Teruel
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GANADERÍA

La fuerte sequía obliga a los ganaderos a llevar a pastar sus rebaños a Castilla-La Mancha

Acuden a pueblos con menor competencia en el sector en los que pagan alquileres por campos de hierba y naves.

Daniel Sebastián y Daniel Bujeda, con el rebaño de este último en el monte seco de Villafranca.
La fuerte sequía obliga a los ganaderos a llevar a pastar sus rebaños a Castilla-La Mancha
RUBéN VILLéN

La sequía que azota a la provincia de Teruel desde la pasada primavera ha puesto en una situación límite a los ganaderos de ovino, que no encuentran pastos para alimentar a sus ovejas. La hierba no ha crecido ni en el monte ni en los rastrojos -campos de cereal segados-, lugares a los que acuden los rebaños a diario entre junio y octubre. Además, las balsas de agua y abrevaderos se han secado.

Ante este panorama, los pastores de la parte alta de Teruel limítrofe con Castilla-La Mancha han optado por comprar pastos en municipios de esta comunidad autónoma y llevar hasta allí su ganado. Recurren a localidades que se encuentran a 20 o 30 kilómetros de distancia en las que no existen tantas cabezas de ganado como en la provincia.

Los ganaderos turolenses tienen que pagar a los ayuntamientos o a particulares de Castilla-La Mancha para que sus reses puedan entrar en las zonas con hierba, alquilar naves para cobijo de las ovejas y llevar hasta allí el agua con cisternas. La operación es costosa económicamente, si bien no tanto como estabular a los animales y darles cereal, paja o forraje, durante todo el año, algo que, por otro lado, priva al ganado de salir al campo.

También es una tarea complicada. En el traslado del rebaño, que se hace a pie, se invierte todo un día. Después, el ganado suele quedarse bajo la vigilancia de alguien y el ganadero va y viene cada día en su coche desde la provincia de Teruel hasta los municipios de Castilla-La Mancha. Antes, habrá tenido que solventar todo el papeleo administrativo que exige el paso de las reses de una comunidad a otra.

Uno de los pastores que lleva sus ovejas a la comunidad vecina es Daniel Sebastián, de 25 años y vecino de Villafranca del Campo, en la zona del Jiloca. Junto con su padre, tiene un rebaño de 1.200 ovejas. Eligieron El Pedregal (Guadalajara), a 24 kilómetros de distancia, por estar próximo y por descender de ese municipio, lo que les hizo pensar que todo sería más sencillo.

«Ganamos muy poco»

«En Villafranca del Campo no ha llovido en todo el verano. Las balsas se han secado y hasta las hojas de los árboles están más amarillas que otros años por falta de agua», se lamentó ayer Sebastián. Añadió que «a este paso, nadie se va a dedicar a la ganadería, porque detrás de un problema viene otro y al final, se trabaja mucho para ganar muy poco».

Otro ganadero de Villafranca del Campo, Daniel Bujeda, de 29 años, ha trasladado la mayor parte de sus ovejas a otro municipio, pero esta vez dentro de la provincia, Torremocha. En esta localidad hay muy poco ganado ovino y el pasto está más abundante. «Tengo que ir con la furgoneta cada día a ver cómo está el rebaño, con el riesgo de accidentes que supone estar siempre en la carretera, o bien llamar con el teléfono móvil frecuentemente al pastor que he dejado encargado de las ovejas. No es sencillo», señaló Bujeda. Este joven calcula que el traslado de sus reses a otra población por culpa de la sequía le va a costar unos 12.000 euros, o lo que es lo mismo, un 20% de gastos más que en un año lluvioso.

Lo peor es que no parece que las cosas vayan a ir mejor. Los dos ganaderos resaltaron que la falta de agua caída este verano ha impedido sembrar a tiempo cereales como el centeno, la avena o la cebada, mientras que los caminos siguen polvorientos. «El monte no va a echar hierba hasta la próxima primavera y los sembrados van con mucho retraso», aseguró Bujeda.

Tanto Sebastián como Bujeda, reclamaron ayudas para el sector ganadero, que en muchos municipios, como Villafranca del Campo, es prácticamente la única fuente de empleo y riqueza. «A los jóvenes se nos anima a quedarnos en los pueblos, y a nosotros nos gusta, pero eso tiene que ser a cambio de una vida digna», dijeron. La localidad del Jiloca es una de las pocas en la provincia de Teruel en las que la ganadería parece contar con relevo generacional. Unas 500 familias en la parte alta de Teruel viven del ovino.

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