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Mirambel quiere convertir en museo un convento de monjas del siglo XVI

El Ayuntamiento espera la cesión de la Iglesia y partidas para invertir casi 340 000 euros.

El convento de las monjas agustinas de Mirambel, que conserva todavía las celdas originales del siglo XVI, se rehabilitará como centro expositivo en el que se mostrarán sus cuatro siglos de existencia y también cómo era la vida monástica en la comarca del Maestrazgo, que, en el siglo XIX, aún contaba con siete monasterios ocupados. El anteproyecto, que acaba de recibir el Ayuntamiento para la restauración y acondicionamiento, prevé una inversión de 339 269 euros que, al menos en su mayor parte, espera financiar con cargo al Fondo de Inversiones de 2009 y 2010.

El convento de agustinas constituye, además, un auténtico símbolo de la comarca y es uno de los elementos arquitectónicos más fotografiados del Maestrazgo, sobre todo su singular torreón cilíndrico y la celda de la abadesa, con ventanas cerradas con unas artísticas celosías. El alojamiento de la madre superiora será una de las estancias visitables con la intervención que planea el Ayuntamiento. El arquitecto autor del anteproyecto, Luis Ángel Moreno, aboga por una actuación que "incida lo menos posible en el conjunto existente".

El alcalde, Ricardo Monforte, resaltó como principal peculiaridad del convento la conservación de las austeras celdas monásticas del siglo XVI. Las obras proyectadas persiguen hacer accesible la mayor parte de las estancias y acondicionarlas en parte para un uso cultural. Sin embargo, algunas dependencias, como la celda de la madre superiora, solo serán accesibles a personas sin dificultades de movilidad debido a su ubicación. Acceder a esta estancia permitirá al visitante ver la calle a través de las celosías, algo que solo estaba al alcance de las abadesas.

Monforte explicó que, además de abrir al público el edificio, el objetivo de la reforma es instalar un centro de interpretación de la vida monástica y del patrimonio del Maestrazgo. Este último contenido sería en realidad el traslado del material que actualmente se muestra en el Ayuntamiento, aunque de forma precaria.

Uno de los últimos escollos a salvar para acometer las obras es la cesión del uso del convento por parte de la congregación de las monjas y del obispado. Ambos han manifestado, no obstante, su disposición a llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento para dejar en sus manos la utilización del inmueble por un plazo de 35 años. La cesión afectará a una superficie de 607 metros cuadrados repartidos entre cinco plantas, una de ellas, de solo 12 metros cuadrados, corresponde al último piso del torreón de planta circular.

El edificio restaurado podría servir también, según el alcalde, para mostrar al público numerosas obras de arte repartidas por las numerosas ermitas del municipio que reposarían así de un lugar seguro.

La propia historia del convento será también un importante atractivo. La iglesia que le dio origen se construyó a raíz de una orden del arzobispo Pedro de Luna -el futuro papa Luna-, que amenazó con la excomunión al pueblo si no levantaba el templo indignado por la utilización de los sillares de la ermita que existía en el mismo solar para levantar la muralla.

Después de 4 siglos de vida monástica, el convento se abandonó en el siglo XX con el "consiguiente peligro de ruinas para un edificio que tanta impronta histórica y artística ha dejado en el sentimiento popular de Mirambel", según relata Luis Ángel Moreno.

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