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Teruel
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ALEGÓ AMNESIA

"Estoy muy arrepentido; aún no sé cómo pudo ocurrir y pido perdón a toda la familia"

Domingo Tregón, acusado de acuchillar mortalmente a un anciano en Escorihuela hace dos años, fue juzgado ayer.

El imputado, Domingo Tregón, de 51 años, ayer al llegar al Palacio de Justicia de Teruel.
"Estoy muy arrepentido; aún no sé cómo pudo ocurrir y pido perdón a toda la familia"
ANTONIO GARCíA

 "Estoy muy arrepentido de todo lo que ha pasado. Pido perdón a la familia y a todos. Aún no sé cómo pudo ocurrir". Domingo Tregón, el vecino de Escorihuela que el 9 de junio de 2008 acuchilló mortalmente a un anciano de la misma localidad y amenazó a otra mujer, cerró ayer con estas palabras el juicio celebrado contra él a lo largo de todo el día en la Audiencia Provincial de Teruel.

Su declaración como único imputado poco aportó al esclarecimiento de los hechos. Al igual que hiciera en el Juzgado en los días siguientes al suceso, se limitó a decir que aquella jornada había ingerido grandes cantidades de bebidas alcohólicas y que, por ello, no recordaba nada. Terceras personas le informaron en el calabozo y en la cárcel de lo ocurrido. Sí admitió que mantenía con la víctima desde hacía un año un litigio por una zona de paso próxima a las casas de ambos, lo que, al parecer, desencadenó el crimen.

No obstante, contra la amnesia de Domingo Tregón, la testigo y, a la vez, víctima de las amenazas de este, Lilia Torán, relató con todo detalle lo que pasó. Según la mujer, ella, que pastoreaba con su ganado en unos campos a 600 metros del pueblo, y el anciano, Pascual Marqués, de 79 años de edad, conversaban a la orilla de un camino cuando el agresor llegó a toda velocidad con su tractor gritando ya por la ventanilla que iba a matar a Pascual.

Un puñal de 25 centímetros

A continuación, de acuerdo al relato de Lilia, Domingo Tregón bajó del vehículo agrícola cuchillo en mano. Ella, que quiso proteger al anciano, partió su garrote en dos golpeando al agresor, pero para entonces este ya le había clavado a Pascual Marqués en el abdomen un cuchillo cuya hoja medía casi 25 centímetros de largo. Cuando la mujer vio que Tregón iba de nuevo a herir a Marqués, le cogió a este su bastón y volvió a pegar a Tregón, que dejó caer el arma al suelo. Lilia cogió el cuchillo y consiguió lanzarlo a 13 metros de distancia, al medio de un campo de centeno con altas espigas donde el acusado ya no lo encontró. Fue entonces cuando la amenazó de muerte, pero al llamar la mujer por su teléfono móvil a la Guardia Civil, Tregón se fue.

Las pruebas periciales realizadas en el proceso y expuestas ayer en la Audiencia reforzaron el testimonio de Lilia Torán. El cuchillo fue encontrado después en el campo de centeno por un agente de la Guardia Civil y tenía restos orgánicos de Pascual Marqués. Las rasgaduras de la ropa del anciano habían sido hechas por un arma de las características de ese cuchillo y en las prendas de vestir del agresor había sangre del fallecido.

A la vista del desarrollo del juicio, el propio abogado de la defensa, Alfonso Martín, admitió la tesis de un homicidio y pidió para su representado una pena de cinco años de prisión por ese delito y tres meses más de cárcel por las amenazas a la mujer. Solicitó, de todos modos, que se aplicara la atenuante incompleta de embriaguez. En el capítulo de indemnizaciones, propuso compensar a la esposa del fallecido con 40.000 euros; a cada uno de los cinco hijos del matrimonio, con 6.000 euros y a Lilia Torán, con 3.000.

Para el fiscal, que pidió para el imputado 17 años de prisión por el homicidio y las amenazas, Tregón actuó con intención de matar y por ello lo habría anunciado al llegar con el tractor al lugar de los hechos y, una vez cometida la agresión, a los agentes de la Guardia Civil que acudieron a detenerle en su casa.

Para el abogado de la familia del fallecido, Carlos Muñoz, lo ocurrido fue un asesinato pues, a su juicio, Tregón se aseguró de que su víctima no pudiera defenderse sorprendiéndola, desvalida, en el campo, donde no podía esconderse ni protegerse. Esta parte elevó a 19 años y medio de cárcel la pena solicitada para el imputado.

Cuando el procesado -que cumple prisión preventiva- abandonó la Audiencia flanqueado por policías, los familiares del anciano fallecido le increparon llamándolo "sinvergüenza". "En la cárcel te tienes que pudrir", dijo uno de ellos.

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