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La Guardia Civil sostiene que alguien golpeó al anciano de Linares de Mora hasta matarlo

Los peritos de la Guardia Civil aportados por el Ministerio Fiscal para esclarecer la muerte en diciembre de 2006 de Lorenzo Alcón, cuyo cadáver apareció al pie de las escaleras interiores de su casa de Linares de Mora en medio de un gran charco de sangre, descartaron ayer que el fallecimiento de este hombre de 61 años de edad pudiera explicarse por un accidente.

Dos agentes de Teruel concluyeron, durante su intervención en la segunda jornada del juicio abierto contra el hijo del fallecido, Ricardo Alcón -el único acusado por este suceso-, que los datos recogidos en el escenario de los hechos les llevan a pensar en una muerte violenta. Según esta tesis policial, el anciano habría sido golpeado varias veces en la cabeza por otra persona que iría armada, probablemente, con una picoleta.

Los declarantes añadieron que el agresor limpió la sangre en algunos escalones, como lo demostrarían las grandes manchas rosadas que aparecen en las fotos, sobre las cuales, inexplicablemente, aparecen gotas de sangre a veces muy juntas y, sin embargo, sin que estén pisadas. Afirmaron también que la agresión principal debió producirse en la primera planta de la casa, donde está el salón. Después, la víctima recibiría otros tres golpes huyendo por las escaleras hacia el patio de abajo, donde sufrió otra fuerte acometida.

Otros dos policías venidos de Madrid y pertenecientes al Servicio de Criminalística sorprendieron al público de la sala con unas infografías tridimensionales y en movimiento, elaboradas con técnicas de láser y escáner, que reproducían cómo habría sido la caída del anciano por las escaleras. Los agentes aseguraron que, de haberse precipitado Lorenzo Alcón por los peldaños, su cuerpo tendría heridas también en las rodillas, y restos de su piel habrían sido encontrados en aquellos objetos con los que se golpeó.

No obstante, los peritos de la defensa de Ricardo Alcón, los catedráticos de Medicina Legal María Castellano y Enrique Villanueva, ofrecieron una tesis opuesta. Ambos defendieron que tanto las heridas de Lorenzo como las manchas de sangre que hay por todo el escenario se explican mejor por una mecánica accidental que homicida. Esta parte sostuvo que el anciano resbaló -probablemente por un desvanecimiento- y cayó por las escaleras, levantándose y precipitándose de nuevo hasta golpearse fuertemente en la cabeza con la arista de un armario que había en el patio. Pudo, incluso, volver a incorporarse y caer otra vez.

Los dos catedráticos explicaron así que el cadáver tuviera las plantas de los pies manchadas de sangre y es que, a su juicio, el anciano pisó su propio charco de sangre. En su opinión, las heridas fueron hechas al chocar con distintos objetos y ningún homicida utiliza tantas armas diferentes. Tan solo coincidieron con la Guardia Civil en que el caso es "muy complejo".

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