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A DOMICILIO

Los repartidores de comida casera

El Plan Integral del Casco Histórico de Zaragoza subvenciona desde el mes de julio el servicio de reparto de comida a 50 personas dependientes.

Fernando Sagaste le lleva la comida a Benigno Hernández.
Los repartidores de comida casera
T. GALáN / APG

Las alcachofas. Sí, las alcachofas es lo único que no me gusta", afirma rotundo Benigno Hernández, un anciano de 85 años, que está adscrito al proyecto experimental de comida a domicilio que el Ayuntamiento de Zaragoza puso en marcha en julio en los espacios de intervención del Plan Integral del Casco Histórico. Este servicio se desarrolla a través de un convenio de colaboración con la fundación La Caridad, que lleva haciéndolo desde 1994.

De momento, a falta de que se haga extensible a otras zonas de la ciudad, se pueden acoger a la iniciativa los vecinos de los barrios del Casco Histórico y el Rabal que sufran problemas de movilidad, deterioro cognitivo y limitaciones visuales, así como ciudadanos y familias que por causas sobrevenidas no pueden cubrir esta necesidad.

El programa cuenta con un presupuesto de 153.700 euros y, dependiendo de la renta del demandante, su coste por persona va de los 0 hasta los 210 euros al mes. Los ciudadanos que no residan en estas zonas también pueden hacer uso de este servicio. De hecho, "unas 200 personas reciben la comida en su casa", aseguró Clara Conchán, trabajadora social de La Caridad. Ellos pagan 6,87 euros por comida, pero "normalmente pagan al mes y si alguna temporada no necesitan la comida, se les da de baja temporalmente", añadió Conchán.

Benigno Hernández es uno de los usuarios. Desde hace más de un año, los martes, jueves y sábados abre la puerta de su casa a Fernando Sagaste, el repartidor que le lleva la comida, además de una sonrisa. "Este trabajo es muy agradecido. Los mayores enseguida te cogen cariño", afirmó Sagaste.

"Me comentó la existencia de este servicio la asistente social del ambulatorio", dijo Benigno Hernández. Este anciano es viudo y su único hijo vive en Bilbao. Hasta hace poco cocinaba él mismo, pero su familia prefirió adscribirlo a este proyecto. "He probado la comida y está muy buena", aseguró Marcelino, el hijo de Benigno.

Los platos son elaborados por una empresa de catering y se distribuyen cada dos días. Existen tres tipos de menú: el normal, el normal sin sal y el diabético -sin azúcares añadidos-. Los alimentos, que tienen 30 días de caducidad, tan sólo necesitan ser calentados en el microondas. Cada ración consta de un entrante, dos platos, una pieza de fruta, un lácteo y pan.

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