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INMIGRACIÓN

"No tenemos lujos, pero al menos estamos juntos"

Ana Berta Reyes, de origen nicaragüense, tuvo un hijo en aragón a principios del año pasado.

Andrea del Socorro, su hija Ana Berta y su nieto, Giovanni Alexander, disfrutan de su tiempo libre dando un paseo.
"No tenemos lujos, pero al menos estamos juntos"
ESTHER CASAS

Cogió un avión desde Nicaragua para intentar ganar dinero en España durante un par de años, pero tres meses después de aterrizar en Zaragoza se esfumaron sus ganas de volver a su país. No era para menos, ya que había conocido a un ecuatoriano que ya llevaba varios años en Aragón y que en el futuro iba a ser el padre de su hijo, el pequeño Giovanni Alexander, que ahora tiene 18 meses. Después de ella, llegaron sus padres y sus tres hermanos, de modo que toda su familia se ha establecido en la capital aragonesa.

Fue hace tres años, y desde entonces han tenido suerte en su vida laboral. "Mi marido trabaja de electricista desde hace siete años y ya lo han hecho fijo", afirma Ana Berta Reyes, que hace poco encontró empleo en un bar. "No vivimos con lujos, pero al menos podemos estar todos juntos, aunque sea lejos de nuestro país", asegura. En casa de su madre, Andrea del Socorro Rodríguez, viven cinco personas con un solo sueldo. "Con lo que gano yo nos arreglamos todos; espero que mis hijos puedan estudiar", comenta Andrea del Socorro.

Otros inmigrantes no han tenido tanta suerte y la crisis ha acabado con sus esperanzas de comenzar una nueva vida en Aragón. "Mucha gente ha tenido que volverse a su país porque aquí se quedaron sin trabajo o no ganaban el suficiente dinero como para mandar parte a su familia", explica Cecilia Carrillo, una ecuatoriana que tuvo a su segundo hijo hace un par de meses en Zaragoza. "Por culpa de la crisis también hay menos inmigrantes que se atreven a venir", asegura Carrillo. "La gente no quiere dejar a su familia y venir a España para estar todavía peor", concluye.

J. L. G.

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