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Absuelto Ricardo Alcón de participar en la muerte de su padre en Linares de Mora

El jurado popular consideró que no existen pruebas suficientes para inculparle de asesinato.

Ricardo Alcón no participó en la muerte de su padre. Así lo decidió ayer un jurado popular, compuesto por cinco hombres y cuatro mujeres, tras una corta deliberación, una de las más breves que se recuerdan en la Audiencia Provincial de Teruel.

 

Por siete votos contra dos, los miembros del jurado decidieron absolver a Alcón por "falta de pruebas que demuestren su culpabilidad", después de tres intensas jornadas de juicio, centradas, fundamentalmente, en diferentes informes periciales e inspecciones oculares, y en las que, incluso, se mostró una recreación virtual de los supuestos hechos.

 

El suceso por el que Ricardo Alcón ha sido juzgado se remonta a diciembre de 2006, cuando el cadáver de su padre, Lorenzo -un anciano de 71 años- apareció muerto al pie de las escaleras de su domicilio familiar, en Linares de Mora. Él siempre sostuvo que se debió a un accidente fortuito, pero a los pocos días fue detenido y acusado de asesinato.

 

Para emitir su veredicto, el jurado tuvo en cuenta la tesis del abogado de la defensa, Carlos Muñoz, quien en sus conclusiones definitivas insistió en que lo único existente "son pruebas circunstanciales". Por el contrario, el tribunal no aceptó el planteamiento del ministerio fiscal, que pedía 20 años de cárcel para el acusado por asesinato, con los agravantes de alevosía y parentesco.

 

Muñoz manifestó su satisfacción por la libre absolución de Ricardo Alcón, "algo -dijo- que hemos defendido durante tres años", y agregó que es pronto para pedir compensaciones por la estancia durante trece meses en la cárcel de su defendido. "Es hora de celebrarlo -manifestaba- y no de pensar en resarcir. Esperaremos a que terminen los plazos, en los que hay que dictar sentencia y por si el Ministerio Fiscal decide presenta algún recurso contra el veredicto del jurado".

 

La defensa cuestionó la forma en la que se llevaron a cabo las investigaciones. En su informe definitivo, Carlos Muñoz dijo: "Hay tantas lagunas que nosotros tenemos dudas razonables de cómo se ha hecho la inspección".

 

Consideró que se ha hablado de manchas de sangre cuya existencia real no se ha demostrado más que con luz forense y "no con procedimientos químicos", como tampoco se detectaron restos de detergentes, si, como afirmaba el ministerio fiscal, se lavó parcialmente el escenario de los hechos. En su opinión también existían otros elementos contradictorios, como la picoleta con la que supuestamente se asestaron ocho golpes a Lorenzo Alcón provocando su muerte. La herramienta, encontrada junto con otros útiles domésticos, presentaba el ADN de fallecido, algo, que, según Muñoz, lo contiene cualquiel material por el simple hecho de haber sido tocado. Sin embargo, no había ningún otro resto orgánico y su aspecto, "con polvo, era el de no haber sido usado en mucho tiempo".

 

Añadió que para colmo, en la autopsia no se efectuó al cadáver del anciano un análisis del cerebro para comprobar si había sufrido un aneurisma, como ya padeció en otra ocasión y que hubiera demostrado su caída fortuita por las escaleras. Carlos Muñoz sostuvo, además, la falta de móvil, "pues la relación entre padre e hijo era buena".

 

Por su parte, la fiscal, Victoria Barreiro, apoyó su tesis en una serie de pruebas periciales efectuadas por la policía judicial y las forenses y, según las cuales, las heridas que presentaba e anciano "no eran compatibles con una caída fortuita por las escaleras", y sí con las de una picoleta.

 

Según sus conclusiones, esa noche "ocurrió algo entre el padre y el hijo que le llevó al segundo a golpear un mínimo de ocho veces en la cabeza del primero". Añadió que las pruebas demuestran que no hubo terceras personas, ya que la puerta estaba cerrada por dentro y la cerradura no presentaba manipulación alguna.

 

Insistió en que había indicios de haber sido lavadas las manchas de sangre, aunque gran cantidad de esta permaneció en el lugar de los hechos, así como de la presencia de ADN en la picoleta.

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