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Páginas para escapar un rato de la cárcel

El acuerdo institucional para actualizar la biblioteca de la prisión de Teruel ha sido recibido con júbilo por los reclusos. Más libros, periódicos de otros países y talleres de lectura y escritura son algunas novedades. Los estantes con viejas enciclopedias dan paso a un centro cultural.

La sala de lectura, para leer la prensa, está casi siempre llena.
Páginas para escapar un rato de la cárcel
JORGE ESCUDERO

A la biblioteca de la cárcel de Teruel le ha llegado el turno de la renovación. Tras 20 años sin apenas mejoras, nutriéndose de donaciones inconstantes, un acuerdo entre el Gobierno de Aragón e Instituciones Penitenciarias permitirá que sus fondos, 5.200 libros, muchos de ellos desfasados o deteriorados, sean actualizados y catalogados.

No es un servicio trivial. Como explica el subdirector de Tratamiento de la prisión, Armando de Carlos, los reclusos, al estar privados de libertad, encuentran en los libros su medio de evasión, de relajación y de reflexión. "Esta es una población muy lectora", asegura De Carlos.

El convenio supondrá la retirada de libros anticuados -es el caso de algunas enciclopedias- y la llegada de otros demandados por los internos. Según relata el bibliotecario, Francisco José Cánovas -en prisión desde hace cinco años-, las obras de Pérez Reverte y Vázquez Figueroa "arrasan", mientras que los libros de política o religión "no salen de las estanterías". Las series recientes 'Millennium' o 'Crepúsculo' "se leen como rosquillas", lo mismo que los de aventuras y los cómics.

Frente a los 1.800 internos de la prisión de Zuera y los más de 500 de Daroca -ambos centros se beneficiarán también del acuerdo-, la de Teruel, con solo 234, es la más pequeña de las cárceles aragonesas. A juicio de trabajadores y reclusos, la escasa población la convierte en un centro "de lujo", pues el trato entre unos y otros es más personal. "Yo vengo de una macro cárcel -relata Francisco José Cánovas- y allí uno es un número con patas; aquí veo y hablo con mis educadores siempre que quiero".

Con 21 años de cárcel a sus espaldas, Miguel Martínez acude a la biblioteca a diario. No solo le encanta leer, también interpretar y por eso es el protagonista de la próxima representación de la obra 'Farsa y justicia del corregidor', de Alejandro Casona, que tendrá lugar en junio en la cárcel. Será su despedida: "En agosto, si todo va bien, espero estar con mis hijos", dice.

Gracias al acuerdo entre ambas entidades, las bibliotecas de las cárceles aragonesas formarán parte de la Red de Bibliotecas de Aragón y sus fondos se incrementarán sistemáticamente, sin las limitaciones sufridas hasta ahora. Además, serán escenario de presentaciones de libros, lecturas de textos o talleres de lectura y escritura.

Junto a la biblioteca -un cuarto de apenas 20 metros cuadrados repleto de estanterías- hay una sala que los reclusos emplean, sobre todo, para leer periódicos. Este espacio, pintado de un azul intenso, resulta escaso para la demanda que registra. Allí se pueden leer además del HERALDO, 'El País', 'Diario de Teruel' y 'Marca'. Fruto del convenio institucional, los internos tendrán acceso también a prensa extranjera. "Con la lectura llevo mejor la reclusión; me ayuda a centrarme, a pensar en mis errores, a cambiar mi forma de ser", señala Carlos Bellido, asiduo en la sala de lectura.

El director de la prisión, Julio Esteban, resalta el gran número de actividades de reinserción que se desarrollan en la prisión. Hay escuela, cursos de formación profesional, trabajos productivos, un taller de atletismo y grupos de rock y flamenco.

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