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NAVIDAD

Los Reyes siembran de regalos la comunidad

En Zaragoza decenas de miles de personas arropan a Sus Majestades de Oriente en la capital aragonesa.

Cabalgata de Reyes por las calles de Zaragoza
Los Reyes siembran de regalos la comunidad
PEDRO ETURA

Vienen de muy lejos y solo una vez al año, pero son los únicos -o casi- capaces de hacer olvidar por un día los pesares personales en estos tiempos de apuros y traspiés. Por eso, una vez más, fueron miles los zaragozanos que ayer se volcaron en dar la bienvenida a Melchor, Gaspar y Baltasar. Niños y mayores que se lanzaron a las calles para disfrutar del encanto de una cabalgata que parecía sacada de un cuento de fantasía infantil.

Un cuento que se iniciaba a las 16.30, cuando Sus Majestades aterrizaban en la capital aragonesa, recién llegados de Oriente, a través de la telecabina Aramón de la Expo de Ranillas, que les dejó junto a la Torre del Agua. Allí, cientos de padres e hijos jalearon a los Reyes en su primer contacto con la comunidad. Y fue Melchor quien pronunció las primeras palabras 'reales': "Sabemos que, en general, habéis sido muy buenos este año. Pero os advierto una cosa, esta noche -por ayer- debéis acostaros pronto porque si vemos luces encendidas, no os dejaremos los regalos", avisó.

Un recado bien acogido por los padres, que aprovechaban la ocasión para decir a sus niños "¿has oído?, temprano a la cama", como advertía Pili Castro a su hijo Nico, de tan solo cinco años. Aunque él, estaba inmerso en una empresa más importante en ese momento: "¡La Wii, la Wii!", reclamaba a voz en grito ante la mirada cómplice de su madre. A partir de entonces, la fiesta se trasladó al centro de la ciudad. Eran las 18.30 cuando el desfile daba comienzo y el recorrido hasta la Basílica del Pilar ya se encontraba flanqueado por miles de impacientes espectadores. Melchor abría la cabalgata, acompañado de una nutrida corte de músicos, bailarinas, comefuegos, ilusionistas, un gran elefante, un espectacular 'gong' gigante y el oro con destino al Portal de Belén.

Aunque, en cabeza de todos, los carteros reales recogían las peticiones de los más rezagados. O de los más avispados, como David Cano, un joven de 7 años que confesaba que esa era la segunda carta que entregaba. "Es que me dejé cosas por pedir en la primera", reconocía. Aunque su hermano Sergio, un año mayor, no se quitaba la mosca de detrás de la oreja: "Yo se la envié entera hace mucho, porque ahora, no sé si les dará tiempo para hacer caso a tantas cartas", especulaba de la mano de su Charo, su madre.

El desfile continuaba, y las mayores aglomeraciones de gente se concentraban en la zona de la Puerta del Carmen, donde cientos de manos saludaban el paso del rey Gaspar. Sabios, percusionistas, malabaristas y saltimbanquis le acompañaban en el trayecto, todos ellos custodiados por la Guardia Real. Mientras tanto, los gritos de los más jóvenes no cesaban: "¡Aquí, aquí, Gaspar!", exclamaban amarrados a sus padres.

Pero, un año más, fue Baltasar quien atrajo los mayores vítores. Escoltado por cuatro músicos con tambores, un nutrido grupo de mercaderes, brujos y sirvientes egipcios, el más popular de los Reyes se afanó en corresponder a base de saludos a una entregada Zaragoza.

Bullicio en la recta final

Tras su paso multitudinario por el Paseo de la Independencia, la comitiva que escoltaba a sus majestades -formada por 21 carrozas de todo tipo- giró a la izquierda para enfilar la calle de Alfonso I. Allí la explosión de color fue tremenda, con cientos de serpentinas volando que la gente que esperaba en los balcones trataba de coger. En el estrecho pasillo que formaba la multitud era aún más sencillo sentir la variedad de colores y hasta de exóticos olores que desprendía la cabalgata.

Al llegar al final de la calle de Alfonso I, en la plaza del Pilar, los Reyes Magos se bajaron de sus carrozas para entrar en el belén gigante instalado en la parada final de la cabalgata. Sus carrozas siguieron adelante, por lo que los niños que esperaban a la altura del Ayuntamiento vieron los carruajes de sus majestades vacíos. "No te preocupes, que seguro que no se han caído", comentaba una madre a su preocupada hija.

Sus majestades recorrieron el belén con las autoridades, encabezadas por el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch y el Arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña. Como reza la historia, llegaron hasta el portal guiados por una luminosa estrella. Acabaron su jornada en el Consistorio zaragozano. La noche que tenían por delante aún era larga.

Un día en familia

Al final, y pese a los avisos de Melchor, a buen seguro que ayer fueron muchos los padres que tuvieron que esforzarse para aplacar la imaginación de los más 'peques' y conseguir que se durmieran a su hora.

La recompensa para aquellos niños que cumplieron con la promesa de portarse bien en 2008 ha llegado esta mañana en forma de caja envuelta en papel de regalo. Hoy toca comprobar si los Reyes han sido fieles a las peticiones de los millones de cartas recibidas, y de ser así, disfrutar con los juguetes en un día en familia.

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