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Aragón

ENTREVISTA AL ARZOBISPO DE ZARAGOZA

Manuel Ureña: "El tema de la devolución de los bienes me produce una enorme perplejidad"

Manuel Ureña
Manuel Ureña: "El tema de la devolución de los bienes me produce una enorme perplejidad"
JUAN CARLOS ARCOS

Nacido en 1945 en Albaida (Valencia), Manuel Ureña ha sido obispo de Ibiza, Alcalá de Henares y Cartagena, antes de llegar como arzobispo a Zaragoza. Asegura que la diócesis aragonesa colma todas sus aspiraciones, que no ambiciona nada más.

Hace tan solo unos días se hizo público el nombramiento de Carlos Pérez Caseiras como nuevo rector de la Universidad de San Jorge. ¿Es el hombre que se necesitaba?

Sin duda. Es un profesional extraordinario. Lo conocí días antes de ser anunciado su nombramiento, me lo presentó el presidente del Patronato de la Fundación de la Universidad (José Enrique Ocejo) y me causó una buenísima impresión. Es joven, como el tan recordado Javier Pérez Herreras, con una gran carrera universitaria y grandes éxitos. Conoce muy bien la Universidad y en la empresa privada tiene gran experiencia en la gestión y coordinación de equipos de trabajo. Es un hombre de Ciencia pero, también, posee un gran carácter humanístico. Está adornado de grandes cualidades, que lo avalan para el puesto.

¿Cómo valora el estado de salud de la Universidad San Jorge?

La universidad cabalga y está viva. Y ello a pesar de las dificultades para competir con la universidad pública y de las dificultades de orden económico, que son importantes. En estos momentos, y por ponerle una comparación, la Universidad San Jorge es como un avión con los motores encendidos y empezando a rodar por la pista de despegue. Desde el punto de vista económico despegará cuando los ingresos y los gastos se equilibren. Hoy no es así, los gastos son aún mayores que los ingresos, pero no es algo que nos preocupe especialmente. Le ocurre a toda universidad que empieza y nosotros, aunque parezca que llevamos mucho tiempo, estamos funcionando tan solo hace cuatro años. Todos los estudios señalan que una universidad privada empieza a consolidarse y a poder ser rentable a partir de los ocho años. Las perspectivas, en estos momentos, no pueden ser mejores. La Comunidad Autónoma se ha portado muy bien con nosotros; nos apoya muchísimo y nuestra relación no puede ser mejor. Nos ha dado Arquitectura, Farmacia, Enfermería…

Las relaciones con la Universidad pública no son fluidas…

En absoluto, son estupendas. Le puede usted preguntar a don Manuel (López) y le contestará lo mismo que yo. Tenemos la comprensión y la sonrisa de la Universidad pública, que ve bien la existencia de la San Jorge. Siguiendo con el símil que antes le planteaba, estamos iniciando el despegue y la pista está completamente despejada: nadie nos está poniendo obstáculos en el camino. Todo el mundo cree mucho en la Universidad San Jorge: tanto los de dentro como los de fuera la ven necesaria.

Pero le están haciendo la competencia.

No. Una universidad privada nunca podrá aspirar a hacer la competencia a la universidad pública porque son cosas distintas. La universidad privada es un testimonio de la libertad de pensamiento. Y todos estamos de acuerdo en que es bueno que se ejerza la libertad de pensamiento. Es bueno combatir y luchar contra el discurso único.

Antes hablaba de lo buenas que eran sus relaciones con el Gobierno de Aragón. ¿Incluso a pesar de Educación para la Ciudadanía?

Por supuesto. Eso no ha enfriado lo más mínimo nuestras relaciones, porque todos somos conscientes de que estamos en un Estado de Derecho y en un Estado libre, donde los ciudadanos, todos los ciudadanos, podemos expresar libremente nuestra opinión. La Iglesia es un cuerpo intermedio de la sociedad, un intermediador, al igual que lo son los políticos, y por ello tenemos la obligación de hacer oír nuestra voz y, además, de dialogar. Porque cuando las personas o las entidades dialogan están mostrando que les domina la voluntad de conseguir la verdad. Yo siempre he encontrado en el Gobierno de Aragón una voluntad de diálogo, otra cosa es mi opinión sobre Educación para la Ciudadanía, que no es de ahora, sino de mucho atrás. Los obispos aragoneses ya hicimos una carta pastoral en 2007 en la que se recogía lo que pensábamos al respecto. Y nuestra voz no clamó en el desierto. Nosotros siempre estaremos en contra de una Educación para la Ciudadanía que comporte en su base una determinada cosmovisión que se quiere imponer porque sí. Estamos a favor de Educación para la Ciudadanía, pero tal y como la piensa Europa, ceñida al estudio de las instituciones y el proceso de formación de la UE, al estudio de los derechos humanos… Si se ha combatido tanto Educación para la Ciudadanía desde la Iglesia es porque hay un pensamiento subyacente, un pensamiento único. Y no se puede inculturar a la sociedad.

Aunque el asunto no le implica a usted directamente, ¿veremos volver algún día los bienes aragoneses?

Es un asunto que me toca tangencialmente, pero me toca, como a todos los aragoneses. He de confesar que lo de los bienes me causa una enorme perplejidad. Es normal que en todas las sociedades surja algún problema pero, cuando el problema tiene fácil solución, y además se le ha dado, ¿por qué no deja de existir? ¿Qué estamos haciendo aquí? Creo que estamos haciendo el indio. Hay varias sentencias concluyentes sobre los bienes de las parroquias del noreste de Aragón, que es como hay que llamarlas, y todas dicen lo que dicta el sentido común: que un bien es de su legítimo dueño y va con él. La Santa Sede ha dictado sentencia de acuerdo con las evidencias, e incluso ha emitido mandatos expresos a la diócesis de Lérida dejando claro que los bienes no son suyos y que los tiene que devolver.

