueva capa de asfalto en la carretera a la entrada de Cantavieja.
La DGA arregla la carretera a Mirambel con el aval de 150.000 euros que dejó la constructora
JORGE ESCUDERO

Teruel. El Gobierno aragonés ha tenido que asumir la reparación de un tramo de la carretera A-226 entre las localidades de Cantavieja y Mirambel, que apenas seis meses después de su inauguración en febrero de 2010, tras una reforma que costó cuatro millones de euros, empezó a deteriorarse apareciendo en el firme baches, blandones y grietas.

Las obras de remodelación, ejecutadas entre 2009 y 2010 por la Unión Temporal de Empresas (UTE) formada por Ande Ejea S. L. y Construcciones Ayud S. L., están todavía en plazo de garantía, pero el Departamento de Obras Públicas de la DGA no ha podido localizar a las constructoras a fin de exigirles que reparen -sin coste añadido para la administración autonómica- los desperfectos surgidos de forma tan temprana. Desde el Gobierno aragonés indicaron en su día que las adjudicatarias de las obras, afectadas por problemas económicos, «están desaparecidas».

La solución adoptada por la DGA ha sido ejecutar el aval bancario de 150.000 euros depositado por la empresa al inicio de las obras en previsión, precisamente, de que puedan producirse problemas, como así ha ocurrido. Con esta cuantía, se han reparado los baches y los blandones y se ha extendido una nueva capa de aglomerado a lo largo de los 2,5 kilómetros que estaban más deteriorados. Los trabajos se han llevado a cabo estos días, antes de que lleguen al Maestrazgo las primeras nieves y hielos.

«Estamos contentos»

El alcalde de Cantavieja, Ricardo Altabás, manifestó ayer que «al menos, la carretera se ha arreglado antes de que llegue el invierno». Altabás señaló que el temor de la población era que los baches se hicieran más grandes con el hielo y también con la sal que se esparce para combatirlo. «Estamos contentos por la rapidez con que se ha actuado», dijo.

El deterioro obligó a señalizar la carretera avisando a los conductores de la llegada de puntos con gravilla suelta y blandones. Además, se aconsejó una velocidad de entre 40 y 60 kilómetros por hora cuando en condiciones normales podría circularse a 90 kilómetros por hora.

Según Altabás, los propios vecinos de la comarca se percataban durante las obras «de que las cosas no se estaban haciendo bien». «Veíamos al pasar por allí que en unos puntos se echaba un grosor de ocho centímetros de asfalto mientras que en otros era la mitad», afirmó.

Acreedores

Por otro lado -recuerda el alcalde- la constructora dejó un reguero de deudas a pequeñas empresas de la zona, desde gasolineras a establecimientos hosteleros y proveedores de diferentes materiales.

El alcalde de Cantavieja confía ahora en que los próximos presupuestos autonómicos incluyan una partida para la instalación de mallas metálicas en los taludes de la carretera, evitando los frecuentes desprendimientos de piedras y tierra que afectan a la calzada.

Además, Altabás reclama que la mejora de la A-226 entre Cantavieja y Mirambel se continúe hasta el límite con la provincia de Castellón, al ser esta una zona por la que entra el turismo procedente de Levante. «Es la única carretera transversal de la provincia que queda sin arreglar, a pesar de que supone el acceso natural de turistas desde la localidad castellonense de Morella», subrayó el alcalde de Cantavieja.


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