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Aragón

LA DGA CUMPLE 30 AÑOS

"El pueblo aragonés ha demostrado que tiene mucha rasmia"

La Diputación General de Aragón cumple 30 años y afronta una etapa que su presidente, Marcelino Iglesias, califica como "una de las mejores realidades europeas". Considera que durante estas tres décadas, en las que los aragoneses han luchado por mejorar sus niveles de autonomía, proteger los recursos hídricos y construir el futuro, "el pueblo aragonés ha demostrado que tiene mucha conciencia y mucha rasmia".

El actual presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, parafrasea a Joaquín Costa, insigne economista y jurista aragonés que quería echar siete lleves al sepulcro del Cid Campeador, y apuesta por pasar la página de la historia de Aragón, que es "magnífica", y empezar a mirar adelante.

En realidad, en su libro "Crisis política de España", Costa sólo habla de echar una doble llave al sepulcro, pero la esencia de esta idea la asume Iglesias como propia, en una entrevista con EFE, con motivo de la celebración, el próximo miércoles, del trigésimo aniversario de la constitución de la primera Diputación General de Aragón, institución que preside DE 1999.

¿Qué hacía usted en abril de 1978?

Estaba en la Escuela Española de Esquí. Aún no estaba muy implicado en política.

¿En qué ha cambiado Aragón?

Aragón ha pasado de ser un recuerdo político a ser una realidad. Como Comunidad no existía, y lo que eran páginas y páginas de historia hoy es una realidad política muy desarrollada, con un nuevo Estatuto de Autonomía; una Comunidad que ha liderado el crecimiento en España. Aragón es hoy otra cosa y, tras un salto extraordinario, tiene pocas cosas que ver con el Aragón de 1978.

¿Cree que ha crecido al mismo ritmo que las otras autonomías?

Toda España ha crecido. La autonomía ha sido muy positiva, pero seguramente hubo comunidades autónomas, las bloqueadas en el interior, como era Aragón, que tuvieron más dificultades y en la que el cincuenta por ciento de los jóvenes aspiraba a irse fuera. Cuando en un mes inauguremos la Expo, Aragón habrá dado un paso de gigante absolutamente impensable hace treinta años.

Hasta 1999, fueron ocho presidentes en veintiún años, uno cada dos y medio. Usted va camino de doce años. ¿Qué formula conoce que no aplicaron los demás?

Mi objetivo fue conseguir una etapa de estabilidad en las instituciones; que el nuevo poder aragonés emergente fuera respetado y eficiente... en definitiva, que Aragón funcionara bien, y para eso la estabilidad política era decisiva.

¿Cuál es el sentimiento de una primera investidura? ¿El mismo que en la segunda y la tercera?

Cada vez es más intenso. La primera vez se siente cierto agobio por la responsabilidad y porque no teníamos margen para equivocarnos. Aragón no hubiera aguantado otra etapa de inestabilidad. A partir de ahí, la confianza de la gente, elección tras elección, es un combustible fundamental, pero también provoca una responsabilidad enorme.

El 8 de octubre de 2000 (contra el trasvase del Ebro), como el 23 de abril de 1978, marcó un hito en la historia de esta tierra. En ambas ocasiones los ciudadanos se echaron a la calle por algo en lo que creían...

Teníamos la sensación de que defendíamos un recurso que todos los aragoneses consideran determinante, independientemente de su ideología. Aquella manifestación no fue de un partido u otro, sino de todos. Y quienes se mantuvieron al margen han tenido muchas dificultades. El pueblo aragonés ha demostrado que tiene mucha conciencia y mucha rasmia.

 

Los mejores momentos

¿Cuál es su mejor recuerdo?

Hay momentos de gran satisfacción, uno hace bien poco, cuando leí en primera plana de un periódico un titular rojo, a cinco columnas, que decía que Aragón lideraba de largo el crecimiento económico. Otro fue cuando aprobamos el nuevo Estatuto de Autonomía que nos coloca en igualdad con nuestros vecinos. Y el próximo será la inauguración de la Expo de Zaragoza.

¿Se podía imaginar alguien hace treinta años un evento así?

Era difícil imaginarlo, porque Aragón era débil y tenía muy poca confianza en sí misma en contraposición a una historia magnífica. Cuando empecé mi trabajo político tuve la sensación de que deberíamos repasar más a menudo una frase de Costa, que dice que habría que 'cerrar con siete llaves el sepulcro del Cid'. Hay que empezar a pasar página de la historia, aunque sea magnífica; empezar a dejar de mirar atrás y empezar a mirar adelante. Ése es nuestro trabajo de todos los días.

¿De qué se arrepiente?

Cuando todos los días se toman decisiones muy importantes siempre alguna puede ser comprometida, pero sobre todo por el ritmo, porque en las grandes decisiones estratégicas hemos acertado bastante.

¿Cuál es el reto de Aragón en 2008 para los próximos 30 años?

La Comunidad tiene todos los condicionantes para convertirse en una de las mejores realidades europeas. Ha pasado de ser una periferia de todo a ser un núcleo central activo que tendrá, que tiene ya, las mismas oportunidades que los mejores. Aragón es una de las regiones europeas con más capacidad de crecimiento y debe de ser capaz de aprovechar sus oportunidades. Y así, en los próximos años será capaz de ejercer cierto liderazgo en su área.

Aragón debe demostrar que con una actitud de lealtad al conjunto de España y sin problemas identitarios se puede avanzar más que algunos de nuestros vecinos que no han superado esas fases.

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