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EN PARO

"Nos iremos al pueblo y comeremos pescadilla en lugar de merluza"

Las compras de alimentos y regalos se disparan en época navideña y muchas familias desempleadas en Aragón no pueden afrontar estos gastos.

José Javier Mendi y Pilar Casales comparan precios en un supermercado.
"Nos iremos al pueblo y comeremos pescadilla en lugar de merluza"
ARáNZAZU NAVARRO

Somos como hormiguillas". Así se sienten Pilar Casales y José Javier Mendi, un matrimonio zaragozano que, desde hace casi cuatro meses, tiene que mirar con lupa cada euro que gasta. A finales de agosto, Mendi, de 53 años, perdió su empleo en la construcción y su mujer, de 50, ya no trabajaba desde hacía años. De momento, buscan trabajo a diario y viven del paro de él, pero saben que "si el dinero no entra, tarde o temprano se acaba".

En Navidades la situación se complica. A los gastos habituales, como hipoteca, luz, agua, gas, comida y coche, se suman los regalos y las celebraciones navideñas. "En estas fechas, la gente se vuelve loca, se le va la cabeza, se descontrola y compra más de la cuenta", explica Mendi.

Este matrimonio, casado desde hace 30 años, tiene claro que no puede hacer grandes excesos aunque las fechas inviten a ello. "En lugar de comprar merluza, que está a siete u ocho euros el kilo, compraremos pescadilla, que sale a tres o cuatro", indica Casales. Y el turrón, añade su marido, "como hace unos años, lo compramos en enero y pagamos 3x1; comimos turrón durante meses", comentan entre risas.

Aún así, afirman, aún mirándolo todo, "300 euros se nos irán volando". Pasarán las navidades en el pueblo, en Alera (Sádaba), pero harán la compra en la gran capital. "Siempre sale algo más barato, hay más donde elegir", dicen. En su opinión, "no hay que dejarlo todo para el último día porque suben mucho los precios, sobre todo en los productos frescos. Es mejor comprarlos antes y congelarlos", aconsejan.

Algo muy importante, detallan, es comprar según el dinero que se tiene. "No solo es pensar en la liquidez que tengo hoy sino en lo que necesitaré mañana", añaden.

Y regalos, pocos. No tienen hijos, pero sí dos sobrinos a los que contentar. "Antes regalábamos a toda la familia: padres, hermanos, tíos, primos... pero ahora es imposible y solo les damos un detalle a los más pequeños". La vaca, explican, no da para más.

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