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LUGARES PROTEGIDOS

El conjunto histórico de Albarracín crece hacia la vega

Vista de la muralla de Albarracín desde la zona de la vega.
El conjunto histórico de Albarracín crece hacia la vega
ANTONIO GARCíA

Una franja de la zona de la vega de Albarracín, situada entre los barrios del Arrabal y de Jesús, figurará a partir de ahora dentro del denominado entorno de protección del conjunto histórico. Esta área, aunque no estará condicionada por las limitaciones constructivas del conjunto monumental, sí deberá someterse a un tratamiento específico en cuanto a volúmenes o materiales exigidos para edificar.

La incorporación de la vega forma parte de la nueva delimitación del conjunto histórico, con la que el Gobierno de Aragón ha redefinido cuatro zonas concretas para, según el alcalde de Albarracín, Francisco Martí, «unificar los límites exactos del conjunto, que hasta ahora no estaban muy claros». La nueva demarcación recoge el contorno ya delimitado por el plan especial y, a juicio de Martí, no incorpora excesivas variaciones. De hecho, está integrada por el Casco Antiguo situado dentro del recinto de las murallas y los barrios de los Palacios y de Jesús.

A ello se suma la zona del entorno de protección, una franja que se extiende hasta las crestas de los montes que rodean la localidad y que integra la zona de la vega localizada entre el barrio del Arrabal y de Jesús. El Departamento de Cultura del Gobierno de Aragón, que ha elaborado el documento, argumenta que esta zona -no incluida en el plan especial- permanece en la actualidad casi sin edificar, pero su desarrollo urbanístico podría influir negativamente en la imagen del conjunto.

Para el gerente de la Fundación Santa María -entidad fundamental en los últimos años en la conservación del patrimonio local-, Antonio Jiménez, es importante establecer medidas para garantizar el mantenimiento de los valores de Albarracín, primera ciudad de Aragón que fue declarada conjunto monumental en el año 1961. «Al fin y al cabo -dijo Jiménez- el patrimonio es nuestro principal recurso económico y de él vivimos».

El singular emplazamiento, la buena conservación y rehabilitación de su patrimonio arquitectónico, así como el paisaje que la rodea son algunos de sus principales valores. Sin olvidar su trazado urbano, basado en estrechas callejuelas o su arquitectura tradicional, con casas construidas con muros irregulares de mampostería, madera y yeso rojo, tonalidad ya característica de Albarracín.

Para Antonio Jiménez, el trazado del conjunto histórico está muy claro en esta ciudad, delimitada «por condicionantes naturales» al estar situada en un meandro y rodeada de colinas. «El límite visual está muy nítido», explicó el gerente de la Fundación, para quien en la zona de la vega se registran más alteraciones urbanísticas que en el sector que parte del barrio de Jesús. «Pienso -indicó- que las medidas para garantizar un conjunto armonioso tendrían que aplicarse de forma estricta». Además de la conservación de las edificaciones ya existentes, la figura de conjunto histórico obliga, entre otras cuestiones, a no alterar la volumetría ni las alineaciones, así como a prohibir las instalaciones eléctricas o telefónicas adosadas a las fachadas.

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