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SOCIEDAD

Otras formas de vivir la Navidad

Hay otras formas de vivir las fiestas. La gente también trabaja en turnos de guardia y las personas en riesgo de exclusión siguen dependiendo de la ayuda de los centros sociales como el resto del año.

Por defecto asociamos la Navidad al calor del hogar, a las reuniones y reencuentros con familiares y amigos. Metidos en nuestro círculo, pensamos que el mundo se detiene y no hay nada más allá de las copiosas cenas y los regalos. Estamos equivocados. Hay otras formas de vivir las fiestas. La gente también trabaja en turnos de guardia y las personas en riesgo de exclusión siguen dependiendo de la ayuda de los centros sociales como el resto del año.

Van a ser las 21.00 del día 24 y Teresa Franca ya está en la farmacia de la calle del Escultor Palao, en el barrio zaragozano de Las Delicias. Cuenta con una larga experiencia en la profesión, si bien afrontó su primera guardia en Nochebuena, de 22.00 a 9.30. No tuvo una jornada agitada, al contrario, urgencias esporádicas al margen. Sin embargo, en el plano familiar estuvo entretenida gracias a las llamadas de hermanos, padres y sobrinos. Es más, le dieron una visita sorpresa, con comida caliente incluida. "Aproveché para beber una copita de cava", admitió la farmacéutica, que contaba con el visto bueno de su jefa para el receso. A Teresa no le importó perderse la tradicional cena al ser gajes del oficio. Sus más allegados le recompensaron al recibirle con la mesa puesta ayer.

Un poco antes de comenzar la vigilancia en Nochebuena, que se prolongó hasta las 6.00, Eduardo Pérez tomó un pequeño ágape con sus compañeros de Coviar. Tostadas, saladitos, turrón y, por supuesto, nada de alcohol. Él no celebra la Navidad debido a sus creencias (es testigo de Jehová), si bien la valora por la importancia que tiene para unir a las familias, a pesar de que haya perdido sentido por su "carácter comercial". Fue una noche muy fría en el polígono de Malpica. Al menos los amigos de lo ajeno no hicieron acto de presencia. Eduardo vigila una nave de cables de comunicaciones, y ya se sabe que el cobre es el 'oro' del siglo XXI...

La técnico sociocultural María Lagunas entró a trabajar al albergue municipal a las 23.00 del viernes después de haber compartido mesa con los suyos, que empezaron a poner el mantel a las 20.30 para que le diera tiempo de comer. "Me marché con el café y me perdí el amigo invisible", dijo ayer Lagunas, quien lo asume con naturalidad al estar más que acostumbrada a las madrugadas. El hecho de que sus hijos sean mayores hace que el empleo no resulte problemático. Anoche repitió horario.

Salud y trabajo

Aunque se perdieron las celebraciones familiares, fueron afortunados. Otras muchas personas se han quedado sin empleo y se ha disparado el número de atendidos en los centros de acogida. Tras compartir cena en el Refugio con 190 personas, el aragonés Juan, el libanés Pedro, el colombiano William y el ucraniano Óscar coincidieron en su deseo de 2011: una oportunidad laboral. "No estamos aquí de vacaciones", afirmó Pedro, quien remarcó que mañana seguirán en su búsqueda de empleo. Subrayaron que la esperanza es lo último que se pierde.

Hablar del incierto futuro les cambió el rostro. Son conscientes de las interminables colas del paro, de la cantidad de gente sin recursos; una situación que desmotiva a cualquiera. Enseguida se animaron al hablar del apoyo prestado por los miembros de la hermandad y destacaron lo buena que era la comida.

La Nochebuena fue también especial en el albergue, en el que se sirvió un menú típico de estas fechas a 150 personas. Entre ellos estaba Eloy Narváez, de 56 años, quien lleva alojado allí medio año. La vida no se lo ha puesto fácil, con problemas de sordera, ciego de un ojo y con cataratas en el otro. Aguarda el momento de que le operen. Como no puede ver la tele, se acostó pronto. Alterna el albergue con el centro de día, donde hace manualidades. "Mi familia está aquí", dijo en referencia a esos locales, en los que en ocasiones surgen roces por las circunstancias de cada residente. No obstante, abunda el compañerismo.

En la casa de amparo, José María Garrido, de 75 años, también se echó a dormir temprano. Eso sí, sus ojos no se cerraron hasta medianoche. Había bebido café con anís. La Navidad no le entusiasma. "Hay demasiado jaleo y prefiero la tranquilidad". Acumula multitud de experiencias en la calle (ha llegado a dormir a la intemperie a -12 grados y a viajar andando hasta Palencia) y sinsabores familiares (no le gusta hablar de sus hijos). Ha pasado de estar en la casa abierta del albergue, con una habitación de diez camas, a disfrutar de la intimidad de la suya propia en el centro de las monjas. Para el nuevo año, pide salud. Que no se repita el doloroso episodio de cuando le cortaron el dedo gordo de una pierna después de que se le infectara la uña. Como consecuencia no se separa de su bastón.

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