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De repente, un semáforo

El paso de cebra más transitado de Teruel estrenó ayer regulación semafórica con el consiguiente despiste de viandantes y conductores. La medida se enmarca en la recuperación del doble sentido del tráfico en el Óvalo

Un grupo de peatones cruza el paso de cebra entre el viaducto y La Glorieta en rojo, quizá por despiste.
De repente, un semáforo
A. G.

Los miles de viandantes que utilizaron ayer el principal acceso peatonal al Centro Histórico de Teruel, a través de La Glorieta, se vieron sorprendidos por la presencia de semáforos que regulaban el paso de coches y peatones. Sin embargo, debido a la fuerza de la costumbre, muchos transeuntes se comportaron como si los discos de colores no fueran con ellos, y cruzaban el paso peatonal ignorando la señalización luminosa, lo que provocó algunos sustos y frenazos. La novedad vial se enmarca en la reorganización del tráfico en la curva de La Glorieta y el paseo del Óvalo ante la inminente incorporación del doble sentido de circulación rodada.

 

Ni siquiera los usuarios habituales del paso de peatones que comunica el viejo viaducto -peatonal- con La Glorieta se daban cuenta de que ya no sirve con mirar a los lados de la calzada antes de cruzar, sino que hay que pulsar el semáforo y esperar a que se encienda el correspondiente muñeco verde. Rafael Aznar, tras cruzar el paso en rojo, reconoció que no se dio "cuenta" de la entrada en servicio de la señalización luminosa: "No he visto que el paso estaba cerrado hasta después de haber cruzado". Hacía, no obstante, propósito de enmienda: "Estoy seguro que ya no se me volverá a pasar". Lo mismo le ocurrió a María Martín, que, a pesar de su error, valoró positivamente la regulación semafórica.

 

Poco después, pasaba por el mismo punto un ciclista, también con el muñeco luminoso en rojo y la misma justificación: "No me he dado cuenta de que el semáforo estaba en servicio". A su juicio, la medida no era necesaria porque los vehículos respetaban el paso peatonal sin necesidad de señalización luminosa. Adviertió de que la reforma puede desembocar en la aparición de "colas de coches o de peatones", si los tiempos respectivos no se ajustan bien.

 

La confusión y el despiste predominaban entre peatones y conductores. Muchos viandantes cruzaban en rojo y, por el contrario, algunos automovilistas se detenía ante el paso de cebra con su disco luminoso en verde.

 

Un viandante que accede habitualmente al centro urbano a través del viejo viaducto opinó, no obstante, que la implantación de los semáforos "es una buena solución, sobre todo en las horas de salida de los colegios, cuando hay mucho tráfico peatonal y de vehículos". Según este vecino, los semáforos reforzarán la seguridad de los peatones y "el respeto entre viandantes y automovilistas".

 

Un peatón, que cruzaba el paso tras esperar el correspondiente muñeco en verde, se mostraba muy crítico con la medida, que, a su juicio, primará a los vehículos con mucho más tiempo de paso que a los viandantes. "Será un semáforo que cambiará rápido para dar paso a los coches y lento para los peatones". Opiniones parecidas manifestaron otros transeúntes, quejosos con la tardanza en recibir luz verde. Otro paseante, Pedro Sarto, consideraba que con la incorporación del doble sentido de circulación rodada, los semáforos son imprescindibles para evitar el bloqueo de la calle con el paso continuado de peatones.

 

El concejal de Tráfico, Luis Muñoz, admitió que muchos peatones atraviesan el paso de cebra "por inercia, como si el semáforo no estuviera funcionando". Muñoz advirtió que la eficacia de la señalización luminosa no podrá valorarse hasta que entre en servicio el doble sentido de circulación rodada. El concejal explicó que, sin semáforos, el paso continuado de peatones podría generar retenciones de vehículos. Admitió, sin embargo, que si la regulación luminosa no se muestra eficaz, las luces podrían quedar permanentemente parpadeando en ámbar para los coches como señal de precaución.

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