A lo mejor Manuel Ureña no decía lo mismo si fuera obispo de Lérida.

Si Manuel Ureña fuera obispo de Lérida pensaría exactamente igual, porque las cosas son así. Es más, yo creo que el propio obispo de Lérida piensa igual. Puede que los bienes aún tarden algo en volver a su patria verdadera, pero creo que la suerte está echada y que van a volver pronto, porque no queda otro camino. Otra cosa es que se intente que el proceso vaya acompañado de paz, que no se abra un conflicto 'entre príncipes cristianos'. Pero la sentencia no deja lugar a dudas.

Muchos piensan que Ureña es buen gestor…

Todos somos buenos gestores, el secreto está en tener bien claro que tanto el sacerdote que está al frente de una parroquia, como el obispo que dirige una diócesis, tiene que estar guiado por la labor pastoral. Y la labor pastoral es tanto visitar a los enfermos y administrar los sacramentos como velar por la conservación del patrimonio que se ha heredado. La sociedad de hoy es muy dinámica y constantemente surgen nuevas necesidades, nuevas barriadas que necesitan atención. Y la Iglesia debe estar atenta a satisfacer esas necesidades, por eso estamos abriéndonos a zonas como Arcosur o Valdespartera, donde tenemos que agradecer enormemente que el Ayuntamiento de Zaragoza nos haya ofrecido terreno para hacer un gran complejo parroquial. Pero igual de importante es atender a nuestro patrimonio histórico, y por eso me he esforzado en estos años por restaurar alguna de nuestras joyas más queridas. Ahora nos estamos centrando en la iglesia de la Cartuja Baja, que es una preciosidad y para la que ya tenemos el compromiso del vicepresidente José Ángel Biel de que se va a respaldar económicamente su restauración. Y también nos preocupa especialmente la iglesia de Caspe, que sufrió mucho durante la Guerra Civil y que nos gustaría que luciera estupenda para el 2012, cuando se celebre el sexto centenario del Compromiso de Caspe. Tenemos también en obras nuestro palacio arzobispal, que esperamos dejar concluidas en 2011, y queremos mantener en perfecto estado las dos grandes joyas de nuestro arzobispado, el Pilar y la Seo. Restaurar un edificio de las características de todos los que he citado es también labor pastoral.

Quizá esa fama de buen gestor le sirva para emprender nuevos retos dentro de la Iglesia. Su nombre siempre ha 'sonado' en las quinielas importantes, y últimamente parece que hay movimientos…

Zaragoza es mucho Zaragoza; es uno de los primeros arzobispados de España. Y uno ya no es joven… Burla, burlando, tengo ya 64 años. Me encuentro muy a gusto aquí, me siento querido por todos…

¿Cuáles son los principales retos del arzobispado?

En estos momentos, el principal es la evangelización, porque para eso ha sido creada la Iglesia. Es el gran cometido que Cristo dio a la Iglesia la misma tarde del día en que resucitó. Han pasado dos mil años, y cada espacio y cada tiempo ha tenido sus dificultades. La Iglesia tiene que conocer muy bien el terreno que pisa. Y la cultura actual está marcada por el signo de la posmodernidad, que se caracteriza por el pluralismo nihilista, que niega a priori la existencia de la Verdad. Se dice que la Verdad no existe y que, en el caso de que existiera, no podría conocerse. De este modo se vuelve al hombre-isla, aislado y envuelto en su mundo particular, en sus circunstancias. Es lo que coloquialmente se expresa con el "cada uno a su bola". Y esto es lo más terrible que le puede pasar a una cultura, invitar a que cada persona se aísle de las demás. La crisis actual que está viviendo Europa es una crisis de Verdad. Benedicto XVI acaba de publicar su tercera encíclica, 'Caritas in veritatem', que va a ser tan histórica como lo han sido la 'Rerum Novarum' de León XIII o la 'Popularum Progressio' de Pablo VI. La encíclica de Benedicto XVI viene a decir que una obra de amor, de caridad, debe hacerse siempre desde la Verdad. De ahí la importancia de la evangelización.

La crisis en la que estamos sumidos es, principalmente económica, no de valores.

Ahí se equivoca. La crisis en la que estamos se debe a que el mundo ha dejado de buscar la Verdad y lo que ha buscado ha sido su propio beneficio, principalmente económico. En el mundo de las finanzas solo ha existido un afán desmedido por conseguir dinero con la mayor facilidad posible. No se ha buscado la Verdad. Y sin Verdad no hay Justicia; y sin Justicia no hay Paz. La tan traída y llevada globalización lo único que buscaba era aumentar los beneficios económicos de las grandes empresas. Y, en realidad, lo que hay que globalizar es la Caridad.

Volvamos a los 'pequeños problemas', a los del día a día, que también son problemas del arzobispado. ¿Está a favor o en contra de las misas baturras? Imagino que estará al corriente de la polémica surgida en los últimos días en Garrapinillos.

Sí. A mí la misa baturra me parece muy bien. La Iglesia tiene que inculturarse, una palabra que es un poco traicionera pero que, en nuestro caso, significa que debe sumergirse dentro de la cultura y la sociedad en la que vive. Así que la misa baturra tiene pleno sentido en el Aragón de nuestros días. Pero esto no es algo nuevo, ya mi predecesor aprobó seis misas con melodía de jota que son una auténtica maravilla. Así que la Iglesia no está en contra de las misas baturras. Lo que pasa es que hay que ver cada caso concreto y los contornos que presenta. De cualquier manera, creo que lo de Garrapinillos ha sido una tormenta en un vaso de agua y que hay solución para el futuro.

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