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"Cuando cogí el teléfono me dijo: 'Avisa a la Guardia Civil, estoy atrapada y me ahogo'"

Un vecino de Beceite de 74 años explica cómo organizó el rescate que salvó la vida a una mujer en el río Ulldemó.

Juan José Urquizu, de 74 años, posa delante del coche, todavía atrapado, de su amiga Carmen
"Cuando cogí el teléfono me dijo: avisa a la Guardia Civil; estoy atrapada y me ahogo"
JAVIER ZARDOYA

A Juan José Urquizu, un vecino de la localidad de Beceite de 74 años, todavía le dura la angustia en el cuerpo; sabe que su amiga Carmen tuvo suerte y que gracias a él vive para contarlo. El miércoles pasado, mientras observaba el coche de la mujer aún encallado en medio del río Ulldemó, rememoraba su historia: "Yo venía conduciendo del Racó del Toscá -un restaurante de Beceite- de tomarme un café, pero como iba al volante no le pude coger la llamada", explica. A los pocos minutos, el teléfono sonó de nuevo. Era su amiga Carmen, una catalana de mediana edad a la que su actual pareja le vendió una casa en Beceite. Ambos tienen una buena relación de amistad e incluso la mujer le deja las llaves de la vivienda cuando se va a Barcelona.

"Cuando le cogí el teléfono la escuche dando gritos y me decía: por favor, avisa a la Guardia Civil; estoy atrapada en el río y me ahogo…", relata el hombre. Posteriormente Urquizu llamó al teléfono de Emergencias 112 y les explicó lo que la mujer le había contado en su llamada de desesperación. El rescate se puso en marcha. Sin embargo, como pronto, los servicios de auxilio tardarían veinte minutos en llegar hasta el lugar donde Carmen luchaba por su vida. Juan José no se lo pensó dos veces y acudió hasta la orilla del río.

"Me imaginé donde estaba por las indicaciones que me dio", cuenta Urquizu. Al llegar y verla se asustó. La mujer estaba atrapada en el río, agarrada con los brazos a la puerta delantera del coche y con el agua por el pecho. "La corriente era fortísima, brincaba por encima del capó y del maletero. Le dije que si podía hacer algo por ella porque veía que le estaba dando una hipotermia y las piernas le empezaban a flaquear", recuerda el hombre.

En esos momentos Juan José recibió otra llamada. Era el médico del 112. Ya había comenzado el operativo de rescate, pero era necesario ganar tiempo. "Tiene usted que entretenerla todo lo que pueda, me dijo el médico. Yo había pensado en ir a pedir refuerzos a esa granja de ahí, pero ella me decía que no la dejase sola", explica.

"Yo le gritaba: aguanta, aguanta, que ya estoy oyendo las sirenas", recuerda Urquizu. Pero la mujer se encontraba cada vez más débil por el frío y la fuerza de la corriente. A los veinte minutos del aviso llegó la patrulla de la Guardia Civil. Acudieron por el otro lado de la orilla, tal y como les explicó el hombre por teléfono, e iniciaron el rescate: "Cuando los vi sentí casi más alegría que ella".

Sin embargo, la situación seguía siendo de mucho peligro. El caudal del río continuaba en aumento y el agua hacía balancear al vehículo -que todavía hoy se encuentra atrapado en el agua- poniendo en riesgo la estabilidad del coche y la conductora.

La Guardia Civil preparó el rescate con una cuerda de salvamento a la que previamente había realizado un lazo. "Se la tuvieron que lanzar muchas veces porque ella estaba agarrada a la puerta del coche sin poder soltarse", recuerda el protagonista de la historia. Tras varios intentos, la mujer se pudo poner el improvisado arnés entre las piernas. En ese momento la Guardia Civil le dijo que saltase al agua. "La corriente le arrastró por lo menos veinte metros, pero ya estaba atada", explica Urquizu. Poco a poco, los agentes de la Benemérita fueron tirando de ella y pudieron arrastrarla hasta la orilla.

"Puede estar contenta porque todo el mundo la atendió muy bien y lo que pudo ser una desgracia se quedó en un susto", decía el hombre.

Una vez fuera del agua, la mujer fue atendida por los servicios médicos. Le colocaron una manta térmica y fue trasladada hasta su casa de Beceite. Ayer, Carmen, que suele pasar los fines de semana en la localidad del Matarraña, volvió a Barcelona tras un puente del Pilar de infarto. El coche, un Mercedes de alta gama de color negro, todavía sigue encallado en el río.

A pesar de que el caudal del Ulldemó ha bajado más de un metro en las últimas horas, el agua seguía pasadndo el miércoles a la altura del maletero. El bolso de mano de la mujer aún estaba encima del capó, como recordando la tragedia que pudo haberse producido.

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