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EN PRIMERA PERSONA

"Pusieron fotos trucadas de mi hija en las que parecía un monstruo"

El desconocimiento de la red por parte de los padres deja indefensos a algunos menores, que sufren acoso en silencio durante cursos enteros.

Una joven mira las páginas web de dos de las redes sociales más populares
"Pusieron fotos trucadas de mi hija en las que parecía un monstruo"
ESTHER CASAS

La vi un día llorando en su cuarto. Entré y me echó. Pero al cabo de un rato volví a entrar. No me quería contar qué le pasaba. Tenía el ordenador apagado, y siempre está enchufado, desde que llega a casa del instituto hasta que se va a dormir. Mi hija es bajita y gordita para su edad. Y eso es lo que le pasaba. Habían puesto fotos suyas en internet, en esas redes sociales -que yo no entiendo-, y fotos trucadas, donde aparecía más gorda aún. Como un monstruo". Así narra una madre zaragozana -que prefiere mantener a su familia en el anonimato- el momento en el que descubrió que su hija sufría acoso escolar a través de las redes sociales.

Cuando se dio cuenta, no supo cómo reaccionar. "Le dije a mi hija que las quitara y me explicó que no podía. Llamé a mi marido, pero tampoco tenía ni idea. Y cuando localicé a mi hermano, que entiende un poco más, me dijo que era imposible saber quién o cómo las habían subido, y que aunque lo supiéramos, estaría ya en manos de medio instituto. Y así fue. Hasta las recibieron algunos profesores. Me sentí la peor madre del mundo por no poder ayudar a mi hija", recuerda emocionada.

Estos hechos sucedieron hace dos semanas, pero no era la primera vez que ocurrían. Su hija sufre acoso escolar desde el inicio del curso académico, en septiembre. "Sí que es cierto que se conecta a internet, pero no podía imaginar que le estaban diciendo o haciendo esas cosas", afirma la madre.

"Hasta hace pocos días, creía que el acoso escolar era, como antaño, que te insultasen o pegasen en el colegio, pero no imaginaba que al llegar a casa mi hija tuviera el riesgo de que colgasen fotos o comentarios despectivos sobre ella", apunta con la voz entrecortada y llena de impotencia.

Lo ocurrido le ha servido para darse cuenta de que existe otro tipo de acoso, el virtual. "Este puede hacer mucho más daño porque la imagen, el rumor, lo que sea, se propaga como la pólvora, puede llegar literalmente a todo el mundo y ya no tienes opción de borrarlo de ahí", comenta.

Esta madre apoya a su hija en todo momento, se ha puesto en contacto con el centro educativo y ha buscado ayuda psicológica, pero no puede evitar sentirse culpable. "No me gusta internet, ni siquiera soy capaz de utilizar un ordenador. Y la he dejado campar a sus anchas por un universo desconocido para mí, que si bien no dudo que tiene cosas buenas, también las tiene malas. Ahora sé, al menos, que tengo que ayudarla a caminar por ese mundo virtual".

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