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La mitad de los parados que pasan por los talleres de Cáritas logran un empleo

Aprenden a restaurar muebles y a reciclar materiales y prendas de vestir hasta que son contratados por empresas que precisan personal y sintonizan con el proyecto de inserción

Mujer, de entre 25 y 45 años, inmigrante y con un nivel educativo bajo. Este es el perfil mayoritario de las personas que a lo largo de 2007 consiguieron acceder al mercado del trabajo después de participar en los talleres de inserción sociolaboral que tiene en marcha Cáritas Diocesana en Teruel.

En total, el año pasado, 69 personas se formaron en los diferentes proyectos laborales y 29 de ellos, un 42%, accedieron a un puesto de trabajo. Un 65% de los inscritos en los talleres eran mujeres y más del 75% de quienes consiguieron un trabajo habían venido de otros países.

En algunos casos se trata de jóvenes que han colgado los estudios, en otros, de inmigrantes. Hay también víctimas de malos tratos en el ámbito doméstico y, entre otras, personas que sufren deficiencias psíquicas. Según indicó ayer la educadora social de Cáritas, Marisa Gellida, todos ellos constituyen, hoy por hoy, en Teruel, el colectivo más vulnerable en la comarca.

"Su reinserción laboral exige una formación personalizada en la que, además de conocimientos sobre un oficio en particular, aprendan hábitos como puntualidad, comportamiento u otros", declaró Gellida. "No es fácil integrarlos en la red social -continuó-, han quedado fuera de ella por distintas circunstancias y hace falta un trabajo complejo para normalizar de nuevo su situación".

Los cuatro talleres que Cáritas tiene en marcha en Teruel son Carcomín, dedicado a la restauración de muebles e integrado totalmente por alumnos masculinos; Recicla-T, en el que los participantes aprenden a reciclar distintos materiales y a realizar con ellos nuevos objetos; T-Lavan, integrado totalmente por mujeres que aprenden el sistema de lavandería industrial, y a todo trapo, en el que los alumnos recuperan para la venta prendas de vestir usadas.

Un equipo de valoración decide, en función de las circunstancias de cada aspirante, quien entra en los talleres. De hecho, hay lista de espera para acceder a estos cursos de formación. Aquellos que no conocen el idioma español son derivados a la Escuela de Adultos, lo mismo que en muchos casos se aconseja obtener el carné de conducir. Es imprescindible, además, que estén inscritos en las listas de desempleados del INAEM.

Gellida explica que varias empresas turolenses que conocen el trabajo de Cáritas demandan a menudo empleados para su actividad. "Hay lavanderías y negocios dedicados a la limpieza que nos llaman cuando necesitan personal y lo mismo ocurre con empresas de hostelería, como el Parador de Turismo -destacó la educadora social-. Sintonizan con nuestra labor de integración y recurren a nosotros". Otras veces, los alumnos son llamados para trabajar en la construcción y, en el caso de las mujeres, para acompañar a ancianos o enfermos.

Aumento de la inmigración

Cáritas-Teruel ha detectado en los últimos años un progresivo aumento del número de inmigrantes entre quienes quieren participar en los talleres de inserción laboral. Asimismo, como lo demuestra el hecho de que un 65% de los alumnos de los distintos programas sean mujeres, ha habido también un incremento de alumnas en detrimento del número de hombres.

Para Cáritas, los talleres han resultado ser una fórmula efectiva de combatir la discriminación por género o por otras circunstancias que sufren los colectivos más desfavorecidos. "Con el apoyo de voluntarios y profesionales, acceden a unas condiciones de vida más dignas", dijo Gellida.

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