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JUICIO POR EL ÚLTIMO ATENTADO DE LA BANDA, EN ZARAGOZA

Los GRAPO querían crear en Zaragoza una red para extorsionar a empresarios locales

Israel Clemente y García Vidal asumen la autoría de atentado contra Isabel Herrero y Francisco Corell. Los eligieron por su entorno y sus empresas; habían planeado exigirles 750.000 euros _de rescate.

Los presuntos miembros de los GRAPO Israel Clemente López (c), Jorge García Vidal (d) y Juan García Martín
Los GRAPO querían crear en Zaragoza una red para extorsionar a empresarios locales
EFE

. Los grapos Israel Clemente y_Jorge García Vidal, que asesinaron a la zaragozana Ana Isabel Herrero y tirotearon a su marido, Francisco Colell la noche del 6 de febrero de 2006, llevaban desde mitad de 2005 en Zaragoza “haciendo labores de información” sobre parte de la clase empresarial de la capital aragonesa. El objetivo era cobrarles lo que ellos llamaron “un impuesto revolucionario”. Lo explicó ayer con un lenguaje bastante trasnochado el terrorista Israel Clemente, en la primera sesión del juicio que se celebra en la Audiencia Nacional por el asesinato de Herrero y el intento de asesinato de Colell.

Junto a él y García Vidal se sentó en el banquillo el también grapo Juan García Martín, a quien se le acusa de cooperar en el asesinato al vigilar la puerta del garaje para intentar que no entrase nadie más. Clemente y García Vidal reconocieron su participación, pero desvincularon al tercer grapo, quien ayer intentó convencer al tribunal de que él estaba esa noche en Reus, lo que desmintió un testigo protegido.

Según explicó ayer el terrorista Israel Clemente en un crudo relato, se decantaron por este matrimonio zaragozano para este ataque “por sus vínculos empresariales y familiares, ya que podrían hacer un pago rápido y además tenían una ETT”, lo que llegaron a considerar un “objetivo militar”. Tenían en estudio más nombres de empresarios, algunos de los cuales los descartaron en las primeras indagaciones.

Clemente explicó que habían fijado en 750.000 euros la cuantía a extorsionarles y que su previsión era conseguir la mitad de ese dinero esa misma noche, “llevándolos a su domicilio y reteniéndolos ahí”. Para el resto del dinero, “luego ya estableceríamos un sistema de pago”._El terrorista explicó que la intención primera era someterles a extorsión sin acabar con su vida y posteriormente continuar con otras acciones. Sin embargo, según dijeron ayer, nada salió como habían previsto.

En este punto tiene especial importancia el tercer grapo, García Martín, que se autodefine como el jefe del PCEr (Partido Comunista de España reconstituido). Clemente y García Vidal aseguraron que solo eran dos ya que no tenían más terroristas y que por tanto no había un tercero que pudiese vigilar la entrada. “Consideramos que la posibilidad de que entrase alguien era un riesgo asumible”, dijo.

Sin embargo, todo indica que ambos grapos mantienen esta versión para salvar al dirigente del PCEr de otra pena más de cárcel. Varios testigos situaron ayer a un hombre de unos 50 años, con el pelo blanco y complexión normal bloqueando primero la puerta del garaje y luego huyendo. Además, uno de ellos llegó a identificar a García Martín en una rueda de reconocimiento. Otro de los testigos que declaró, una mujer de origen francés que reside en Zaragoza, explicó que intentó entrar con su coche en el garaje casi justo después de que entrasen las dos víctimas. Sin embargo, tardó en hacerlo ya que había “un hombre con el pelo blanco en la puerta del garaje, en medio, para que no entrase”. Tras mucho insistir y casi cinco minutos después, consiguió franquear la puerta.

Como explicó Colell, cuando ella apareció, Israel Clemente escondió el arma. “Me quitó de la cara el arma con la que me encañonaba y yo me metí dentro del coche;_ahí fue donde sentí los disparos”. Colell llegó a encender el coche, que al ser automático se movió.

Los terroristas huyeron y Colell, que en aquel momento aún pensaba que habían secuestrado a su mujer, pidió a la testigo que llamase a la policía. Esta, presa de los nervios, no pudo hacerlo y dio su móvil a la víctima, quien aún sacó fuerzas para hacerlo él mismo y después llamar a sus hermanos.

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