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Los ensayos para implantar en Aragón la receta electrónica, bien acogidos por los pacientes

La mayoría de los enfermos crónicos valora positivamente el nuevo sistema, que evita visitas al centro de salud

Los pacientes del centro de salud de Teruel, en el que desde el pasado día 19 se prueba el funcionamiento de la receta electrónica antes de su implantación en el resto de Aragón, han mostrado una buena disposición hacia este novedoso sistema de prescripción de medicamentos. La medida permite a los enfermos crónicos reducir el número de visitas al ambulatorio cuando estas solo tienen por objeto conseguir medicinas y, por tanto, aligerará la lista de espera a los médicos de Atención Primaria.

Aunque en algún caso el paciente ha mostrado su preferencia por seguir acudiendo al centro de salud cada vez que se le acabe la caja de pastillas, la mayoría decide probar la receta electrónica, con la cual se pueden retirar medicinas de la farmacia durante un largo periodo de tiempo sin pasar cada vez por la consulta. "Informamos a todo el mundo de la nueva posibilidad y, en general, la gente se lo está tomando muy bien", afirmaba a finales de la semana pasada en su consulta el coordinador del centro de salud, Joaquín Larramendi.

En los pasillos de este ambulatorio, todo el mundo, prácticamente, conocía en qué consiste la receta electrónica. Una mujer que aguardaba su turno para entrar en la consulta, Mercedes Martínez, afirmó que el procedimiento "es muy interesante y hará ganar tiempo y comodidad a los pacientes, porque, aunque solo sea para pedir medicinas, se pierde una hora en el centro de salud". A su lado, un jubilado, Rufino Martín, asentía con la cabeza lo que decía la señora. "Yo mismo, vengo muchas veces para no quedarme sin medicamentos. No es que me importe, pero a nadie le gusta estar aquí esperando, para eso es mejor pasear", aclaró el hombre.

Pensionistas

El centro de salud ha comenzado por extender recetas electrónicas a los pensionistas, que son quienes suelen padecer patologías crónicas que les obligan a ir a por medicinas, aproximadamente, cada 20 días. Estas personas dejan su cartilla sanitaria -de color rojo- en la mesa del médico y vuelven a buscarla al día siguiente. En este plazo, el facultativo ha metido en su ordenador todos los datos y claves necesarios para enviar a las farmacias la información sobre los medicamentos que precisa el enfermo para un tiempo máximo de un año.

Hasta 20 de estas cartulinas rojas se acumulan cada día en la consulta de Larramendi. Cada una de ellas contiene los nombres de entre cuatro y 10 medicamentos distintos. En 2007 se hicieron en Teruel 3.182.180 recetas, de las cuales 2.362.036 fueron de pensionistas, lo que da idea del ahorro de tiempo y molestias que puede suponer la implantación de la receta electrónica.

Cuando el paciente recoge su cartilla de manos del médico, recibe también una hoja de prescripción con la que puede ir a la farmacia periódicamente y retirar las medicinas. Igualmente puede hacerlo con la tarjeta sanitaria, puesto que su banda magnética contiene la misma información. El farmacéutico, por su parte, obtiene los datos leyendo por medios electrónicos cualquiera de los dos documentos. El sistema permitirá un mayor control del gasto farmacéutico, puesto que la Administración podrá saber, al momento, qué medicamentos se han recomendado a cada paciente y si este los ha retirado de la farmacia. Tras seis meses de pruebas en Teruel, la receta electrónica se extenderá a Zaragoza y Huesca.

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