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Gigantes y piratas conquistan el Torico

Una comparsa de cabezudos más numerosa que nunca hizo correr a los niños desde el Colegio de San Nicolás al Centro Histórico.

Gigantes y piratas conquistan el Torico
Gigantes y piratas conquistan el Torico

La plaza del Torico cambió ayer su habitual sosiego por un guirigay de niños perseguidos por 12 ágiles y alborotados cabezudos. A los clientes de las terrazas de los bares, que saboreaban con calma festiva su vermú, les pilló por sorpresa y alguno hubo de apartarse para no ser arrollado por el desfile. En unos segundos, el lugar era un jaleo de críos, padres, tíos y abuelos chillando y corriendo detrás, o delante, de los muñecos de cartón y escayola.

Todo ocurrió con permiso de la lluvia. Quince minutos antes de la hora de salida señalada para la comparsa, las 12 del mediodía, en Teruel diluviaba. Y el agua empezaba a enfadar. Tras una semana saliendo casi a chaparrón diario, el viernes, arranque de fiestas, las tormentas obligaron a reducir la traca a la mitad de sus dimensiones y a suspender el concierto de Mojinos Escozíos. En el recinto ferial, apenas llegaron a funcionar esa noche media docena de atracciones. Pero ayer, al final, casi ya todos resignados a borrar del programa de fiestas un acto más, el agua se paró y hasta llegó a brillar un suave sol.

Esta vez los cabezudos salieron del Colegio San Nicolás de Bari, como parte de las celebraciones de este centro benéfico y educativo por su centenario. Allí se vieron los primeros lloros de los más pequeños cuando el Pirata o el Moro se acercaban a darles la mano. También unas veloces carreras entre el Ensogado y los chavales de hasta 10 años, deseosos estos últimos de vivir la emoción y el riesgo de ser perseguidos por un ser monstruoso.

"Vamos a por ellos"

Daniel y Marcos, de 9 años, no llegaban a tener los pies parados en el suelo ni un segundo. Provistos de un palo especial, hecho con papeles de periódico bien enrollados, plantaban cara al Bandido y al Abuelo, los cuales llevaban en la mano una bara con una cuerda atada. "Somos nosotros los que vamos a por ellos; no nos dan miedo los cabezudos" dijeron los chavales.

Dentro del Ensogado -un cabezudo que representa a un toro sujeto con cuerdas, de acuerdo a la tradición vaquillera- iba Luis Torrijo, un joven de Teruel que pertenece al grupo de animación encargado este año de sacar por la calle a los muñecos de cartón piedra. "Es algo divertido, pero también agotador; tenemos que correr a tope para que los críos más mayores lo pasen bien. Con los pequeños, jugamos a ser amigos", dijo.

El coordinador del grupo, Jorge Domingo, explicó que no es fácil encontrar a 27 jóvenes -los que se precisan para dar vida a todos los personajes de la comparsa turolense-, que estén en buena forma y dispuestos a llevar los gigantes y los cabezudos por las calles durante más de una hora. Siempre ayuda la remuneración que ofrece el Ayuntamiento, "que les da para pasar las fiestas de la Vaquilla sin problemas", señaló Domingo.

Abriendo paso a los gigantes y los cabezudos estuvieron en todo momento dos músicos, uno con la dulzaina y otro con el tambor, que interpretaron melodías populares de Aragón. Este año la comparsa fue más numerosa que nunca, pues contó con cinco nuevos gigantes traídos desde el barrio zaragozano de La Almozara, con quien el Ayuntamiento de Teruel se hermanó el año pasado.

Así, a los seis gigantes turolenses, que representan a reyes y reinas medievales, se unieron esta vez San Wenceslao, Doña Leire, Ramiro I, Alfonso I y Doña Berenguela. El más pesado es San Wenceslao, con 40 kilos, mientras que las demás figuras pesan entre 10 y 15 kilos. El presidente de esta comparsa zaragozana -integrada por 20 personas- Jesús García, se mostró ilusionado con la participación de todos ellos en las fiestas de Teruel.

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