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Aragón

AGUA

Regantes y ecologistas de Lérida dicen que el río Segre no puede trasvasar el agua que no tiene

HERALDO recorre su cuenca y comprueba el rechazo casi unánime que el proyecto de la Generalitat genera en la provincia vecina.

Nadie en las tierras del Segre entiende que la Generalitat se plantee hacer un trasvase de 45 hectómetros cúbicos desde la cabecera de este río hasta la del Llobregat. La cuenca del Ebro atraviesa uno de los años más secos que se conocen, y en los afluentes de la margen izquierda la situación es especialmente dura. Por eso, y porque el Segre es un río que en las últimas décadas ha perdido buena parte de sus caudales, el clamor contra la iniciativa del Ejecutivo catalán es unánime en Lérida.

"De donde no hay no se puede sacar". Así resume Joan Martí Llovera, técnico de la Comunidad General de Regantes de los Canales de Urgel, la pretensión del consejero Francesc Baltasar de detraer agua para Barcelona y su entorno. Este sistema de riegos, uno de los más grandes del Ebro, tiene unas 50.000 hectáreas de frutales, maíz y cereales que dependen de los caudales del Segre. Sin embargo, recién empezada la primavera sus agricultores apenas cuentan con reservas.

"Ahora mismo en el Canal de Urgel solo tenemos agua para 20 días -avisa Martí-. Empezamos la campaña hace una semana y deberíamos terminarla en octubre, pero en los embalses de Rialb y Oliana solo quedan unos 40 hectómetros útiles y cada día que pasa perdemos dos. La cuenta es muy fácil", explica.

Con esos datos en la mano, los regantes del Segre se preguntan cómo la Generalitat puede apostar por quitarles 45 hectómetros de aquí a octubre. "Es que aunque tuviéramos 300 hectómetros de reservas sería absurdo. No se puede quitar agua de donde falta, es de pura lógica -reitera el técnico de la Comunidad General-. Si de verdad en esta cuenca hubiera excedentes estaríamos encantados de cederlos adonde sea, pero es que no solo no los hay, sino que nos falta agua".

El pantano de Rialb, al 6%

Ese lamento no se refiere solo a la sequía de este año. Es una realidad que se acrecienta con el paso del tiempo. "Nuestra concesión en el Segre es de 492 hectómetros anuales, pero hace mucho que no logramos pasar de los 350 -pone como ejemplo Martí-. Es cierto que desde hace unos años también contamos con el embalse de Rialb. Sin embargo, desde que empezó a llenarse no ha podido completarse el programa de puesta en carga por la falta de caudales". Actualmente, ese pantano se encuentra a solo el 6% de su capacidad con apenas 22 hectómetros, cuando lo normal sería que rondara los 300.

"Estamos preocupados, porque el panorama no es bueno y vemos que la Generalitat en cambio quiere empezar las obras del trasvase ya -comenta por su parte Joan Vantalra Pelegrina, guarda de la toma del Canal de Urgel-. Dicen que luego lo desmontarán, pero ¿quién nos asegura que la desaladora que se está construyendo en Barcelona vaya a estar acabada según lo previsto?".

Tanto Martí como Vantalra rechazan también la posibilidad de que la Generalitat compre agua de su sistema de riegos, aunque esa opción es vista con mejores ojos. "Es que no puede venderse algo de lo que no hay suficiente -insisten-. De todas formas, eso sería mucho más razonable, porque a cambio de dejar sin riego a una parte de los cultivos sus propietarios recibirían una compensación. Lo que no se puede hacer es desnudar a unos para vestir a otros".

La postura ecologista

Al igual que los regantes, las asociaciones conservacionistas también se oponen a un posible trasvase desde el Segre. De hecho, el próximo sábado va a haber una reunión de la Federación de Ecologistas de Cataluña -entidad en las que están representados los grupos más importantes- en la que podría acordarse medidas que van desde la creación de una plataforma hasta la adopción de medidas judiciales.

"Creemos que la Consejería de Medio Ambiente ha podido cometer varias ilegalidades, así que nos planteamos incluso abrir un proceso penal -asegura Joan Vázquez, portavoz de Ipcena, el principal grupo ecologista de Lérida-. Tenemos un documento interno de la Agencia Catalana del Agua que demuestra que la orden era empezar las obras del trasvase el 15 de abril, pero ni han hecho declaración de impacto ambiental, ni han abierto un periodo de información pública... para nosotros como mínimo ha habido un delito contra el medio ambiente".

Vázquez considera que el proyecto de trasvase del Segre es "una barbaridad y una irresponsabilidad". Lo primero por la situación actual del río, y lo segundo, porque quien está impulsando la idea es la Generalitat.

"A alguien le puede parecer que 45 hectómetros no es mucha agua en comparación con el trasvase del Ebro, pero hay que tener en cuenta que en las últimas décadas el Segre ha perdido hasta la mitad de su caudal -advierte el portavoz de Ipcena-. Ahora mismo por la ciudad de Lérida pasan unos dos metros cúbicos de agua por segundo, cuando el plan de cuenca establece que como mínimo debería haber diez".

Vázquez denuncia que esa progresiva pérdida de caudales, unida a la presión de las actividades humanas, deteriora la calidad de las aguas en un cauce que ya presenta un mal estado ecológico. "Trasvasar 45 hectómetros desde la cabecera del Segre es un disparate y dejaría al río sin un 60% del agua que suele llevar -reitera este ecologista-. Por eso nosotros estamos con el Gobierno central y aplaudimos al de Aragón en su lucha contra cualquier trasvase. La DGA tiene razón cuando dice que en la cuenca del Ebro no sobra nada de agua".

"Es de ignorantes"

Mientras, la polémica también se traslada a la calle, como cuenta José Codina Farras, uno de los vecinos del municipio leridano de Organya. "Todo el mundo lo comenta y nadie está de acuerdo -señala este jubilado de 72 años-. Una idea así es de ignorantes, a quien se le haya ocurrido seguro que tiene pocas horas de vuelo", opina mitad enfadado mitad divertido.

"Entiendo que quieran buscar soluciones a la sequía, pero lo que quieren hacer con el Segre es una chapuza que no les va a valer de nada dentro de dos años. Además, cualquiera que conozca el río sabe que aquí también falta agua -critica Codina-. Lo que deberían hacer es inyectarnos más, no quitárnosla". Este hortelano aficionado a la pesca desde los 12 años recuerda que, a diferencia de lo que sucedía antes, en la actualidad casi no se ven piedras en el lecho del Segre.

"Están tapadas por el lodo, y si hay lodo es porque el río trae menos agua y porque apenas hay crecidas -recuerda Codina-. Lo que no me parece bien, y yo no entiendo, es que a los de esta zona nos dejen sin pan para dar de comer solo un poco a los de Barcelona". Este vecino de Organya pide al Gobierno catalán que solucione el problema de la sequía con un proyecto "bien pensado" que garantice el abastecimiento a todo el mundo "durante años". "Si tiene que ser con agua traída de Francia, del río ese del que tanto hablan (el Ródano), adelante, pero que no se lleven del Segre porque cada vez va más bajo", dice.

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